La renuncia de un hombre cabal

Pep Guardiola

Fuente de la imagen, AFP

Pie de foto, Muchos presentían que se acercaba el final de un ciclo. Finalmente el propio Guardiola confirmó su alejamiento.
    • Autor, Raúl Fain Binda
    • Título del autor, BBC Mundo

El vertiginoso paso de Pep Guardiola por el banquillo del Barcelona FC no tiene parangón en la historia del fútbol.

No se trata únicamente de su éxito, de sus numerosos títulos en un lapso asombrosamente breve (13 en cuatro temporadas), del respeto universal, del hallazgo (o perfeccionamiento) de una forma de jugar tan bella como efectiva, de su aporte para el desarrollo de uno de los grandes jugadores de la historia del fútbol, de… y podemos seguir en la misma vena.

Lo que nos parece de lo más intrigante es por qué un personaje tan exitoso y respetado se retira en pleno éxito, por qué renuncia al privilegio de conducir a un equipo histórico, de entrenar a jugadores de la talla de Messi, Xavi, Iniesta.

Estamos en una época y hablamos de una actividad en que a los exitosos se los debe echar con la fuerza pública: el éxito da estabilidad, aun para los crápulas.

Pero comencemos por el aporte de Guardiola al fútbol.

Cambio de dirección

El trabajo de Guardiola ha precipitado uno de los cambios más notables en la evolución del deporte, que en las últimas décadas se había caracterizado por el predominio de jugadores cada día más grandes y atléticos, y por tácticas que convenían a ese tipo biofísico.

Los signos más alarmantes de esta tendencia nos llegaban desde Brasil. Todavía recordamos los informes de hace unos años de Tim Vickery, corresponsal de la BBC, sobre las novedades tácticas de las lumbreras brasileñas: nada de demorarse en la zona de elaboración, lo importante era la intercepción y la transición instantánea a posiciones de ataque.

Ese era el fútbol moderno y lo demás era nostalgia. El problema era que los equipos brasileños, con ese catecismo "europeo", no jugaban mucho mejor que los anteriores.

Influencia holandesa

Pep Guardiola

Fuente de la imagen, AP

Pie de foto, Los números hablan por sí mismo. Ganó 13 de los 17 títulos disputados.

Los comentaristas internacionales ya aceptan que el trabajo y prédica de Johan Cruyff (fue entrenador del Ajax y del Barcelona entre 1986 y 1992) tuvo mucho que ver en la reversión de aquella tendencia.

Es casi seguro que jugadores de la talla y tipo físico de Messi, Iniesta y Xavi no habrían sido aceptados de buena gana por otros clubes europeos ambiciosos.

El genio de Guardiola fue reconocer los alcances lógicos de esa renovación "en sentido contrario", que se inspiraba en la tradición más antigua del juego, calidad antes que fuerza, habilidad antes que golpe, creación antes que cálculo.

¿Los húngaros o Sacchi?

En la futura memoria del fútbol, la revolución que representa el Barça de Guardiola figurará como uno de los grandes hitos, comparable con la irrupción del genio húngaro en la tranquila siesta del fútbol inglés, en el viejo Wembley.

Se dirá que no podemos comparar la trascendencia de aquel 3-6 del 25 de noviembre de 1953 con el paso por el Barça de un técnico afortunado, que se encontró con un buen plantel y varios jugadores excepcionales.

No, señor, no exageremos (nos dirán), si quieres comparar con algo o alguien habla del AC Milán de Arrigo Sacchi, pero no metas a los húngaros.

Bueno, nosotros creemos que reivindicar la belleza e impedir la total colonización de un deporte universal por émulos de Robocop ya es bastante mérito, digno de ser anotado en cualquier enciclopedia deportiva.

¿Cansancio o algo más?

¿Pero por qué ha renunciado, si todo era tan bonito?

Se ha dicho que la responsabilidad pesaba demasiado, tanto sobre su salud como en su vida familiar; otra teoría asegura que carece de la necesaria crueldad para sangrar al plantel y renovarlo; otra más, que el presidente Rossell, aparentemente tan comprensivo, es su enemigo político, que en público le promete la luna y en privado teje la red en que quedará atrapado.

Todo esto es cierto, pero no basta para explicar la renuncia de Pep Guardiola. ¿Algún multimillonario le habrá ofrecido veinte millones para entrenar a un grupo de mediocres, sin exigirle que gane títulos, sólo por el placer de tenerlo como prenda de calidad, en un banquillo de oro y diamantes?

De haber algo así, lo sabremos muy pronto, y entonces también sabremos que el dinero sigue siendo tan poderoso como siempre.

Guardiola presidente

Pep Guardiola
Pie de foto, Más allá de las cifras, el estilo que le imprimió al equipo cosechó elogios alrededor de todo el mundo.

Y si no es dinero, ¿se trataría entonces de poder? Tengamos en cuenta que a pesar de que el presidente no sea un aliado (Guardiola ha expresado su gratitud al anterior presidente, Laporta, enemigo jurado de Rossell), el entrenador tiene un férreo control moral y político de la opinión culé.

Si en las próximas elecciones Guardiola se presentara como candidato a presidente las ganaría por un campo, por más chicanas que ponga Rossell.

Pero la posibilidad de ser presidente del club, o sea sentarse en su sillón dorado y sonreír como un estúpido a las cámaras, aunque tenga ganas de llorar, no puede ser el objetivo presente de un técnico genial de 41 años.

¿O será por dignidad?

Se le puede dar mil vueltas al tema y siempre se llega a algo que el cinismo moderno considera inaceptable: que el hombre haya renunciado por dignidad.

Que está demasiado cansado para seguir sin interrupciones. Que valora la paz y tranquilidad de su familia, que le parece deshonesto continuar con la rutina de siempre pero sin el compromiso físico y moral de antes.

De ser así, Pep Guardiola, además de un técnico excepcional, también sería un hombre cabal.

Y esto es lo realmente importante. Lo demás son pamplinas.