"El recuerdo puede ser utilizado como arma de guerra": David Rieff Sontag, autor de Elogio del olvido

David Rieff Sontag

Fuente de la imagen, Megan Hustad

Pie de foto, David Rieff Sontag fue también corresponsal de guerra.
    • Autor, Juan Carlos Pérez Salazar
    • Título del autor, BBC News Mundo

David Reiff es esa rara avis: un excelente periodista y -a la vez- un pensador profundo.

Poco parece común en la vida de este hombre de 64 años. Se diría que estaba destinado a la academia, pues creció al lado de una de las mentes más lúcidas del siglo XX en Estados Unidos (su madre, la escritora Susan Sontag). Y durante 10 años fue editor en la editorial Farrar, Straus and Giroux, donde trabajó con escritores como Joseph Brodsky, Elías Canetti o Carlos Fuentes.

Pero en la década de los 90, en un gran salto, se volvió corresponsal de guerra y cubrió los conflictos de Bosnia, Kosovo Ruanda, Liberia, Sierra Leona e Irak. Así hasta 2003.

Después de eso, el hombre de acción regresó a la reflexión y fruto de esa temporada en el infierno son libros como Slaughterhouse: Bosnia and the Failure of the West (1995), A Bed for the Night: Humanitarianism in Crisis (2003) y At the Point of a Gun: Democratic Dreams and Armed Intervention (2005).

También fundó el departamento Crímenes de Guerra en la Universidad Americana de Washington DC, el cual dirigió.

Los recuerdos y la memoria han sido una de las constantes en sus reflexiones desde hace casi 10 años. En 2008 publicó un libro muy personal: "Nadando en un mar de muerte", una memoria de la enfermedad y muerte, en 2004, de su madre.

En 2011 la universidad de Melbourne le publicó un pequeño libro, "Contra el recuerdo", en el que empezó a delinear su alegato contra la memoria colectiva.

En "Elogio del olvido" extiende ese alegato con una minuciosa argumentación en la que incluye historia, filosofía, poesía y citas de un cofre de autores casi secretos de los que sólo él parece tener noticia y a los que ha leído con deleite.

El siguiente diálogo -realizado con motivo del Hay Festival de Querétaro, donde Reiff hablará de su libro- se realizó vía telefónica entre Buenos Aires y Londres.

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Gabriel García Márquez decía que muchos de sus libros nacían de una imagen. Por ejemplo, "Cien años de soledad" de un abuelo llevando a a su nieto a conocer el hielo... ¿De dónde salió su libro sobre memoria y olvido? ¿De una idea?

El libro nació sobre todo de mis experiencias durante los 90 y los primeros años del nuevo siglo en zonas de guerra. Allí descubrí otra realidad sobre la memoria.

Digamos que en el 92, en los Balcanes, estaba de acuerdo con la frase tan conocida de Santayana de "aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo". Pero allí descubrí que el recuerdo trae riesgos muy graves. Que puede ser utilizado como arma de guerra, como una manera de profundizar el odio.

La población croata de Dubrovnik luego de ser bombardeada.

Fuente de la imagen, PETER NORTHALL

Pie de foto, David Rieff fue corresponsal de guerra durante las guerra de los Balkanes. Allí empezó a cambiar su concepto de la memoria. En la foto, la población croata de Dubrovnik luego de ser bombardeada por el Ejército Federal Yugoslavo (Serbia y Montenegro).

De hecho en su libro hay una imagen muy poderosa, que ocurre en Bosnia, cuando a la salida de una reunión un hombre le pasa un papel en el que sólo está escrita una fecha: 1453. Es el año de la caída de Constantinopla ante los otomanos. Ese hombre le está diciendo que, de alguna manera, ahí está el origen de la guerra en los Balcanes

Si, pero quiero insistir en que hay que proceder con mucha prudencia. Hay casos en los cuales la memoria colectiva -que no es memoria en sentido neurológico, pero bueno, para servirme de la expresión conocida- sirve bien. Por ejemplo, ahora estoy en Buenos Aires y pienso que memoria, justicia y verdad van de la mano aquí cuando se trata de los años de la dictadura.

En los Balcanes la situación es al revés. Allí no existe la posibilidad de un consenso sobre la memoria, al igual que en Irlanda del Norte o con Israel y Palestina. En esos lugares hay que considerar la posibilidad de que el olvido -o al menos el silencio público- tenga más valor.

Usted argumenta muy bien en su libro los casos en los que considera que es mejor olvidar que recordar. He visto algunas de sus charlas en Hispanoamérica -como en Chile, Colombia y España- y me llamó la atención la molestia que parecen causar en algunos sus argumentos. ¿Le sorprendió esa reacción?

Bueno, entiendo perfectamente la reacción. Hay personas -sobre todo las víctimas y sus familiares- que tienen recuerdos individuales horrorosos sobre lo que pasó en la época de Videla en Argentina o Pinochet en Chile.

Pero no podemos hablar de América Latina como un todo. Hay que hacer distinciones importantes. Por ejemplo: el debate en Colombia se parece más al de Irlanda del Norte o los Balcanes. No hay un vencedor en Colombia. En este caso, ¿cómo imponer una memoria colectiva? ¿Cómo llegar a un consenso sobre lo que sucedió?

Eso, creo, es el gran problema de la memoria colectiva y de hablar como lo hace el movimiento de derechos humanos: que no es posible la paz sin verdad y sin justicia. En el caso colombiano pienso que la solución de las FARC y el gobierno de Santos es buena. Si tengo que elegir, prefiero la paz a la justicia.

Hay momentos, épocas, contextos políticos y morales en los que uno tiene que elegir.

Nelson Mandela y Desmond Tutu

Fuente de la imagen, WALTER DHLADHLA/AFP/Getty Images

Pie de foto, Nelson Mandela y Desmond Tutu durante la presentación de los cinco volúmenes que resultaron de la comisión de verdad y reconciliación que se formó al final del Apartheid.

Sí, usted habla de tres metas virtuosas que se buscan después de una guerra: verdad, justicia y paz. Y dice que a veces hay que sacrificar justicia en favor de verdad, como ocurrió en al final del apartheid Sudáfrica -un proceso que fue muy estudiado por los negociadores en Colombia-. Pero, ¿no deja eso sembradas las semillas para futuras violencias? Lo digo pensando en Colombia, donde muchos de los que ejercen ahora violencia fueron a su vez víctimas en los años 50, en un período conocido, precisamente, como La Violencia, donde no hubo justicia... aunque tampoco hubo verdad. Es algo que se perpetúa en ciclos

Mi pregunta sería ¿quién va a imponer esta justicia? Es posible que si cuando termino La Violencia se hubiera realizado un proceso de paz se habría debido incluir justicia, ¿pero qué hacer ahora? Creo que el de las FARC y el gobierno de Santos es el mejor acuerdo posible en estos momentos.

Como usted sabe, la posición del expresidente Álvaro Uribe y del movimiento de derechos humanos, de personas como (el relator especial de la ONU) Pablo de Greiff...

....O José Miguel Vivanco (de la organización Human Rights Watch)

... dicen que una paz con impunidad no es duradera. Bueno, podemos debatirlo, pero creo que cualquiera que tenga criticas serias de la negociación en La Habana debe admitir que, sin este acuerdo, habría la posibilidad de una nueva guerra.

No estamos hablando entre elegir entre la paz y una paz "superior". Como le dije, yo veo la situación en Colombia como mucho más cercana a los Balcanes o a Irlanda del Norte... ¿Cómo imponer la justicia en Irlanda del Norte cuando hay dos comunidades completamente convencidas de su versión?

Porque lo que para unos son "terroristas", para otros son "luchadores por la libertad" (freedom fighters).

Integrantes de ETA

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, El tema del grupo separatista vasco ETA, la verdad y la justicia es muy candente en España. En la foto, integrantes de ETA.

¿Ha notado alguna recepción distinta a su libro en América Latina que en el mundo anglosajón? Porque creo que en nuestra región la historia sigue muy influida por lo que usted identifica como memoria y por la construcción de mitos

Creo que es normal en América Latina y en España, donde el libro salió en marzo o abril. Y allí hubo discusiones muy fuertes con periodistas y con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que criticó muy duramente el libro. Porque cuando uno habla de la memoria histórica, de paz, justicia y verdad, en España piensan en el acuerdo en el País Vasco y el problema de la impunidad con ETA.

Entonces sí, es normal que la recepción sea diferente en países en los cuales el asunto de la memoria colectiva, de la justicia, son más importantes, digamos que más del momento.

Pero bueno... hay también my buenas reseñas de mi libro (risas) en Argentina, Chile, España... No me duele que haya reseñas muy críticas. Me parece normal. De hecho es un libro que tiene un éxito que no entiendo muy bien, porque he escrito otros ocho y éste, por una razón u otra, tiene un gran éxito en los países latinoamericanos.

Es normal que un libro difícil, que plantea ideas muy duras, tenga una recepción mixta.

Guerrilleros de las FARC.

Fuente de la imagen, Joaquin Sarmiento/AFP/Getty Images

Pie de foto, "Creo que el de las FARC y el gobierno de Santos es el mejor acuerdo posible en estos momentos", dice David Rieff Sontag.

Y ha generado mucho debate, algo que me parece muy importante en lugares donde no tenemos una gran tradición crítica como América Latina

Así lo creo. Conozco bastante bien Argentina y México, entonces entiendo perfectamente los desafíos de plantear esta ideas. Y agradezco que muchas personas hayan aceptado al menos entrar en un debate serio conmigo.

Eso también es importante: que se ha sentado ha discutir con personas que son víctimas de la violencia. Como la hija de una persona que había sido torturada en Chile, como lo va a hacer con Héctor Abad en Colombia, cuyo padre fue asesinado por paramilitares. Eso le da una dimensión distinta.

Sí, sí. Chile fue para mi una experiencia muy profunda e interesante, porque hablé con la exalcaldesa de Santiago (Carolina Toa), hija de una víctima de los verdugos de Pinochet. Aquí en Argentina he hablado menos con víctimas, pero sí mucho con kirchneristas fuertes, como mi amiga la escritora Luisa Valenzuela. Tuvimos un debate en el Museo de Arte Latinoamericano.

Hay otra frase que usted también cuestiona, "Nunca más", utilizada por primera vez para rechazar el genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial, pero luego también en Argentina y Guatemala por las comisiones de la verdad que investigaron los crímenes de los gobiernos militares...

Si hablamos de genocidio, decir "nunca más" no ha impedido nada. La memoria de la Shoa (como se denomina al holocausto en hebreo) no impidió el genocidio en Ruanda. Y lo de Ruanda no impidió el de Siria.

Entonces, si hablamos de "nunca más" con una visión de la historia como escuela, me parece completamente irreal y equivocado. Si hablamos de "nunca más" en un contexto político vinculado estrictamente con procesos de justicia y paz en algunos países latinoamericanos, es algo diferente.

Prisioneros acusados de genocidio en Ruanda.

Fuente de la imagen, MARCO LONGARI

Pie de foto, "La memoria de la Shoa (como se denomina al holocausto en hebreo) no impidió el genocidio en Ruanda. Y lo de Ruanda no impidió el de Siria", dice David Rieff Sontag.

Porque le iba a argumentar que lo del genocidio no había vuelto a ocurrir en Alemania ni Europa, pero entonces me acordé de los Balcanes en los años 90... Bueno, no ha ocurrido en Europa occidental...

La historia es larga. Es verdad que no ha habido genocidios en Europa, pero no ha habido grandes guerras en Europa, salvo los Balcanes... y en un sentido Ucrania. La guerra terminó en Irlanda del Norte, en el País Vasco la guerra de guerrillas, pero los genocidios no han parado por razón de la experiencia de los judíos con los nazis.

Yo no veo el estudio de la historia como una manera de establecer una muralla entre pasado y presente. Creo que es una idea empíricamente equivocada. Los ruandeses no pensaron: "Bueno, los alemanes cometieron este genocidio entonces nosotros no lo vamos a hacer". Cuando hablas en términos concretos me parece una tontería, aunque una tontería con buenas intenciones.

No creo que aprendamos mucho de la historia. En ese sentido estoy en desacuerdo absoluto con el movimiento de los derechos humanos.

El uso que usted menciona de los mitos -otra una palabra que tampoco le gusta mucho- como método de manipulación es antiquísimo. Pero ahora parece haber una proliferación inusual de eso. Lo que ocurrió en Charlottesville (Virginia, Estados Unidos) con los monumentos confederados, los reclamos de al Qaeda por las cruzadas, lo de Estado Islámico con al Andalus y el blanqueamiento que le están a haciendo a Stalin en Rusia...

Creo que durante 40, 50 años, muchas personas de buena voluntad pensaron que la historia había terminado (risas) y creo también que el movimiento de derechos humanos ha planteado una idea positiva de la memoria que no corresponde a la realidad política y moral de la memoria en muchas sociedades.

Los ejemplos que usted da son precisamente los que yo creo van en contra del análisis político del movimiento de derechos humanos.

¿Cree que todo esto tiene una relación con la llamada "posverdad", que en últimas es jugársela toda por una versión -o un mito- a pesar de lo que diga la realidad?

Mito es una palabra para describir nuestras ideas profundas del pasado. En un sentido, todo es mito. Todo lo que no es memoria individual o memoria de hechos del pasado reciente, son mitos. Hay mitos buenos y mitos nefastos. En ese sentido todo es manipulación. "Manipulación" es una palabra que los que tienen una política, una agenda, usan para describir a sus enemigos. Y viceversa.

Finalmente yo creo que estas ideas de la memoria colectiva es una "antipolítica", una manera de no enfrentarse con un debate serio. Y para mí es un error enorme.

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 7 y el 10 de septiembre.