Aunque se llame igual que una idílica ciudad italiana, Venice (o Venecia, por su nombre castellanizado) comparte poco estos días con la villa de las góndolas, salvo sus calles inundadas.
Este amplio espacio de casas y puertos desperdigados rodeado de manglares es el último punto del sur de Luisiana al que se puede acceder en automóvil. Al resto de la zona sólo es posible llegar por barco, algo que ahora requiere una buena dosis de paciencia.
No sólo el mal tiempo ha dejado en tierra a las centenares de embarcaciones que normalmente recorren la zona. El vertido de petróleo procedente de la estación Deepwater Horizon en pleno Golfo de México ha obligado a los marineros a interrumpir sus negocios para dedicarse a otra labor... esperar.
Bobby Warren apura su cerveza sentado junto a un grupo de marineros en el puerto Venice Marina. No es precisamente la estampa de unos turistas tomando café en la Plaza de San Marcos de la Venecia europea.
Warren, capitán de un barco que normalmente lleva a pescar a los turistas por el Delta del Mississippi a cambio de unos US$800, cuenta que desde el pasado 25 de abril está en tierra firme, siguiendo por televisión el recorrido del vertido.
"Todavía es pronto para saber lo que ocurrirá, así que no podemos hacer nada", dice refiriéndose a la veintena de marineros que, como él, pasan las horas caminando por el puerto.
clic Siga por Twitter a nuestro enviado especial a Luisiana, Ignacio de los Reyes
A menos de una milla, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reúne con las autoridades para coordinar los esfuerzos para paliar el potencial desastre ecológico en algunos de los ecosistemas más ricos del país.

"Todavía es pronto para saber lo que ocurrirá, así que no podemos hacer nada"
Bobby Warren, capitán de barco
Pero a Warren parece no importarle. "Sólo está mostrando su rostro", dice. "Toda la industria pesquera está en riesgo si el petróleo llega a los manglares, pero aún no sabemos si la situación es mala o si es muy mala", lamenta.
Para esta segunda opción ya tiene una alternativa, la misma que le quedó cuando el huracán Katrina se llevó su trabajo hace cinco años: buscar otro empleo.
"Es posible que tengamos que esperar años a que British Petroleum (quien, según la Casa Blanca, pagará los costos que ocasione el vertido) nos mande un cheque, así que tienes que ponerte manos a la obra", sostiene.
clic ¿Se podría haber evitado el derrame? ¡Opine!
A pocos kilómetros del lugar donde permanecen atracados el Black Magic, el Thunderamerica y varias decenas de barcos más, espera otro marinero.

"En teoría serán tres semanas, pero hasta que no descubramos las dimensiones del vertido no lo sabré"
Michael C. Philbuick, tripulante de barco de limpieza
Jimmy Mellow está apoyado en la pared de Ellzey, uno de los pocos establecimientos que, junto a una apartada oficina postal, da un aspecto remotamente urbano a Venice.
"Tan pronto como el tiempo mejore voy a ir a pescar", asegura. Por ahora sólo puede recomendar a todo el que pasa por la tienda de comestibles que pruebe el famoso Po Boy, un sándwich de mariscos típico de Luisiana.
"Todo esto puede ser desastroso", dice. "Pero todavía no sabemos qué ocurrirá. Quizás el martes, si el tiempo mejora, podremos conocer cuál será la situación", asegura, resignado.
clic Lea también: Jazz para sobrellevar el desastre
Michael C. Philbuick, de Oregón, acaba de llegar a Venice. Forma parte de la tripulación de uno de los barcos que desempeñan los trabajos de limpieza.
Él es responsable del mantenimiento de la embarcación con la que se retira el crudo de la superficie del mar y cuenta que su trabajo como tripulante de un "barco de respuesta" es parecida "al de un bombero. Aguardar a que te llamen cuando hay una emergencia como ésta".
Pero los fuertes vientos y las lluvias lo han dejado en puerto. Mientras sus compañeros limpian el barco, él pasa la tarde pensando en el tiempo que tendrá que estar allí.
"En teoría serán tres semanas, pero hasta que no descubramos las dimensiones del vertido no lo sabré", dice. Tendrá que esperar, como todos en la Venecia de Luisiana.