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 Introducción
 La Guía del Productor de la BBC
 El peligro y la muerte, Sally Hillier
 No sólo la guerra, Carlos Chirinos
 Ambientes hostiles, Matías Zibell
 La amenaza química, David Mackie
 El trauma de la guerra, Mark Brayne
 La capacitación, Simon Derry
 
La amenaza química, David Mackie

La amenaza química y biológica – David Mackie, Jefe de Información de Noticieros

El curso de capacitación de Protección Química, Biológica y Radiológica que recibimos en la BBC toma dos intensos días de teoría y práctica.

Las sesiones están a cargo de la empresa Bruhn Newtech, integrante del Centro de Defensa Nuclear, Biológica y Química del Reino Unido.

La preparación

Primero viene la parte teórica sobre los diversos tipos de amenazas que representan los materiales biológicos, químicos y radiológicos, y los equipos que se pueden utilizar para defendernos.

No dé por sentado que el curso lo reciben sólo periodistas que van a viajar a una zona de guerra. Este tipo de capacitación permite también trabajar con mayor seguridad en situaciones de derrames químicos, como las que se pueden presentar en un accidente ferroviario o de carretera.

Además, con la nueva amenaza de posibles armas biológicas o químicas desarrolladas por grupos radicales en diversos países, cada vez sorprende menos cuando las autoridades acuden a la escena del delito con trajes protectores y tanques de oxígeno.

Para quienes prestan atención, el curso facilita la comprensión de los riesgos, así como cuándo reaccionar ante una amenaza y los posibles efectos que se pueden esperar si no se actúa con rapidez.

Si hay que utilizar una máscara antigás con respirador, uno aprende a tomar agua con ella puesta y a cambiar los filtros protectores sin ahogarse.

La prueba con gas lacrimógeno

En la parte final del curso, vistiendo un traje especial de protección y una máscara, hay que enfrentar una prueba con gas lacrimógeno en unos de los cuartos sellados del centro de estudios.

Si la máscara, el traje, las botas y los guantes son del tamaño adecuado, uno puede permanecer con confianza en el medio del salón mientras el gas lacrimógeno se desprende de una pequeña tableta.

Al principio, ante el avance del gas, busqué refugio en una esquina, pero una vez que se desvaneció como el vapor de una tetera, todos pudimos cambiar el filtro de la máscara y tomar agua de una botella. Asimismo, para probar que aún había gas en el ambiente, hicimos una pequeña prueba.

Cerrando los ojos, hay que levantar ligeramente la máscara a nivel de una de las mejillas para permitir que entre el gas. Entonces se respira y se siente un áspero ardor en la garganta.

Rápidamente me ajusté la máscara para respirar a fondo y aliviar la desagradable sensación. En ese momento me sentí mejor preparado para un ataque o accidente biológico, químico y radiológico, por más improbable que sea.
 
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