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Las llamadas "línea de paz" de Irlanda del Norte comenzaron a ser levantadas hace 40 años en Belfast como medida temporal, pero continúan en pie. Son una serie de barreras de separación entre comunidades católicas y protestantes. Van desde unos pocos centenares de metros hasta cinco kilómetros.
Pese a que se han convertido en atracción turística, siguen recordando un pasado reciente de violencia entre católicos y protestantes enfrentados por la pertenencia de la provincia al Reino Unido.
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El primero de los muros, que separa las calles Shankill y Falls, fue erigido en 1969 tras disturbios e incendio de casas en el oeste de Belfast. Con el paso de los años la barrera se ha elevado a más de seis metros.
El último de los muros se levantó en fecha tan reciente como el año pasado, en los terrenos de una escuela primaria de norte de Belfast, luego de un período de escalada de las tensiones entre las dos comunidades.
































