El país donde el polo no es un deporte de élites

Jugadores en el club de Kingston.

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Pie de foto, Hay una larga tradición de polo en Jamaica, prolongada por el club de Kingston.
    • Autor, Nick Davis
    • Título del autor, BBC

No hay publicidad de marcas de relojes o automóviles de lujo en los juegos de polo en Jamaica: se trata de un asunto mucho más relajado.

En un campo de polo en la costa norte, las puertas están abiertas para todos: turistas de un hotel cercano se pueden mezclar con los lugareños, uno de los DJ más importantes de Jamaica mezcla música disco y electrónica apta para niños y el ron circula libremente.

El partido no se siente para nada como en las naciones líderes del deporte, incluidas Estados Unidos, México, Reino Unido, Argentina y Australia, donde el patrocinio comercial es clave.

"No tenemos una cultura de patrocinantes y profesionales... estos pueden hacerte perder parte de la conexión con el juego, parte de la diversión", dice Jonathan Dougall.

Dougall juega para el equipo Chukka, un nombre que viene muy a propósito, por referirse a un período de juego en polo.

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Su negocio de madera le garantiza el tiempo y el dinero necesarios para practicar el deporte.

"He estado haciendo esto por ocho años y equipos del mundo entero vienen y regresan por el ambiente y las fiestas", dice.

Es un sentimiento que comparte la profesional nigeriana Uneku Atawodi, de visita en Jamaica, y única mujer negra en el mundo que juega polo profesionalmente.

"Jamaica es, naturalmente, un país más relajado, y eso se echa de ver en todos los deportes. La gente es receptiva; está orientado a la familia, pero es muy competitivo", dice.

Conexión histórica

La relación de Jamaica con el deporte se remonta a la década de 1880, cuando la isla era un territorio remoto del Imperio Británico y hogar de un batallón del Regimiento de India Occidental.

Entonces se creó un club para que los oficiales del ejército británico desplegados ahí pudieran jugar.

Jugadores de polo en Jamaica

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Pie de foto, El deporte fue traído a Jamaica por soldados británicos.

Pero la historia equina de la isla viene de mucho más atrás, de la época de la colonización española.

Cristóbal Colón llevaba ganado a bordo de sus barcos en su segundo viaje al continente, incluidos caballos.

Para el siglo XIX la isla contaba con el criadero de caballos más grande del mundo, aunque el número de animales mermó tan pronto como el automóvil se convirtió en el medio de transporte favorito de la nobleza.

Hoy en día es un pasatiempo caro.

Los costos de alimentar y entrenar los caballos son considerables, lo que significa que muchos jugadores en potencia no pueden apuntarse en el deporte.

Kenrick Brown

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Pie de foto, Kenrick Brown cree que será difícil tener un caballo propio, pero poder montar los de su trabajo es una de las ventajas del empleo.

Sin embargo, hay lugares en la isla donde se está intentado cambiar esto.

Al final de una carretera polvorienta e irregular flanqueada por hectáreas de caña de azúcar está el club de polo de Caymanas, una de las plantaciones más antiguas de Jamaica.

Ahí están la pista de carreras de caballos de la isla y el Club de Polo de Kingston.

"A todo galope, no lo hales o no galopará", le grita Lesley-Ann Masterton Fong Yee a un grupo de jinetes de diferentes habilidades.

Masterton fue una de las principales jugadoras de polo en el mundo hasta que una lesión le impidió competir. Pero su amor por los ponis, como se llama a los caballos de polo, sigue siendo tan fuerte como siempre.

Dice que todavía se siente tan cómoda montada en un caballo como en tierra firme.

"Jamaica es uno de los lugares más baratos para aprender a jugar polo", me asegura.

Deporte de mucho dinero

"Sigue siendo un deporte de clase media a media-alta, pero cada vez más los entrenadores empleados por los dueños se están transformando en buenos jugadores", añade.

"Se les está pidiendo que juegen, (aunque) provengan de estratos diferentes".

Kevin Hamilton es uno de tales "jugadores". Comenzó trabajando en los establos cuando era un muchado, limpiando las casetas de los ponies.

Kevin Hamilton

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Pie de foto, Kevin Hamilton tiene su propio negocio de cría y entrenamiento de ponis.

Ahora no sólo cría y entrena ponis como negocio, sino que ha ganado trofeos.

A diferencia de Kevin Halmiton, la mayoría de los jóvenes jamaiquinos nunca tendrán un poni propio.

Sin embargo, para muchachos como Kenrick Brown, de 15 años, se trata de una oportunidad de trabajar en un país donde el desempleo juvenil roza el 38%.

Kenrick le da instrucciones al nuevo aprendiz -un muchacho de 20 años llamado Kevin- que, con su 1,8m de estatura, se eleva como una torre sobre su mentor.

El propio Kenrick sólo ha cuidado ponis los últimos tres meses, pero dice que ha comenzado a sentirse como un veterano.

"Me encantaría jugar polo cuando sea mayor, pero es un deporte de mucho dinero", dice.

Está consciente de que es improbable que llegue a tener un caballo propio, pero la posibilidad de montar los ponies es una de las gratificaciones de su trabajo.

Aunque es difícil vivir del deporte.

Kenrick Brown

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Pie de foto, Kenrick sólo tiene tres meses cuidando caballos, pero ya se siente veterano.

Sue Wates y su esposo Mark operan unos establos y una escuela ecuestre en Caymanas, que emplea a 25 personas.

"Estamos teniendo problemas financieros, no se puede hacer un negocio de este deporte aquí. Tienes que amarlo para quedarte", dice.

Jugadores de polo

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Pie de foto, La nueva generación de jugadores de polo de Jamaica podría estar entre los cuidadores y entrenadores.

"Estamos endeudados y si la gente no nos paga, tenemos que dejar al personal sin paga por una semana o dos. No es nada glamuroso".

Sue maneja la operación mientras que Mark trabaja en un club de polo en Estados Unidos. El dinero que hace él ayuda a mantener el negocio a flote.

El juego necesita de sangre nueva en Jamaica, y muchos esperan aupar a una nueva generación de jugadores.

John Masterton, mejor conocido como "Doc", es el padre de Lesley-Ann.

Este veterinario y jugador veterano compitió por 65 años. Ahora, a los 86, es una leyenda viviente en los círculos de polo de por estos lares.

"Me encantaría, pero quizás en otro momento", me dice, con un guiño de ojo, cuando le pregunto si le gustaría jugar contra los jinetes más jóvenes en el evento.

"No importa quién eres o qué eres, siempre que puedas jugar. Cuando yo comencé era un poco difícil, pero ahora está abierto a todos".