Tragedias deportivas: cuando la muerte baja del cielo

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- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC Mundo
La pérdida de virtualmente todo el equipo de hockey sobre hielo ruso Lokomotiv Yaroslav, al precipitarse a tierra el avión en el que viajaban, es el último incidente de una larga cadena de tragedias aéreas que han afectado al deporte mundial.
Un accidente similar ocurrió en 1950, cuando trece jugadores y funcionarios de la escuadra de hockey sobre hielo de la Fuerza Aérea Soviética perdieron la vida, al estrellarse su avión cerca de la ciudad rusa de Sverdlovsk, hoy Yekaterinburg.
Once años más tarde, el equipo completo de patinaje de Estados Unidos moría cuando se precipitó a tierra el avión que iba a camino al campeonato mundial de Bruselas.
Tres de las mayores tragedias aéreas han involucrado equipos de fútbol.
En 1949, el club italiano Torino perdió 18 de sus jugadores en la caída de un avión cerca de la misma ciudad, mientras que, en 1993, 18 miembros de la selección de fútbol de Zambia morían cuando un avión de la fuerza aérea de su país cayó al mar en el Océano Atlántico, frente a las costas de Gabón.
Las víctimas fueron enterradas en lo que llegó a conocerse como "el acre de los héroes", fuera del Estadio de la Independencia, en Lusaka.
Sin embargo, el accidente aéreo que ha perdurado en la memoria de los europeos, nos dice el periodista de la BBC Roger Walker, es el de Manchester United, que perdió a ocho de sus jugadores en el despegue abortado de su avión, en Munich, en 1958.
Los Busby Babes
El 6 de febrero de 1958, los llamados Busby Babes (su entrenador era Matt Busby) regresaban de un partido por la Copa Europea en Belgrado, en la antigua Yugoslavia, contra el Estrella Roja.

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El avión, un Airspeed AS-57 Embassador, carecía de autonomía de vuelo suficiente para llegar a Londres, de modo que debió aterrizar en el aeropuerto de Munich-Riem, en Munich, para cargar combustible.
La nave intentó despegar en dos oportunidades, sin conseguirlo. El capitán decidió que sería inconveniente pasar la noche en Munich y optó por intentar el despegue por tercera vez.
Sin embargo, para entonces, ya había comenzado a nevar y una capa de hielo empezaba a cubrir el fin de la pista.
Cuando la nave llegó al hielo, perdió velocidad, haciendo el despegue imposible. El avión arrasó una cerca antes de que una de sus alas chocara contra una casa aledaña, con lo que el avión se partió.
A pesar del peligro de una explosión, al arquero de Manchester United, Harry Gregg, se quedó para tratar de sacar a los sobrevivientes del fuselaje.
En el accidente murieron 23 personas en total, 19 quedaron heridas y, entre los 21 sobrevivientes, aparte del arquero Gregg, estaba el famoso ariete Bobby Charlton.
Los imposibles Andes
En Latinomérica, el caso más persistente en la memoria es el del club de rugby uruguayo The Old Christians, los que el 13 de octubre de 1972, junto a amigos y familiares, viajaban en el Fairchild FH-227D, de la fuerza aérea uruguaya, a disputar un partido en Santiago de Chile.
Los fuertes vientos de frente que hacían más lento el desplazamiento del avión en el cruce de la cordillera indujeron a la tripulación del vuelo a iniciar el descenso hacia la capital chilena antes de lo debido, lo que se convirtió en el error fatal.
Unos diez pasajeros murieron instantáneamente cuando el avión se estrelló en la cordillera de los Andes que separa a Chile de Argentina.
Varios más sucumbieron al frío y las heridas. De los veintinueve sobrevivientes, ocho murieron en una avalancha que sepultó su refugio entre el fuselaje.
Sin combustible para resguardarse contra el frío y sin provisiones en las imposibles alturas de los 3.600 metros, los sobrevivientes decidieron que debían alimentarse de los restos humanos conservados por las bajas temperaturas.
Setenta y dos días después de la caída del avión, veintinueve personas del grupo original conseguían ser rescatadas.









