
En el verano de 1974, tanques turcos ocuparon el 37% de la isla. La alambrada se extiende 180 kilómetros y la zona de exclusión entre ambas comunidades (la Línea Verde) está bajo control de las fuerzas de paz de la ONU.

Flanqueado por las fachadas de casas coloniales abandonadas, paseo por los alrededores de la tierra de nadie en Nicosia. Ésta debe ser la única ciudad del mundo en donde es posible caminar en pleno centro escuchando tus propios pasos. El silencio es absoluto.

Durante 35 años ambas mitades aprendieron a vivir de espaldas, girándose únicamente para reafirmar su inflexibilidad y acusar a la otra de los males de la isla. Por eso, cuando la frontera abrió en abril del 2003, más de 28.000 personas cruzaron en las dos primeras semanas para explorar la parte de su isla que les había sido negada durante décadas.

Los edificios derruidos en los márgenes de la tierra de nadie, con sus ventanas taponadas con sacos de arena, forman la espina dorsal del muro. Soldados de ambos lados patrullan para que nadie cruce y en el pasado no dudaban en abrir fuego contra aquellos que lo intentaban.

En este paisaje moribundo de vez en cuando asoman memorias de otro tiempo en forma de vehículos abandonados: la pintura ajada de un Austin del 65, cubierto de polvo y rodeado de maleza crecida durante años.

La frontera que divide Chipre no es un muro convencional. Está definida a veces por los edificios abandonados a ambos lados de la tierra de nadie, otras por alambradas y en otros casos, como en esta imagen, con barreras creadas a base de barriles metálicos. El azul y blanco son los colores de la bandera de Grecia.

Persianas oxidadas bloquean comercios en donde no se ha vendido nada hace décadas. Malas hierbas y arbustos se instalan en cualquier rendija y poco a poco le van ganando terreno al cemento. En la pared desconchada de una casa un graffiti dice “Yo amo a Lefkosia” (Lefkosia es el nombre de la capital Nicosia en griego)

En septiembre de 2008 los líderes de ambas comunidades se reunieron para negociar una salida al problema. En un gesto simbólico, la barricada que cortaba la calle comercial Ledra, se convirtió en otra frontera abierta en pleno centro de Nicosia. Flanqueándola se colocaron coloridos murales y plantas en los apenas 100 metros de distancia entre ambas fronteras invitando a cruzar.

A diferencia de lo ocurrido en los últimas tres décadas, cruzar la frontera es sencillo. Basta con tener el pasaporte en regla y rellenar un pequeño formulario. Cada día, cientos de turcochipriotas cruzan al sur para trabajar y comprar productos occidentales. Muchos grecochipriotas cruzan al norte para jugar en los numerosos casinos.

Un ejemplo de la división está en la ciudad fantasma de Varosha. Más de 30.000 personas tuvieron que abandonar de la noche a la mañana este enclave veraniego famoso en los años 70 por sus playas y hoteles. Varosha quedo dentró de la “zona muerta” y desde 1974 nadie ha entrado a la ciudad. Mientras los edificios se derrumban, soldados vigilan la frontera prohibiendo incluso tomar fotografías.

En Famagusta, en el norte de Chipre, un monumento recuerda a los turcochipriotas muertos en la guerra del 74. Alrededor de 165.000 grecochipriotas fueron expulsados al sur. Igualmente, unos 55.000 turcochipriotas huyeron al norte. Seis mil personas murieron. (Textos y fotos: Rafael Estefanía)
En 1964 se definió la barrera que partió Chipre en dos, separando a los grecochipriotas en el sur y los turcochipriotas en el norte de la isla. Una década después, este muro se convirtió en una frontera infranqueable tras la guerra entre ambas comunidades en 1974.
La alambrada se extiende 180 kilómetros desde Kokkina en el noroeste hasta Famagusta en el sureste de la isla y la zona de exclusión entre ambas comunidades (conocida como Green Line, Línea Verde) quedó bajo control de las fuerzas de paz de la ONU.
Esta "tierra de nadie" tiene una anchura que oscila entre los tres metros en el centro de la capital Nicosia hasta los de siete kilómetros y medio en la aldea de Athienou.
Finalmente, en 2003, se abrió la frontera, permitiendo a los habitantes de ambos comunidades cruzar al otro lado después de casi tres décadas de separación.