Copa del Rey, entre el fútbol y el nacionalismo

Fuente de la imagen, AFP
- Autor, Raúl Fain Binda
- Título del autor, BBC Mundo
La final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Barcelona, en el estadio de Mestalla, en Valencia, es una mezcla explosiva de rivalidades deportivas, políticas, institucionales y personales.
En este caso toma precedencia la vertiente política, dado que se trata de un torneo que lleva el nombre del soberano, rechazado por el sentimiento más nacionalista del pueblo catalán y, al mismo tiempo, levantado como bandera por los aficionados blancos.
Esta coloración política de un torneo deportivo es producto de una manipulación premeditada, pero esta comprobación no le resta importancia política: a fin de cuentas, la política misma se nutre de maniobras calculadas.
Hasta los jugadores se dejan llevar por las presiones de este tipo.
El diario deportivo Marca, de Madrid, informa que el barcelonista Gerard Piqué, al finalizar el partido del sábado por el torneo de Liga, gritó en el túnel a sus adversarios del Real Madrid: "Os vamos a ganar la copa de vuestro rey".
Esta frase, que tal vez haya sido pronunciada en tono ligero, habitual entre futbolistas, es presentada como prueba de la hostilidad barcelonista a las instituciones nacionales, manipulada por intereses que quieren la secesión.
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Silbidos y abucheos
En Barcelona se interpreta este recrudecimiento de la pugna política como un recurso de "los madrileños", para desviar la atención de la superioridad futbolística del equipo culé y concentrarla en una supuesta gesta patriótica.
Esta faceta política de la rivalidad es aprovechada por los interesados en agitar las aguas.
En los últimos años se han podido escuchar silbidos y abucheos durante la ejecución del himno nacional en la final, en presencia del rey, cuyos alcances dependen de los orígenes y filiaciones de las hinchadas presentes.
Todavía está fresco el recuerdo de la pitada durante el himno en la final de 2009, en el mismo estadio, entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao: ambas aficiones pertenecían a regiones con un fuerte sentimiento nacionalista.
Esta vez, peñas barcelonistas prometen "sepultar" el himno, mientras que peñas madridistas quieren "cubrir el estadio" con banderas españolas, y la Real Federación Española de Fútbol, de acuerdo con las autoridades valencianas, habría dispuesto hacer sonar el himno a todo volumen, para cubrir la pitada.
Y así estamos. Lo último es que Solidaritat Catalana per la Independencia, un partido político, ha amenazado al Ayuntamiento de Valencia con una demanda si el himno supera los 120 decibelios, "una imposición chapucera, propia de mentes enfermizas y un atentado contra la salud pública".
Todo esto forma parte de la coreografía habitual en los partidos entre ambos gigantes del fútbol español, pero en los encuentros de liga la presencia de hinchas del equipo visitante es virtualmente simbólica, mientras que esta vez 20.000 culés y 20.000 blancos estarán pujando en el mismo estadio.
No sólo en España
Este desborde de intereses políticos en el ámbito deportivo es de sobra conocido en muchos países.

Fuente de la imagen, PA
Y no hace falta que se trate de representantes de diferentes ciudades o regiones, como puede ser el caso de Guayaquil y Quito, en Ecuador.
Acaso la rivalidad política más intensa, entre equipos de la misma ciudad, sea la que existe entre Celtic y Rangers, en Glasgow, la urbe escocesa.
La mayor parte de la afición del Celtic es católica y la del Rangers protestante.
Pero, en el fondo, no es una cuestión religiosa: es una pugna entre los inmigrantes irlandeses católicos que a fines del siglo XIX chocaron con la mayoría nativa protestante. Una de las expresiones políticas más importantes de esta rivalidad adoptó una máscara deportiva: Celtic vs Rangers.
Sin ir más lejos, la BBC informó el martes que se interceptó el envío de "paquetes explosivos" a Neil Lennon, el técnico del Celtic, y a dos notorios aficionados del club. Las bombas "eran viables y capaces de hacer daño".
La animadversión entre las aficiones del Barcelona y el Real Madrid nos parece, en comparación, un asunto bastante civilizado, una diferencia natural, que sectores más o menos representativos aprovechan para sus propios fines.
Relaciones simbólicas
En esta ocasión se refuerza el aspecto político porque el mayor equipo de la capital, supuesto símbolo de la unidad española, se enfrenta con el equipo más poderoso de una región donde el sentimiento secesionista es muy fuerte, en presencia del rey, que tiene un obvio y legítimo interés político en el asunto.
También se da un juego de presunciones, de relaciones simbólicas entre clubes y tendencias políticas, aparte de la pugna entre regiones y el poder central.
La izquierda política, o buena parte de ella, tiende a simpatizar con el Barcelona por su historia de enfrentamiento con el poder central, que estuvo en manos durante varias décadas de Francisco Franco, un dictador que veía con buenos ojos las hazañas del Real Madrid, símbolo entonces del prestigio futbolístico de España.
Esta representación del Barcelona como "de izquierda" y del Real Madrid como "de derecha", que es superficial, por supuesto, también tiene ecos recientes: el ex presidente del gobierno José María Aznar, del derechista Partido Popular, es un ferviente madridista, mientras que el actual presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista, es devoto del Barcelona.
Pero en Mestalla no jugarán la izquierda contra la derecha, ni siquiera Barcelona contra Madrid, o Guardiola contra Mourinho, o Messi contra Cristiano.
Se jugará un partido de fútbol. El resto son distracciones que sólo vienen al caso si nosotros decidimos atenderlas.









