"Un hacker robó el expediente clínico de mi terapia. Ahora mis secretos más profundos están para siempre en internet"

Meri-Tuuli Auer mirando a la cámara mientras está sentada y apoya su cabeza en una de sus manos.

Fuente de la imagen, Elina Tossavainen

    • Autor, Jenny Kleeman
    • Título del autor, BBC News
  • Tiempo de lectura: 8 min

En cuanto Meri-Tuuli Auer vio el correo en su carpeta de no deseados, supo que no era un correo basura cualquiera.

Contenía su nombre completo y su número de la seguridad social, el código único que usan los finlandeses para acceder a servicios públicos y a la banca.

El correo estaba lleno de detalles sobre Auer que nadie más debía conocer.

El remitente sabía que ella estaba recibiendo psicoterapia a través de una empresa privada llamada Vastaamo. Afirmó haber pirateado la base de datos de la firma y haber conseguido los registros de los pacientes y le exigió a Auer el pago de 230 dólares en bitcoin en un plazo de 24 horas, advirtiendo que el monto aumentaría a 580 dólares en 48 horas.

Si no pagaba, el extorsionador le advirtió que "su información se publicará para que todos la vean, incluyendo su nombre, dirección, número de teléfono, número de la seguridad social y los historiales detallados de los pacientes con transcripciones de sus conversaciones con los terapeutas de Vastaamo".

"Fue entonces cuando me entró el miedo", cuenta Auer, de 30 años.

"Pedí un permiso por enfermedad y me encerré en casa. No quería salir. No quería que me vieran", agrega.

Un crimen sin precedentes

Auer fue una de los 33.000 pacientes de Vastaamo cuya información personal fue robada en octubre de 2020 por un hacker.

Los afectados habían compartido sus pensamientos más íntimos con sus terapeutas, incluyendo detalles sobre intentos de suicidio, infidelidades y abuso sexual infantil.

En Finlandia, un país de 5,6 millones de habitantes, todos parecían conocer a alguien a quien le habían robado sus historiales médicos.

El suceso se convirtió en un escándalo nacional, el mayor ciberdelito de la historia de Finlandia, y la entonces primera ministra, Sanna Marin, convocó una reunión de emergencia de ministros para debatir una respuesta.

Pero ya era demasiado tarde para detener al pirata informático.

Retrato de Meri-Tuuli Auer mirando hacia la cámara vestida de rojo y con un sombrero del negro.

Fuente de la imagen, Meri-Tuuli Auer

Pie de foto, Auer le contó a su terapeuta que nadie, ni siquiera su familia más cercana, conocía.

Antes de enviar los correos electrónicos a los pacientes de Vastaamo, el hacker había publicado la base de datos completa de los historiales robados de la empresa en la red oscura, y un número indeterminado de personas había leído o descargado una copia.

Estas notas han estado circulando desde entonces. Auer le había contado a su terapeuta cosas que ni siquiera quería que su familia más cercana supiera: sobre sus consumos excesivos de alcohol y una relación secreta con un hombre mucho mayor.

Ahora, sus peores temores se habían hecho realidad.

Pero en lugar de destruirla, el crimen informático le hizo darse cuenta de que era mucho más resiliente de lo que jamás hubiera imaginado.

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El piso de Auer, a las afueras de Helsinki, luce alegre. Recuerdos de Barbie llenan sus estanterías y hay una barra de pole dance en el centro de su sala.

Pero ella sugiere que no nos dejemos engañar por lo que se ve a simple vista. Auer ha luchado contra la depresión y la ansiedad la mayor parte de su vida.

"Soy extrovertida, tengo mucha confianza en mí misma y me encanta estar rodeada de gente. No obstante, tengo la sensación de que todos piensan que soy estúpida y fea, y que mi vida es una seguidilla de errores", dice.

Auer buscó ayuda por primera vez en 2015. Le contó a su terapeuta de Vastaamo sobre sus problemas de salud mental, su consumo de alcohol y una relación que mantuvo a los 18 años con un hombre mayor que le había ocultado a su familia. Afirma que confiaba plenamente en su terapeuta y que, con su ayuda, logró avances significativos. No tenía ni idea de lo que había escrito en las notas de sus conversaciones.

Para cuando recibió el correo electrónico amenazante, ya se había difundido la noticia del cibercrimen de Vastaamo.

Tres días antes, el extorsionador había comenzado a enviar los registros psicológicos poco a poco a la red oscura, en lotes de 100 al día, con la esperanza de presionar a la empresa para que pagara el rescate mucho mayor -el equivalente en bitcoins a unos US$ 535.000- que les había estado exigiendo durante semanas.

Meri-Tuuli Auer posa junto a la mascota de un parque de diversiones.

Fuente de la imagen, Meri-Tuuli Auer

Pie de foto, Pese a la sonrisa que muestra en muchas fotos, Auer ha batallado con depresión a lo largo de su vida.

Auer dice que se sintió obligada a revisarlos.

"Nunca había usado la red oscura. Pero pensé: 'Tengo que comprobar si mis registros están ahí'", cuenta.

Cuando descubrió que no lo estaban, cerró el archivo y no leyó los historiales de nadie más, dice.

Pero vio cómo otras personas en la red oscura se burlaban de la miseria de los pacientes.

"Un niño de 10 años había ido a terapia y a la gente le pareció gracioso", recuerda.

Y unos días después, cuando se hizo evidente que se habían publicado los historiales de todos los pacientes de Vastaamo, la salud mental de Auer comenzó a deteriorarse.

Sin saber quién era el responsable, o quién podría haber leído sus pensamientos más íntimos, empezó a sentirse aterrada de tomar el transporte público, salir de casa o incluso abrirle la puerta al cartero. También dudaba de que encontraran al hacker.

Retrato de Meri-Tuuli sentada en la grama sonriendo y vistiendo una chaqueta blanca y un pantalón verde con coloridos parches.

Fuente de la imagen, Meri-Tuuli Auer

Pie de foto, Auer fue una de las más de 21.000 pacientes de la empresa Vastaamo que se sumó al caso penal contra el pirata informático.

Al banquillo

Los detectives finlandeses temían no encontrar al sospechoso dado el volumen de datos que tenían que analizar.

"Ni siquiera podía imaginar la magnitud del caso. Este no era un caso normal", afirma Marko Lepponen, el detective que dirigió la investigación para la policía finlandesa.

Pero tras dos años de investigación, en octubre de 2022, identificaron al sospechoso: Julius Kivimäki, un conocido ciberdelincuente.

En febrero de 2023, Kivimäki fue arrestado en Francia y trasladado de regreso a Finlandia para enfrentar los cargos.

Ninguna sala del tribunal era lo suficientemente grande para albergar a los 21.000 antiguos pacientes de Vastaamo que se habían inscrito como demandantes en el juicio penal, por lo que se realizaron proyecciones en espacios públicos, incluidos cines, para que tuvieran la oportunidad de ver el juicio.

Decidida a ver a Kivimäki enfrentarse a la justicia, Auer asistió a una de las proyecciones y le sorprendió su aspecto anodino.

"Parece un joven finlandés normal", me cuenta.

"Me hizo sentir que podría haber sido cualquiera", agrega.

Cuando lo declararon culpable y lo sentenciaron a seis años y siete meses de prisión, ella dijo que se sintió como una validación.

"Cualquier sentencia que le dieran nunca podría compensarlo todo. Sin embargo, el sufrimiento de las víctimas fue visto por el tribunal y me sentí agradecida por eso", apunta.

Kivimäki sigue negando ser responsable de la filtración de esos datos.

Retrato de Julius Kivimäki, el pirata informático condenado por el hackeo a Vastaamo.

Fuente de la imagen, Europol

Pie de foto, Kivimäki fue sentenciado a más de seis años de prisión por la filtración que sufrió la empresa finlandesa de servicios psicológicos, Vastaamo.

Buscando sanar

En los meses posteriores a enterarse del ataque, Auer solicitó una copia impresa de su expediente a Vastaamo.

Sus informes están en una pila gruesa sobre la mesa entre nosotros mientras me cuenta lo sucedido.

Aunque sus registros se publicaron hace más de cinco años, los pacientes de Vastaamo siguen siendo víctimas. Alguien incluso ha creado un motor de búsqueda que permite a los usuarios encontrar registros en la red oscura con solo escribir el nombre de la persona.

Auer acepta compartir parte de su expediente filtrado.

"La paciente está mayormente enojada, impulsiva y amargada", dice, leyendo algunas de las primeras notas que su terapeuta escribió sobre sus sesiones.

"La paciente relata su pasado de forma errática. Presenta cierta dificultad interpersonal debido a su carácter débil, típico de su edad", prosigue.

Cuando los leyó por primera vez, se sintió destrozada, admite Auer.

"Me dolió cómo me había descrito. Me hizo sentir lástima por la persona que había sido", confiesa.

Asegura que la filtración de datos ha erosionado la confianza de los pacientes. "Muchos pacientes de Vastaamo que habían ido a terapia durante años, ahora no volverán a reservar una sesión", vaticina.

La abogada que representa a las víctimas de Vastaamo en un caso civil contra el hacker me ha contado que conoce al menos dos casos de personas que se han quitado la vida tras enterarse de que les habían robado los registros de sus terapias.

Auer decidió afrontar sus miedos. Publicó en redes sociales que había sido una de las víctimas del ciberdelito.

"Me resultó mucho más fácil saber que todos los que me conocían ya lo sabían", afirma.

Habló con su familia sobre el contenido de sus registros filtrados, incluyendo la relación secreta de la que nunca les había contado. "La gente me apoyó mucho", dice.

Finalmente, decidió retomar el control de su historia publicando un libro sobre sus experiencias. Su título es "Todos lo saben".

"Lo convertí en una narrativa. Al menos puedo contar mi versión de la historia, la que no aparece en el expediente clínico", dice.

Auer ha llegado a aceptar que sus secretos siempre estarán a la vista.

"Por mi propio bienestar, es mejor no pensar en ello", concluye.

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