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![]() No sólo a guerra - Carlos Chirinos, enviado especial de la BBC a Venezuela El periodismo no siempre se realiza en medio de una guerra. Pero siempre es una batalla de posiciones. En medio está el reportero. Ese lugar común de que cada quien tiene su verdad es, sin dudas, verdad. Todos tiene la suya y todos quieren que el periodista la refleje. Eso, llevado al extremo, sucedía en Venezuela entre octubre de 2002 y enero de 2003. Un país en huelga pidiendo la renuncia del presidente Hugo Chávez, con escasez de gasolina y algunos alimentos. Con gigantescas movilizaciones de masa casi a diario, y con la amenaza de una violencia generalizada a la vuelta de la esquina. Nada como la realidad Como siempre los cursos que te preparan para trabajar en esas circunstancias se quedan cortos. Te dicen cómo suenan qué armas y cuánto alcance tienen qué balas. Pero es un policía halando tu pantalón para que te tires al piso en medio de una marcha, mientras se escuchan disparos de armas cortas en lontananza, lo que te dice: "¡Ojo, hay peligro!!!" Te dicen que evites grupos hostiles. Pero ¿y si una marcha inicialmente amigable que se torna hostil? Un día nuestro canal de televisión internacional en inglés, BBC World, transmitió una nota que no fue del gusto de la oposición en Venezuela. En una marcha al día siguiente fui identificado por furiosos opositores. No se podía escapar, tuve que razonar. Cierto que la masa no razona. Pero esta vez si lo hizo y gracias a eso hubo hasta un cordial intercambio de tarjetas. Ese "desarme" se logró gracias en parte al haber sido corresponsal extranjero, pero "criollo". Una gran herramienta periodística eso de hablar el "sociolecto" local. Por la causa Lo malo es que todos querían enrolarme en su causa, causa que "naturalmente" yo debía compartir como ciudadano venezolano. Con el diálogo político casi totalmente cortado y la percepción de que la prensa nacional tenía favoritismos, a los corresponsales extranjeros nos cortejaban como la mejor manera de "explicarle al mundo lo que pasa aquí". En una ocasión un alto portavoz del gobierno entendió mi contrargumentación como "falta de objetividad" y preguntó, con sospecha, por mi nacionalidad. Entendí que no importa el balance que quiera darse a los informes siempre alguien iba a estar en desacuerdo porque no reflejaba su visión de las cosas. Como debe ser Así que si las mismas palabras eran criticadas o alabadas por el público significaba que estaba en la línea media que nadie comprende cuando las cosas se mueven entre polos irreconciliables. Al trabajar en un ambiente de tanta pasión política la única garantía de que se está informando "como debe ser" la da la capacidad de poner distancias con lo que pasa. Así involucre directamente; así se tengan opiniones asumidas. Es inevitable que el periodista tenga opinión, lo crucial es que sepa despojarse de ella cuando no se la están pidiendo. Eso es informar. Lo otro tiene nombre propio: periodismo de opinión. Y eso, en Venezuela, suele ser en las mañanas de 6 a 8 a.m. |
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