
Uzbekistán está flanqueado en buena parte de su perímetro por barreras de alambre de púa.
En 1999, tras un atentado en la capital, Tashkent, el gobierno uzbeko recurrió a estas barreras alegando que había que impedir que militantes del radical Movimiento Islámico de Uzbekistán se infiltraran en su territorio.
Buena parte de los 1.100 kilómetros de frontera que Uzbekistán comparte con Kirguistán están así demarcados. En algunos tramos de la frontera, la instalación de este tipo de cercas no es posible debido a la geografía montañosa de Uzbekistán.
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En su límite sur, Uzbekistán linda con Afganistán. La barrera de alambre de púa está allí respaldada por una cerca electrificada con una corriente de 380 voltios.
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En su frontera con Tajikistán, de unos 1.500 kilómetros de longitud, la barrera de alambre de púas está reforzada por sembradíos de minas antipersona.
No existe información sobre cuántos kilómetros cuadrados abarcan las zonas minadas ni dónde se encuentran. Aunque Uzbekistán alega que postes y avisos alertan de la presencia de minas antipersona, Tajikistán destaca que sólo cuando una mina estalla pueden saber que esa zona es peligrosa.
































