
La peregrinación al templo de San Lázaro en las afueras de La Habana es la actividad religiosa más importante de Cuba. Máxima expresión del sincretismo, convoca a decenas de miles de cubanos –católicos y santeros- cada 16 y 17 de diciembre, la mayoría de ellos cumpliendo penitencia en pago de algún milagro concedido por el viejo Lázaro. (Fotos: Raquel Pérez).

Durante semanas y meses los peregrinos recorren la ciudad haciendo sus penitencias. La gente les da dinero que estos entregan después en el altar de San Lázaro. Las donaciones son utilizadas para el mantenimiento del hospital de leprosos que atienden conjuntamente la Salud Pública y monjas de la Iglesia Católica.

Hace 30 años, los padres de Lázaro Valdez acudieron al templo del Rincón a pedir un milagro, su hijo de 5 años había sufrido un accidente que le impedía caminar. Aseguran que el milagro se produjo y Lázaro este año se preparó a cumplir con la promesa que le habían hecho a su tocayo, recorrer 30 km dando vueltas sobre su cuerpo.

Las autoridades cierran el tráfico vehicular y todos deben recorrer los restantes 4 km a pie. A lo largo del camino y en las cercanías del templo decenas de kioscos ofrecen flores, estatuillas de San Lázaro y velas, aunque estas últimas se vende clandestinamente, lejos de la vista de los policías. Hay también bebidas y el tradicional pan con lechón.

El operativo policial es gigantesco, son miles de efectivos repartidos a lo largo de todo el trayecto. Autos patrullas con cámaras en el techo recorren la calle filmando a los peregrinos. Tal despliegue surte un efecto preventivo en una actividad en la que la mayor parte de la gente camina bebiendo mucho ron. Además evita que los disidentes griten consignas antigubernamentales como hacían en los 90.

Decenas de periodistas nacionales y extranjeros acuden a la procesión cada año y acompañan a los penitentes en parte de su trayecto, haciéndoles fotos, filmándolos e incluso entrevistándolos en medio del martirio. Afortunadamente la mayoría de los cubanos recibe con agrado que los "Yumas" (extranjeros) se interesen por San Lázaro y sus milagros.

La gente siente admiración y respeto por los penitentes que cumplen las promesas más duras y difíciles. Los saludan, les dan dinero y ánimo para que lleguen a la meta. Incluso algunos, como este grupo de jóvenes, se hacen fotos junto a ellos, tal y como si se tratara de estrellas de la farándula.

Cuando finalmente llegan al templo se produce una paradoja, se encuentran a un San Lázaro (el Obispo) que nada tiene que ver con el de las muletas, las llagas y los perros, al que adoran en sus casas. Sin embargo, es algo que a nadie parece preocupar, son siglos de sincretismo en los que los dioses cambian de identidad a gusto del creyente.

Los penitentes se trasforman, caminan descalzos y se visten con ropa hecha de sacos de yute, igual que el Milagroso. En el suelo del templo improvisan altares con la figura de "su" San Lázaro y le encienden velas. Los ruegos de las monjas son desoídos y estas terminan cediendo ante una fe que lo mezcla todo pero que al fin y al cabo llena la iglesia como ningún otro día del año.

Los cubanos van al Rincón en familia, incluyendo a los niños, a los que en ocasiones visten también con sacos de yute. El piso del templo se convierte entonces en un campamento en el que se desarrollan las más variadas actividades, mientras esperan las 12 de la noche, cuando las campanas anuncian que llegó el día de San Lázaro.

Fuera, los jardines de la iglesia se convierten en un verdadero picnic, de los bolsos sale la comida y la bebida necesaria para reponer fuerzas después de una larga caminata o difícil penitencia. La policía observa cómo muchos beben ron pero solo intervienen contra aquellos que lo hacen en botellas de cristal, las que pueden usarse como armas.

A pesar de la voluntad, no todos llegan a poder cumplir su promesa. Cuando regresábamos encontramos a Lázaro Valdez en una ambulancia recibiendo atención. Solo le quedan 2 km para llegar a su meta pero está extenuado y es posible que los paramédicos le impidan continuar. Sin dudas el Viejo Milagrero sabrá comprender. (Fotos: Raquel Pérez).