Pasamos un Bicentenario tranquilo. No hicimos nada en especial, sólo conversar... echamos algo a la parrillita y tuvimos una convivencia de casa, sin música ni baile. Esto no era lo que teníamos planeado para esta fecha.
Si mi papá no estuviera allá abajo, nos hubiéramos ido a la playa a celebrar allá las fiestas patrias, pero, dada la situación, tuvimos que adecuarnos acá.
El que estaba organizando (el viaje) es el que se encuentra ahora en la mina. Así que nos falló el organizador.
En cuanto a la celebración, no es mucho lo que pudimos hacer más que respetar las condiciones que nos dan acá en el campamento.
La buena noticia es que esta vez nos dieron ocho minutos para hablar en videoconferencia con mi padre. Como para este fin de semana largo vino toda la familia, le dimos la oportunidad a ellos para que hablaran con mi papá.
Ahora estamos aquí como unas 20 personas. Cada uno trajo su carpa y buscó su lado dónde acomodarse. También trajeron las cartas para mi papá y recibimos las respuestas fresquitas de abajo.
Sus nietos mayores, los hijos de mi hermana, lo vieron más delgado y mi papá se emocionó cuando los vio, les tiró muchos besos y les mandó muchos abrazos.
"Ya tengo ganas de contarle todas las cosas que han pasado y las situaciones que han ocurrido"
En las cartas yo intento bromear con mi papá para que se le levante un poco más el ánimo. Lo que le genere incomodidad no se le manda.
Lo llamo con sobrenombres, lo invito a tomarnos unas chelitas (cervezas) y le cuento chistes subidos de tono que no puedo decir, claro.
Él me responde igual con el humor que tiene y con la paciencia de leer todas las cartas que le mandamos.
Nuestra tarea es darle mucho ánimo porque no se puede deprimir allá abajo, que es lo que más nos preocupa, que decaiga y no quiera comer. Pero gracias a Dios está bien de salud y todo.
Nosotros aquí arriba manejamos la ansiedad de querer estar con mi papá. Sabemos que las cosas se hacen despacio porque es lo mejor para ellos, y que tenemos que tener paciencia, aunque también sentimos que en este momento lo ideal sería que ya estuviera afuera y poder conversar con él y abrazarlo.
Ya tengo ganas de contarle todas las cosas que han pasado y las situaciones que han ocurrido.
Lo bueno es que como familia hemos tenido bastante tranquilidad y serenidad para sobrellevar esta situación. No es la primera vez que, como grupo familiar, pasamos por un rato mal o complicado.
Durante las labores de rescate, los familiares de Omar Reygadas, uno de los 33 mineros chilenos atrapados bajo tierra, nos contaron su larga espera en este diario.
Tanto ellos como nosotros agradecemos sus mensajes de aliento y su participación en cada una de las entradas. clic Lea algunos de los comentarios que hemos recibido.