"Los zombis son algo patente y casi que predominante en el mundo animal"

Un insecto que ha sido invadido por un hongo.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, "La mayor parte de los insectos tienen algún parásito en específico que los puede volver zombis", dice Cota Hiriart.
  • Tiempo de lectura: 12 min

Aunque la mayor parte del tiempo no nos percatemos, los seres humanos hospedamos dentro de nuestro cuerpo a una enorme cantidad y variedad de pequeñas criaturas.

Millones y millones de protozoos y gusanos (helmintos) —algunos de ellos peligrosos, otros indispensables para una buena salud— nos habitan en todo momento de la vida, y tienen la capacidad de influir desde en nuestro estado de ánimo hasta en la forma como buscamos pareja.

Nuestras entrañas se parecen más a una biodiversa selva tropical que a un higiénico quirófano o el elegante vestíbulo de un hotel.

Biológicamente hablando, nada más cierto que el famoso verso del célebre poeta Walt Whitman "contengo multitudes", explica Andrés Cota Hiriart.

Cota Hiriart es un biólogo, zoólogo y escritor mexicano que lleva años dedicado a la comunicación de la ciencia en libros, artículos, televisión y pódcast.

Su más reciente libro, "Fieras interiores", explora el universo de los parásitos, especies que (según una definición tradicional del término) viven a costa de otra y, lejos de ser una anomalía, son nada menos que la forma de vida predominante en el planeta.

Más allá de un afán enciclopédico, el autor observa con curiosidad filosófica y literaria las sorprendentes interacciones entre las especies parasitarias y sus anfitriones.

Y, por ese camino, consigue incluso descubrir una posible explicación de la esquizofrenia que aquejó a Tita, su abuela materna.

BBC News Mundo habló con Cota Hiriart en el marco del HAY Festival Cartagena. Lo que sigue es una versión editada de la conversación.

Selfi de Andrés Cota Hiriart en la selva

Fuente de la imagen, Cortesía de Andrés Cota Hiriart

Pie de foto, Cota Hiriart es autor de libros como "Fieras familiares" (2022) y "Madam Cuc, la dueña del paraíso" (2023).
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"Fieras interiores" empieza siendo un libro de parásitos, pero pronto se convierte también en un libro sobre tu abuela y sus padecimientos mentales. ¿Cuál es la relación entre esas dos cosas que encontraste? ¿Cómo la describirías?

La describiría en una sola palabra: neuroparasitología.

Ese neologismo le da nombre un campo que empieza a cobrar mayor relevancia y derribar el paradigma psiquiátrico.

Hay muchos psiquiatras más de la vieja guardia que muestran reticencias, pero está demostrado que, al menos en algunos casos, hay no solo una correlación sino un vínculo de causa-efecto entre los parásitos y las patologías mentales.

Ahora lo que está pasando es que se está ampliando el grupo de muestra. Yo creo que en 10 años vamos a ver la salud mental de otra manera.

Hubo un primer borrador del libro que era solo de parásitos.

Pero en algún momento leyendo sobre el toxoplasma (una especie de protozoo parásito), empecé a ver esta posible correlación —que a la luz de los años cada vez se establece mejor— con la historia de mi abuela.

Es chistoso cómo lee uno con esa distancia. Yo leía esto del toxoplasma y la patología mental y me tardé mucho en decir "ah, caray, a lo mejor esta es la historia de mi abuela, imposible más cercano".

La portada de Fieras interiores de Andrés Cota Hiriart muestra una ilustración que incluye una foto de su abuela materna.

Fuente de la imagen, Penguin Random House / Cortesía de Andrés Cota Hiriart

Pie de foto, En su último libro, Cota Hiriart describe la enfermedad mental de su abuela y encuentra en los parásitos una posible explicación de esta.

Ya volveremos a esto, pero antes quería hacerte una pregunta que podría parecer de taxonomía, pero pensando en lo que cuentas en el libro también es en cierto sentido una pregunta filosófica: ¿Qué es y qué no es un parásito?

Es una pregunta muy difícil. Evidentemente, el término parásito, como muchas otras categorías que usamos los humanos, es contextual.

Qué es un parásito o qué es una mala hierba depende de quién narre la historia y quién esté siendo el protagonista.

En el canon antropocéntrico, siempre nos ponemos en el centro los humanos... y si no, otros primates, otros mamíferos u otros animales vertebrados.

Y realmente son bastante artificiosas esas visiones que tenemos, porque el mundo animal es antes que nada invertebrado. Los vertebrados somos un pedacito y, dentro de los vertebrados, los mamíferos somos una capa minúscula.

El parasitismo, en cambio, es la estrategia vital predominante. Según algunas estimaciones que pongo ahí en el libro, por cada especie de vida libre, hay tres parasitarias.

Qué es un parásito depende de quién cuente la historia, porque estamos hablando de quién obtiene un beneficio de cierta interrelación y a costa de quién.

Si contamos la historia desde el punto de vista de los gusanos intestinales, pues son una criatura como cualquier otra intentando sobrevivir. Y bueno, su entorno son las entrañas de otro individuo.

Pero además las relaciones y las interdependencias entre las especies son fluctuantes. Entonces, qué es un parásito depende no solo de quién narre, sino también de en qué momento.

A lo mejor, lo que en un momento empezó como una relación parasitaria a lo largo de miles de años va cambiando.

Una ilustración de Sofía Probert Pérez muestra los saltos entre especies que hace un tipo de parásito.

Fuente de la imagen, Sofía Probert Pérez / Cortesía de Andrés Cota Hiriart

Las mitocondrias, que son quizás los organelos más conocidos de la célula, tienen otro material genético. O sea, son otra cosa. Y siguen habitando ahí en una simbiosis, pero eso a todas luces empezó como una relación parasitaria.

Por cierto, nada quita que pueda cambiar otra vez. Por no ir más lejos, cuando nos morimos, toda la microbiota simbiótica cambia en un segundo su relación con nuestro cuerpo y nos empieza a comer.

Entonces, creo que es importante eso: no caer en el sesgo temporal o el sesgo de escala de creer que la realidad es del tamaño de un humano promedio.

En el libro desarrollas este argumento de que los parásitos deberían hacernos reevaluar la idea que tenemos de cuáles son las especies dominantes en el planeta. ¿Por qué?

Los parásitos son un agente fundamental en la dinámica de las poblaciones, y por ende son una fuerza evolutiva poderosísima.

Cuando entiendes eso, dices: "Híjole, ¿quién está comandando los hilos de quién? ¿Quién tiene una verdadera influencia sobre el de al lado?".

En el libro digo que el león no es el rey de la selva, sino el gusano que se lo devora desde dentro.

Al pensar en eso, a lo mejor los parásitos se nos vuelven todavía más temibles, porque nos gusta pensar en esos términos.

Pero así es el mundo viviente. La normalidad es ser habitado no por uno sino por un montón de seres. Lo normal en la vida es estar en fluctuante interacción con otra vida.

Más bien lo anómalo es el pensamiento humano de lo estéril, de querer ser impolutos y de creernos entes aparte, superiores y distintos.

Andrés Cota Hiriart sentado en una serpiente verde y azul de cemento.

Fuente de la imagen, Cortesía de Andrés Cota Hiriart

Pie de foto, Cota Hiriart también conduce el pódcast de ciencia Masaje cerebral.

Algunas de las historias de parásitos que cuentas en el libro parecieran sacadas de una película de terror. De hecho, se usan mucho los parásitos para contar historias de ficción apocalíptica. ¿Puedes contar algún ejemplo de relación parasitaria que te haya sorprendido particularmente?

A lo mejor es al revés. A lo mejor no es que las relaciones parasitarias se parezcan a las historias de terror, sino que las historias de terror se parecen a las relaciones parasitarias.

Por ejemplo, los zombis son algo patente y casi que predominante en el mundo animal. Tal cual: muertos vivientes que además contagian a otros.

90% de todos los animales son insectos, y la mayor parte de los insectos tienen algún parásito en específico que los puede volver zombis.

Yo creo mucho en ese dicho de que en el mundo natural la realidad supera la ficción, porque te encuentras con unas cosas completamente descabelladas, insospechadas y además abundantes.

Hay muchos ejemplos de parásitos que controlan la mente de sus hospederos.

Hay hongos, protozoarios, gusanos, pero incluso avispas que han perfeccionado esta artimaña de convertir en marionetas a los organismos que parasitan. Es el teatro guiñol de verdad.

En redes sociales, hemos visto, por ejemplo, este hongo que invade a la hormiga, crece su micelio dentro de ella y la lleva a comerse una hierba venenosa tóxica, una cosa que la hormiga nunca haría.

Mientras la toxina está actuando sobre ella, el hongo no la deja morir, sino que la mantiene en un estado de vilo y literalmente como una marioneta comanda sus patas para que suba a la copa de un árbol.

Ya ahí arriba, le brota a la hormiga el esporoma o champiñón —la toma clásica es por la cabeza, pero en realidad puede ser por cualquier parte del cuerpo—.

De una hormiga, que está sobre una hoja verde, salen dos champiñones del género cordyceps.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Los hongos del género cordyceps pueden invadir insectos y tomar control de sus acciones.

Y bueno, estrategias como esa hay muchas y cada una más divertida que la anterior.

Otra clásica es la del gusano gordiano de los grillos suicidas —un nombre así como de Foster Wallace—.

Es un gusano, que a veces mide diez veces lo que el grillo, y tiene la particularidad que una vez que lo infesta, solo se puede reproducir dentro del agua. Entonces, el gusano tiene que desde adentro comandar al grillo a suicidarse por ahogamiento. Eso es precioso.

Digo, si lo narras desde el punto de vista del grillo, suena pavoroso. Pobre grillo. Pero, cuando abres el encuadre y ves que buena parte de los peces de estos sistemas riparios se alimentan de esos grillos ahogados, dices "ah, bueno, hay otra cosa en juego".

En el mundo viviente, nada está aislado. La muerte de unos pues siempre va a ser beneficio de otros.

Y un último ejemplo de manipulación que también me encanta, porque es bien difícil entender, es cuando ni siquiera tienes que habitar al otro e infestarlo para poder cambiar su comportamiento.

Son estas avispas que de un pinchazo le inyectan a la araña sus huevos y luego un cóctel neuroquímico que cambia completamente su comportamiento.

Entonces, la araña rompe su propia telaraña, la deshace y hace una completamente diferente a la que haría en su sano juicio, con la única motivación de proteger a esos huevos que se están gestando en su interior (sin que la araña tenga idea).

Eso es una locura en términos evolutivos. Es como si hubiera un parásito que no solo cambiara nuestra conducta, sino también lo que hacemos en redes sociales.

Gusano gordiano colgando de una rama verde

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Los gusanos gordianos son capaces de llevar a sus hospederos a suicidarse.

¿Nos podría llegar a pasar también a los humanos, como en The Last of Us, que nos invada un hongo y nos convierta en zombis?

Hay quienes dicen que puede perfectamente pasar, pero no va a pasar mañana.

De aquí a 1000 millones de años, a lo mejor haya un mundo en el que estos hongos cordyceps invadan a los mamíferos también.

Y calentando el planeta solo estamos aumentando las probabilidades.

La covid fue una oportunidad para pensar en nuestra relación con otras especies y con la naturaleza que no detectamos a simple vista. ¿Qué te parece que hemos debido aprender de la pandemia?

Sí, totalmente. La covid puso de manifiesto algo que al menos a mí y a otras personas que pensamos en estas cosas no nos sorprende: que a escala celular no tenemos el libre albedrío que queremos tener, no tenemos ni tendremos el control de absolutamente nada.

A escala celular, entre nuestros simbiontes, nuestros invasores, nuestros patógenos deciden muchísimas cosas en nuestra vida. No somos tan todopoderosos como nos creemos.

También creo que la covid puso de relevancia algo que es bien grave, que es que a veces la capacidad científica, médica y tecnológica está ahí, y nuestros tropiezos son políticos y económicos.

Rápidamente se logró hacer una vacuna, pero el problema fue quién tenía la vacuna y quién no, a quién se la dábamos y a quién no.

Es bien preocupante, porque en ese sentido seguimos viviendo en la Edad Media. Seguimos siendo un mundo feudal totalmente a merced de los designios de seis personas.

La covid no dejó el mundo más listo para la siguiente pandemia. Y la pregunta no es si la va a haber, sino cuándo, porque esa es la normalidad del mundo viviente.

Muy probablemente nos va a tocar verla a quienes estamos ahorita aquí vivitos y coleando. De hecho, si me apuras, pues ahí está la gripe aviar a tres toques de puerta.

Personal médico con tapabocas atendiendo un paciente durante la pandemia por la covid

Fuente de la imagen, U.S. Navy vía Getty Images

Pie de foto, El mundo no está más preparado para una pandemia ahora de lo que lo estaba antes de la covid, argumenta Cota Hiriart.

Volviendo a los parásitos, en el libro te detienes sobre todo en el toxoplasma, un protozoo que vive y se reproduce en el tracto digestivo de los felinos, pero se estima que también podría estar presente en uno de cada tres humanos. Es el parásito que descubres que pudo haber estado relacionado con la esquizofrenia de tu abuela. ¿Qué tanto debería preocuparse una persona promedio por el toxoplasma y qué debería hacer al respecto?

Pues yo diría que quienes tenemos gatos, totalmente deberíamos saber que ahí está el toxoplasma y tomar medidas al respecto: hacer un buen manejo de sus excretas, pero sobre todo vacunarlos.

Si tu gato está vacunado de toxoplasma, entonces no te lo está pasando a ti ni a nadie. Eso es importante y es fácil. Está al alcance de una cita veterinaria.

También es importante saber que, si tu gato está saliendo al parque y tiene una vida semidoméstica, pues todo el tiempo está en riesgo de contagio y tirando sus excretas en otros lados.

Yo amo a los gatos, son parte de mi familia, pero sí me parece espinosa nuestra relación con ellos en términos globales hoy.

Y claro, no los vamos a satanizar, entre otras porque si los quitas de la ecuación pues te da peste negra porque hay más roedores.

Al final, creo que es importante entendernos como animales, como parte del gran esquema viviente y, por lo tanto, a merced de los procesos biológicos que afectan a todas las demás especies.

En el mundo microscópico, en la dimensión más chiquita de la vida, que es la celular, es clarísimo que somos naturaleza.

Tú mismo o tú misma eres un entorno enorme habitado por toda una multitud, toda una comunidad. Ese dicho de I contain multitudes ("Contengo multitudes") es completamente cierto biológicamente hablando.

En el momento que te reconoces como otro animal más, como otra criatura más, te vuelves consciente de que así como estos seres que nos habitan dependen de nosotros, nosotros dependemos de todo el entorno.

Una mujer embarazada consiente a un gato negro

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, El contacto de mujeres embarazadas con gatos es riesgoso porque puede provocar el contagio del feto con toxoplasmosis.

Y por último, ¿deberíamos comernos este taco, esa arepa rellena, ese perro caliente en la calle o no?

Sí, totalmente, porque eso es el sabor de la vida. ¿Qué va a ser la vida sin riesgos? ¿Qué va a ser la vida sin la grasa? (risas).

O sea, yo no le puedo recomendar hábitos alimenticios a nadie, pero sí diría yo que en la calle quizá lo importante, además de lavarte las manos, es comer cosas cocinadas.

Un taco, si no le pones cilantro —acá en México le ponemos cilantro a todo— y está bien cocinado, probablemente no te va a contagiar nada.

Si está crudo, sí. Comer cerdo crudo o pollo crudo, bueno, eso nunca hay que hacerlo. Y comer carne de res cruda o pescado crudo, solo en los lugares en los que uno confía.

El gusano del sushi, que es con lo que abre el libro, ahora se ve más comúnmente en México, en Perú, en Ecuador... Y eso tiene que ver con que la tilapia, la mojarra, la carpa; todos estos peces de agua dulce que criamos en presas y que hemos metido en todos los cuerpos de agua dulce están generando pesadillas biológicas.

Al menos en Latinoamérica, no solía ser un riesgo comer ceviche con respecto al gusano del sushi. Hoy, que la tilapia es la predominante en casi todo, sí lo es.

Es un tropiezo nuestro.

Andrés Cota Hiriart sostiene entre sus manos una tortuga

Fuente de la imagen, Cortesía de Andrés Cota Hiriart

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