Por qué la aspirina puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer intestinal

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- Autor, Miriam Frankel
- Título del autor, BBC Future*
- Tiempo de lectura: 11 min
Nick James, un ebanista británico de unos 45 años, comenzó a preocuparse por su salud después de que su mamá falleciera de cáncer y de que su hermano —junto con otros familiares— hubieran desarrollado posteriormente un cáncer intestinal.
Tomó la decisión de hacerse pruebas genéticas, que revelaron que portaba un gen defectuoso, conocido por ser el causante del síndrome de Lynch, una afección que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar ese tipo de cáncer.
Sin embargo, a James le llegó ayuda de un lugar inesperado cuando se convirtió en la primera persona en inscribirse en un ensayo clínico con el objetivo de determinar si una dosis diaria de aspirina —el analgésico de venta libre— podía ofrecer protección contra el desarrollo del cáncer.
Aproximadamente el 80% de las personas con síndrome de Lynch van a desarrollar cáncer intestinal a lo largo de su vida.
Sin embargo, hasta el momento, el panorama resulta favorable para James. "Lleva ya diez años tomando aspirina bajo nuestra supervisión y, hasta la fecha, no ha desarrollado ningún cáncer", dijo John Burn, profesor de genética clínica en la Universidad de Newcastle y director del ensayo.
Parece casi increíble y, sin embargo, desde hace tiempo hay indicios de que este fármaco podría reducir las probabilidades de que el cáncer colorrectal se disemine, o incluso de que llegue a manifestarse en primer lugar.
Durante el último año, una serie de ensayos y estudios han reforzado dichas pruebas. Algunos países ya han modificado sus directrices médicas para incluir este fármaco como primera línea de protección para aquellas personas que presentan un mayor riesgo (si bien los expertos insisten en que esto debe realizarse siempre bajo la supervisión de un médico).
Y por fin estamos empezando a comprender las razones por las que la aspirina produce un efecto tan enigmático.
Raíces antiguas

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Los más recientes hallazgos aportan un giro novedoso y extraordinario a la historia de uno de los medicamentos más antiguos y eficaces.
A finales del siglo XIX, unos arqueólogos desenterraron tablillas de arcilla de 4.400 años de antigüedad en la antigua ciudad mesopotámica de Nippur —situada en lo que hoy es Irak—, con listas de una variedad de medicamentos que se elaboraban a partir de compuestos botánicos, animales y minerales.
Entre ellos, figuraban las instrucciones para preparar una sustancia derivada del sauce.
Hoy sabemos que esta contiene un compuesto químico conocido como salicina, y el organismo tiene la capacidad de transformarlo en ácido salicílico, una sustancia que ayuda a aliviar el dolor.
Su estructura es muy similar a la de la aspirina moderna —el ácido acetilsalicílico—, aunque es más irritante para el estómago.
Otras civilizaciones antiguas —entre ellas la egipcia, la griega y la romana— también recurrieron a este remedio.
El estudio moderno del compuesto empezó en 1763, cuando el clérigo inglés Edward Stone escribió a la Royal Society para describir que la corteza de sauce, una vez seca y reducida a polvo, podía ayudar a bajar la fiebre.
Aproximadamente un siglo después, los científicos lograron sintetizar el ácido salicílico transformándolo en el ácido acetilsalicílico —una variante menos corrosiva— y lo lanzaron al mercado bajo la marca Bayer.

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Cuando avanzamos un siglo más, vemos que los científicos empezaron a observar algunos beneficios inesperados de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares: la reducción del riesgo de coágulos sanguíneos al hacer que la sangre sea más fluida y las plaquetas sanguíneas, menos pegajosas.
Por esta razón, organizaciones como el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido recomiendan dosis diarias bajas para personas con un alto riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.
La lucha contra el cáncer

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Para 1972, los beneficios potenciales se habían extendido a la prevención del cáncer, gracias a un estudio en el que se inyectaron células tumorales a ratones.
Los científicos estadounidenses descubrieron que añadir aspirina al agua que los animales consumían reducía el riesgo de que el cáncer se propagara por el organismo de manera significativa—un proceso que se conoce como metástasis—, en comparación con los ratones a los que no se les administró el fármaco.
Si bien el descubrimiento generó cierto entusiasmo, "no quedó claro de inmediato cómo repercutiría esto en la práctica clínica", afirma Ruth Langley, profesora de oncología y ensayos médicos en el University College de Londres.
Al fin y al cabo, no resultaba obvio si el fármaco tendría el mismo efecto en los seres humanos; lo que significaba que el hallazgo seguía siendo, si acaso, una curiosidad, más que un tratamiento con el potencial de cambiar vidas.
Un punto de inflexión se produjo en 2010, cuando Peter Rothwell, profesor de neurología clínica en la Universidad de Oxford (Reino Unido), retomó y reexaminó los datos —mucho más abundantes— relativos al uso de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
En sus análisis, el fármaco parecía reducir tanto la incidencia como la propagación del cáncer, algo que generó un renovado interés tanto en la capacidad de la aspirina para ayudar a combatir la enfermedad como en los mecanismos por los que logra este efecto.
No obstante, demostrar que la aspirina puede prevenir el cáncer en la población general constituye un desafío.
En un mundo ideal, los investigadores reclutarían a una amplia muestra de personas: la mitad tomaría aspirina, mientras que el resto ingeriría una píldora de placebo; posteriormente, se compararía qué grupo presentaba las tasas más elevadas de la enfermedad.
Pero como el cáncer puede tomar muchas décadas en manifestarse, la realización de un ensayo controlado aleatorio requeriría de un periodo de tiempo extremadamente prolongado y conllevaría un coste descomunal.
"En realidad, resulta casi imposible", explicó Anna Martling, profesora de cirugía en el Instituto Karolinska (Suecia).
Por este motivo, los científicos han centrado su atención en grupos específicos, tales como aquellos que ya han padecido cáncer o quienes presentan una susceptibilidad genética a desarrollarlo.
Evidencia creciente

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Es aquí donde entra en escena el estudio de John Burn sobre pacientes con el síndrome de Lynch, una afección que aumenta drásticamente el riesgo de cáncer colorrectal y de otros tipos de cáncer.
En 2020, Burn publicó los resultados de un ensayo controlado aleatorizado histórico en el que participaron 861 pacientes con esta afección.
Después de realizar un seguimiento de 10 años a los participantes, su equipo descubrió que las personas que habían tomado una dosis diaria de 600 mg de aspirina durante al menos dos años redujeron eficazmente a la mitad su riesgo de padecer cáncer colorrectal.
Su equipo llevó a cabo un segundo ensayo, que actualmente se encuentra en evaluación de pares.
Los primeros resultados sugieren que una dosis mucho menor de aspirina (75-100 mg) es igual de eficaz o incluso más.
"Las personas que tomaron aspirina durante dos años tuvieron un 50% menos de casos de cáncer de colon", dijo. "Queremos continuar el estudio durante algunos años más, ya que los datos irán mejorando con el tiempo. (Nick James, el primer paciente en participar en el ensayo, fue uno de los que pareció beneficiarse).
La dosis baja (75-100 mg) es similar a la que se toma habitualmente para la prevención de eventos cardiovasculares.
Esto es relevante, debido a que la aspirina puede generar efectos secundarios desagradables —incluyendo indigestión, hemorragias internas, úlceras estomacales e incluso hemorragias cerebrales—, por lo que una dosis más baja resulta mucho tolerable.
Los hallazgos ya han influido en políticas sanitarias.
"En Reino Unido, las directrices se modificaron como resultado de nuestros hallazgos", dijo Burn.
Desde 2020, dichas directrices recomiendan que las personas con síndrome de Lynch comiencen a tomar aspirina alrededor de los 20 años de edad —en la mayoría de los casos—, o a los 35 años en los casos menos graves.
Dados estos resultados, resulta natural preguntarse si la aspirina podría beneficiar a otros grupos de pacientes.
Martling ha investigado si la aspirina es capaz de reducir el riesgo de metástasis en personas que ya han recibido un diagnóstico de cáncer colorrectal.
Su equipo se centró en pacientes que presentaban mutaciones comunes en sus tumores intestinales o rectales.
"De todos los pacientes que desarrollan cáncer colorrectal, el 40% presenta alguna de las mutaciones que hemos estudiado", explicó.
Investigaciones previas habían sugerido que estas personas podrían responder de manera particularmente favorable al tratamiento con aspirina.

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El ensayo controlado aleatorizado -de tres años de duración- contó con la participación de 2.980 pacientes: un grupo tomó 160 mg diarios de aspirina —iniciando el tratamiento dentro de los tres meses posteriores a la cirugía—, mientras que el otro recibió un placebo.
El grupo tratado con aspirina presentó menos de la mitad del riesgo de recurrencia, lo que representa un tamaño del efecto altamente significativo. "Se trata de un grupo numeroso de pacientes", dijo Martling.
Es más, tanto el ensayo de Martling como el de Burn revelaron muy pocos casos de efectos adversos entre las personas que tomaban aspirina.
El estudio de Martling, publicado en septiembre de 2025, transformó rápidamente la práctica médica en Suecia.
Desde enero de 2026, los pacientes con cáncer intestinal en el país han comenzado a someterse a pruebas de detección de las mutaciones, y se les ofrece una dosis baja de aspirina en caso de que las presenten.
Aún no está claro si la aspirina podría proteger a los pacientes también contra otros tipos de cáncer; sin embargo, es posible que pronto tengamos algunas respuestas.
Actualmente, Langley dirige un gran ensayo controlado aleatorizado con 11.000 participantes que han padecido cáncer colorrectal, de mama, gastroesofágico o de próstata en Reino Unido, Irlanda e India.
Su equipo analizará el efecto de una dosis preventiva diaria de aspirina de 100 mg o 300 mg, y esperan obtener resultados el próximo año.
"Realmente somos los primeros en explorar el papel de la aspirina en otros tipos de tumores", dijo.
Su objetivo es replicar los hallazgos de Martling en relación con el cáncer colorrectal, así como recaudar fondos para investigar también las implicaciones de las mutaciones específicas en los otros tipos de cáncer.
La replicación es fundamental, señaló, dado que las autoridades prefieren contar —idealmente— con dos conjuntos de resultados de ensayos clínicos antes de formular recomendaciones para los pacientes.
¿Cómo funciona?

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El mecanismo preciso mediante el cual la aspirina previene el cáncer ha permanecido como un misterio durante mucho tiempo.
"Este fantástico fármaco actúa tanto dentro como fuera de la célula", explicó Martling, por lo que podrían estar implicados varios mecanismos diferentes.
Sus propios trabajos señalan a una enzima intracelular denominada COX-2, la cual, como sabemos, es inhibida por la aspirina.
Esta enzima contribuye a la producción de compuestos de naturaleza hormonal llamados prostaglandinas, los cuales, a su vez, activan una vía de señalización que puede derivar en un crecimiento celular descontrolado.
Una investigación reciente realizada por Rahul Roychoudhuri —profesor de inmunología oncológica en la Universidad de Cambridge (Reino Unido)— y sus colegas sugiere que podría existir otro mecanismo que involucra a un gen que impide que las células T del sistema inmunitario detecten y eliminen las células cancerosas metastásicas.
Descubrieron que este gen puede ser activado por un factor de coagulación denominado tromboxano A2, el cual —como su nombre indica— ayuda a la sangre a formar coágulos cuando sufrimos una lesión.
Como la aspirina inhibe el tromboxano, esta podría, por consiguiente, hacer que las células cancerosas resulten más visibles para el sistema inmunitario. Este hallazgo supuso una sorpresa para el equipo.
La investigación de Roychoudhuri se llevó a cabo en ratones, por lo que no podemos asegurar que los resultados sean válidos también para los seres humanos.
Sin embargo, una intrigante investigación realizada por Langley y sus colegas ha demostrado que las personas que han padecido cáncer colorrectal o cáncer gastroesofágico presentan niveles de tromboxano mucho más elevados que los individuos sanos —incluso hasta seis meses después de un tratamiento exitoso—, lo que sugiere que esta sustancia podría ser también un factor impulsor de la metástasis en los seres humanos.
¿Una cura para todo?

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Sigue siendo objeto de debate quién exactamente debería tomar aspirina de forma regular y cuándo.
Algunos investigadores consideran que los beneficios combinados en relación con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer deberían fomentar una mayor adopción de su uso.
Burn, quien en el pasado tomó aspirina como medida preventiva, se muestra optimista respecto a su potencial para la salud pública.
"Realizamos un amplio estudio en el que demostramos que, si todas las personas de unos 50 años tomaran una aspirina de dosis baja durante diez años, la mortalidad nacional por todas las causas se reduciría en un 4%", afirmó Burn.
Sin embargo, la mayoría de los investigadores sostienen que su uso debería restringirse únicamente a pacientes específicos.
"Una cosa es administrar aspirina a una población con cáncer, pero otra muy distinta es ofrecer a la población sana algo que también podría perjudicarla", dijo Martling.
Esto se debe a que la aspirina puede tener efectos adversos graves y es poco probable que resulte eficaz para todas las personas o para todos los tipos de cáncer.
Sin embargo, si usted padece el síndrome de Lynch o ha recibido tratamiento para el cáncer intestinal, podría valer la pena consultar si una dosis baja regular resultaría beneficiosa.
"Consulte siempre a un médico u otro profesional de la salud antes de comenzar a tomar aspirina", señala Langley.
A medida que las investigaciones sobre la aspirina siguen acumulándose, es posible que aún nos aguarden algunas sorpresas.
Pero, ¿se extenderá la larga historia de la aspirina otros 4.000 años hacia el futuro?
Quizás nuestros descendientes utilicen versiones de este fármaco de formas que ni siquiera podemos empezar a imaginar.
*Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Future. Para acceder a la versión original, haz clic aquí.
** Todo el contenido de esta columna se proporciona únicamente con fines de información general y no debe considerarse un sustituto del consejo de su propio médico o de cualquier otro profesional de la salud. La BBC no asume responsabilidad ni obligación alguna respecto a cualquier diagnóstico realizado por un usuario basándose en el contenido de este sitio. La BBC no se hace responsable del contenido de los sitios web externos que aquí se enumeran, ni respalda ningún producto o servicio comercial mencionado o recomendado en dichos sitios. Consulte siempre a su médico de cabecera si tiene alguna inquietud, por mínima que sea, acerca de su salud.

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