Los territorios que Estados Unidos compró a lo largo de su historia para formar el país que es ahora

Ilustración de época que muestra a tres hombres con botas en un promontorio. Uno sujeta unos planos. El de la derecha viste uniforme militar y porta un sable. El de la izquierda apunta con el dedo a la depresión en la que dos hombres tiran de dos caballos.

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Pie de foto, La venta del territorio mexicano de La Mesilla, en 1853, donde Estados Unidos planeaba un ferrocarril, fue una de las expansiones territoriales de la gran potencia.
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Donald Trump quiere Groenlandia para Estados Unidos y ha llegado a plantear la posibilidad de comprársela al Reino de Dinamarca, al que pertenece.

El presidente prometió en su discurso inaugural que "Estados Unidos se considerará de nuevo una nación creciente, una que aumenta su riqueza, expande su territorio" y "lleva nuestra bandera a nuevos y bellos horizontes".

Sus palabras, como su sueño de incorporar a su país la isla más grande del mundo, recuerdan a otras épocas de la historia de Estados Unidos.

Walter A. McDougall, historiador de la Universidad de Pensilvania, le dijo a BBC Mundo que "las políticas de Trump recuerdan a la tradición de la tierra prometida de la Doctrina Monroe", que a partir de 1823 sirvió para justificar el intervencionismo expansionista estadounidense como acciones legítimas contras las intromisiones europeas en el hemisferio occidental.

Jay Sexton, historiador de la Universidad de Misuri, encuentra otro paralelismo: "Como con Groenlandia, Washington alegó que necesitaba hacerse con los territorios antes de que cayeran en manos de otras potencias".

En realidad, la expansión territorial que convirtió a Estados Unidos en el vasto país que hoy es empezó unos años después de fundación.

Las guerras de conquista, el sometimiento de los pueblos originarios, el desplazamiento de colonos o los acuerdos con las potencias europeas fueron medios habituales de crecimiento de la potencia emergente.

Pero la compra de territorios a otros Estados soberanos, como Trump ha planteado con Groenlandia, fue otro de los mecanismos utilizados por los líderes de Washington para ampliar su país.

Mapa de los territorios que compró Estados Unidos

A continuación, repasamos los episodios históricos en que Estados Unidos compró territorios. Hubo otras ocasiones en que Washington aceptó compensar a potencias extranjeras que le cedieron su territorio, como hizo España con Florida en 1819, pero no se trató en esos casos de operaciones de compraventa en sentido estricto.

La compra de Luisiana (1803)

La decisión del entonces presidente Thomas Jefferson de comprarle el territorio de Luisiana a la Francia napoleónica supuso la primera gran expansión de la nueva nación.

Napoleón había desistido de su sueño de levantar un imperio ultramarino para Francia tras la revuelta de esclavos en la actual Haití y aceptó venderle a la joven república estadounidense un vasto y poco habitado territorio que había perdido interés estratégico para él.

El general corso podría destinar así el dinero de la venta a las guerras con las que expandió su imperio en Europa.

Mapa de Estados Unidos que muestra la extensión de Luisiana, territorio comprado a Francia en 1803.

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Pie de foto, La compra de Luisiana a Francia en 1803 supuso la primera gran ampliación del territorio de unos jóvenes Estados Unidos.

Luisiana era entonces un territorio mucho más grande que el del actual estado homónimo y Jefferson veía en la expansión hacia el oeste el futuro de Estados Unidos.

El presidente quería asegurarse el control del valle del Misisipi y el estratégico puerto de Nueva Orleans, y desterrar el peligro de una intervención francesa en América, temida por muchos en aquellos años.

Los gobiernos estadounidense y francés llegaron a un acuerdo y en noviembre de 1803 Luisiana pasó a pertenecer a Estados Unidos, que pagó por ella US$15 millones de la época.

La enorme incorporación, un territorio que entonces comprendía toda la extensión comprendida entre los actuales estados de Luisiana al sur y Dakota del Norte y Montana al norte, supuso añadir más de dos millones de kilómetros cuadrados a la Unión, que casi duplicó su tamaño.

La expansión hacia el oeste había comenzado.

La Cesión Mexicana (1848)

En la década de 1840, gran parte de la opinión pública estadounidense se había convencido de que su "destino manifiesto" era expandirse hacia el oeste hasta llegar a la costa del Pacífico.

Lo acabaría haciendo a costa de México.

Viñeta publicada en la prensa de la época en que se ve a un sastre tomando las medidas de un hombre alto y gordo que viste con los colores de la bandera de Estados Unidos. Otros tres hombres entran en la estancia con grandes frascos y cucharas. En uno de ellos se lee en una etiqueta "política antiexpansionista".

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Pie de foto, Guerras y adquisiciones han engordado al "Tío Sam" a lo largo de la historia.

Uno de los más convencidos partidarios de la expansión era el presidente James K. Polk, que tras llegar a la Casa Blanca en 1845 heredó la disputa con México por el control de Texas.

Al año siguiente, tras un choque entre tropas estadounidenses y mexicanas en la frontera, Polk logró que el Congreso le declarara la guerra a México, pero las causas del conflicto eran más profundas.

"Estados Unidos había mostrado su interés en California, que entonces pertenecía a México y era una de las zonas económicamente más vibrantes de América y tenía los puertos de aguas profundas que entonces se codiciaban para emprender el comercio con Asia", recuerda Sexton.

"Pero ningún gobierno mexicano podía aceptar vender California y pretender permanecer en el poder", añade Sexton.

Ilustración de época que muestra el avance de las tropas estadounidenses frente a unas diezmadas fuerzas mexicanas.

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Pie de foto, La victoria en la guerra contra México de 1848 permitió a Estados Unidos expandirse a costa de su vecino del sur.

La guerra terminó con la victoria estadounidense y la firma en febrero de 1848 del tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que Estados Unidos se quedó con Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Estados Unidos pagó US$15 millones, pero, como dice Sexton, "los mexicanos nunca hubieran aceptado ceder los territorios de no haber perdido la guerra; fue una venta a punta de pistola".

México perdió más de la mitad de su territorio anterior a la guerra. La derrota y la consiguiente mutilación territorial supusieron un duradero trauma nacional.

La venta de La Mesilla (1853)

Pocos años después, en 1853, México y Estados Unidos acordaron la venta de una pequeña franja de territorio mexicano en el sur de los actuales estados de Arizona y Nuevo México.

Conocida en México como la Venta de la Mesilla y en Estados Unidos como la Compra de Gadsden, la compra fue resultado del interés estadounidense en construir un ferrocarril transcontinental y los apuros económicos del gobierno mexicano, que acabó aceptando US$10 millones.

Según Sexton, "fueron los dueños de esclavos del sur los que querían un ferrocarril que llegara hasta el Pacífico y temían que las rutas sortearan las Montañas Rocosas por el norte beneficiando a los estados no esclavistas, así que impulsaron un ferrocarril sureño que llevara hasta Nueva Orleans".

La compra de Alaska a Rusia (1867)

Muchos no entendieron el empeño del entonces secretario de Estado, William Seward, en comprarle al gobierno del zar Alejandro II el lejano territorio ártico de Alaska en 1867.

Seward creía que tenía un gran valor estratégico, ya que alejaría el peligro de una intervención británica en Norteamérica, y permitiría a Estados Unidos el acceso a ricas pesquerías en el Pacífico, por lo que cerró un acuerdo con Rusia para comprar Alaska por US$7,2 millones.

La compra generó notable polémica y los diarios de la época llegaron a bautizarla como "la estupidez de Seward".

Un tren negro y amarillo con la palabra Alaska escrita en la locomotora, junto a lo que parece ser el mar. Al otro lado se divisa una montaña.

Fuente de la imagen, Al Drago / Getty

Pie de foto, Como intenta ahora hacer Trump con Groenlandia, Estados Unidos logró con Alaska adquirir un territorio ártico.

La Rusia zarista creía librarse de un territorio de poco valor, que costaba mucho administrar y al que se veía como vulnerable a un potencial ataque de Gran Bretaña, su principal rival en la época.

Pese a las críticas, el Congreso ratificó el tratado de compraventa y Alaska engrosó Estados Unidos.

Décadas después, el descubrimiento de oro y grandes yacimientos de petróleo, y la importancia militar que adquirió durante la Guerra Fría, reivindicaron a Seward y su decisión de comprar Alaska.

Ilustración de la época que muestra la firma de la compra de Alaska. Un hombre está de pie con la mano derecha apoyada en una bola del mundo. Otro sentado en una sillón frente a él sujeta sobre su regazo un gran rollo de papel y con la mano derecha lo que parece ser una pluma. Otros dos hombres en segundo plano sujetan unos papeles. Otros dos están sentados a la derecha. A la izquierda, un hombre está de pie.

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Pie de foto, La firma de la compra de Alaska a Rusia en 1867 motivó muchas críticas en Estados Unidos.

Compra de las Islas Vírgenes de EE.UU. a Dinamarca (1917)

La última vez que Estados Unidos compró un territorio fue precisamente a Dinamarca, el Estado que ahora no quiere venderle Groenlandia.

Las entonces conocidas como Indias Danesas Occidentales eran un grupo de islas en el Caribe que habían sido codiciadas por los estrategas de Estados Unidos desde mediados del siglo XIX.

Un primer intento fallido tuvo también como protagonista a Seward.

El historiador danés Hans Christian Berg explicó en un artículo que "tras la Guerra Civil, era el momento de considerar las condiciones estratégicas en el Caribe y el secretario de Estado Seward se enfocó tanto en la anexión de México como en una posible expansión estadounidense en el Caribe".

Unos manifestantes con banderas de Groenlandia y una pancarta con el mensaje "Groenlandia no está en venta" en inglés, en una protesta contra los planes de Trump en Nuuk.

Fuente de la imagen, Sean Gallup/Getty

Pie de foto, Los groenlandeses han dicho en las encuestas que no quieren ser una más de las compras que han engrosado el territorio de Estados Unidos.

Para los estrategas estadounidenses tenía especial interés el puerto de la isla de Saint Thomas por la excelente protección natural que le brindaba la orografía local.

Dinamarca, que había explotado en las islas grandes plantaciones trabajadas por esclavos negros durante décadas, había perdido interés en ellas por la caída del precio del azúcar.

Un primer acuerdo de compraventa alcanzado entre ambos gobiernos en 1867 no se concretó porque el Congreso estadounidense no lo ratificó.

Una playa desierta en las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Un ave está posada en una rama.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Al contrario que con Groenlandia, Dinamarca estuvo de acuerdo en venderle las islas a Estados Unidos.

El estallido de la Primera Guerra Mundial y la amenaza que para los buques estadounidenses suponían los submarinos alemanes, los temidos U-Boot, reactivó el interés de Washington, que temía que Alemania invadiera Dinamarca y se hiciera con el control del puerto de Saint Thomas.

Según le dijo a BBC Mundo Astrid Andersen, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, "hay reminiscencias de lo que estamos escuchando ahora con Groenlandia, porque lo que Estados Unidos vino a decir fue: 'O nos lo vendéis o lo vamos a invadir".

Finalmente, ambos países acordaron la venta a Estados Unidos de las islas por US$25 millones.

Como parte del acuerdo, Estados Unidos se comprometió a no oponerse a que Dinamarca "extienda sus intereses políticos y económicos sobre toda Groenlandia".

*Mapa por Caroline Souza, del equipo de Periodismo Visual de BBC Mundo

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