La caída del Muro de Berlín no sólo constituyó el fin de la Guerra Fría, sino el nacimiento de un nuevo orden mundial.
BBC Mundo ofrece un panorama de hechos clave que han marcado los últimos veinte años.

La caída del Muro de Berlín fue el símbolo de una serie de eventos en 1989 que habrían de transformar al mundo. Gobiernos comunistas en todo el mundo comenzaron a derrumbarse unos tras otros. La caída del Muro no sólo representó el fin de la Guerra Fría sino también una nueva era, el fin de la historia, según el filósofo estadounidense Francis Fukuyama.

Se trató de una era marcada por el optimismo en los países de Occidente. La liberación de Nelson Mandela y el fin del régimen del Apartheid, en Sudáfrica, fue para muchos otra señal que que las barreras del pasado estaban cayendo.

La operación Tormenta del Desierto lanzada por Estados Unidos en contra de Irak, en enero de 1991, fue la principal muestra de que EE.UU. era ahora el único superpoder. El mundo era ahora unipolar. La guerra no sólo logró expulsar a Irak de Kuwait sino también mostrar el poderío militar de EE.UU.

El derrumbe del comunismo se afianzó aún más con el colapso de la Unión Soviética. Tras un intento de golpe de Estado contra el presidente Mikhail Gorbachev, en diciembre de 1991 la Unión Soviética se desintegró. Rusia pasó a ser independiente bajo el mando de Boris Yeltsin, quien comenzó a transformar el país hacia una economía de mercado.

Pero aunque un poder sucumbía, otro se fortalecía, por lo menos en el plano económico. Ya en 1991, China, el gigante asiático, experimentaba un crecimiento económico sin paralelos, que poco a poco lo convertiría en motor de la economía mundial.

Tras el derrumbe del Muro, el libre mercado fue promovido como el modelo único, universal. En América Latina, la mayoría de los gobiernos adoptaron reformas guiadas por el consenso de Washington que propugnaba por la liberalización de los mercados. En ese contexto, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) comenzó a marcar la pauta.

Pero detrás del optimismo que generó entre muchos el derrumbe del Muro de Berlín comenzaba a surgir un rostro diferente de este nuevo orden. La guerra de Bosnia fue una muestra del resurgimiento de conflictos opacados o contenidos por la Guerra Fría.

El Talibán asumió el poder en Afganistán en 1996 y con ello una evidencia de que el fin de las ideologías no había traído el fin de los conflictos o los fundamentalismo. El Talibán representó el ejemplo más patente del fundamentalismo islámico en ascenso. Al mismo tiempo se fortalecían otros grupos integristas en todo el mundo islámico que, aunque con diferentes agendas, compartían el rechazo a los valores de Occidente

Mientras tanto, en América Latina comenzaba a haber signos de descontento con las reformas económicas adoptadas desde inicios de los 1990's. En 1998 fue elegido en Venezuela Hugo Chávez, que desde el inicio abogó por un frente latinoamericano en oposición a las políticas promovidas por Washington.

Los ataques del 11 de septiembre perpetrados por al-Qaeda removieron al mundo y abrieron paso a un nuevo orden. De la era del mercado pasamos a la era de la seguridad, pero ésta vez el enemigo no era el comunismo soviético sino el fundamentalismo islámico. Estados Unidos respondió a estos ataques lanzando la guerra contra el terror e invadiendo a Afganistán para deponer al Talibán.

En el marco de la guerra contra el terror, EE.UU. invadió a Irak en 2003. La ofensiva de Estados Unidos y sus aliados fue ampliamente criticada, sobretodo porque nunca fueron encontradas armas de destrucción masiva. Ya en 2006 la oposición a la guerra era masiva aún en EE.UU. En Febrero de 2009, el nuevo presidente Barack Obama anunció un plan de retirada de tropas.

En América Latina, en la década de 2000 se fortaleció un eje de izquierda en oposición a las políticas de Washington. Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, Evo Morales, de Bolivia, y Daniel Ortega, de Nicaragua, propugnan por un nuevo socialismo, el socialismo del Siglo XXI.