Por qué Irlanda es uno de los países del mundo más críticos con Israel por la guerra en Gaza

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- Autor, Matías Zibell
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 12 min
El 5 de noviembre de 2023, cuando no se había cumplido aún un mes del ataque de Hamás contra Israel que dejó1.200 muertos y 251 rehenes, el entonces ministro israelí de Patrimonio Amichai Eliyahu dijo que lanzar una bomba nuclear sobre Gaza era "una opción".
Las palabras del político del partido extremista Otzma Yehudit le costaron fuertes críticas dentro y fuera de su país, incluyendo la reprobación del mismo primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
El impacto de esta declaración eclipsó otras de sus opiniones en la entrevista con la radio Kol Berama, en la que también destacaba una de sus respuestas ante la pregunta de qué hacer con los palestinos de la Franja: "Ellos pueden ir a Irlanda o a los desiertos".
La elección del país europeo como uno de los destinos posibles para la población de Gaza no era fortuita. La República de Irlanda es una de las naciones que más respaldo público ha manifestado hacia la causa palestina y más críticas ha entonado contra el Estado de Israel.
Todo ello ha generado tensiones entre ambos países.
La última fue en una cancha de fútbol. Antes del enfrentamiento por la Liga de Naciones de la UEFA hubo amenazas de boicot por parte del plantel irlandés, que exhibió brazaletes negros "en reconocimiento a todas las vidas perdidas en el conflicto (de Gaza)".
En respuesta al 7 de octubre de 2023, Israel lanzó una ofensiva militar masiva en ese territorio durante la cual han muerto más de 73.000 personas, según el Ministerio de Salud del territorio, administrado por Hamás, cuyas cifras considera fiables la ONU.
En enero de 2025 Irlanda se sumó al caso de "genocidio" en Gaza presentado por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.
Para Miceal Canavan, profesor de Política Irlandesa en la Universidad de Queens, en Belfast (Irlanda del Norte), el caso irlandés presenta características únicas y sorprendentes, en un mundo donde el público en general no suele prestar mucha atención a los conflictos extranjeros.
"Esto ocurre especialmente cuando no existen vínculos étnicos, religiosos, económicos o políticos con el conflicto en cuestión; y, en este caso, Irlanda no tiene ninguno de esos vínculos con Palestina ni con la región en general", le dice a BBC News Mundo.
Junto con Liam Kneafsey, profesor adjunto de Ciencias Políticas en el Trinity College de Dublín, Canavan realizó un estudio con aproximadamente 1.500 personas en la República de Irlanda en el que alrededor del 76% de la población reconoció que el conflicto palestino-israelí le importaba mucho o bastante.
"Una cifra que supera con creces la de cualquier otro país comparable de Europa, o al menos de Europa Occidental", dice el académico.

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Para Kneafsey, coautor del estudio, también es inusual en el caso irlandés no solo el interés por el conflicto en Medio Oriente, sino también el apoyo casi masivo a uno de los dos actores de dicho conflicto
"Observamos que Irlanda constituye un caso muy particular en cuanto al nivel y la intensidad del sentimiento hacia una de las partes. Existe una mayoría de personas que simpatizan con los palestinos, una proporción muy superior a la que se registra en otros países europeos —como España, por ejemplo— que también se consideran favorables a la causa palestina".
Este apoyo, añade Kneafsey, trasciende diferencias partidistas e impregna a gran parte de la sociedad irlandesa.
Para Yanky Fachler, presidente de la Sociedad Histórica Judía de Irlanda, "cuando se realizan encuestas y se pide a los irlandeses que enumeren las cuestiones que les preocupan, el tema palestino ocupa un lugar muy secundario".
Pero Fachler añade en conversación con BBC Mundo: "Tanto los partidos del gobierno como los de la oposición, así como los medios de comunicación y el ámbito académico -en otras palabras, todos los pilares de la sociedad irlandesa convencional- se manifiestan abierta y rotundamente en contra de Israel".

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Antecedentes y narrativas históricas
Irlanda fue el primer Estado miembro de la Unión Europea (UE) en declarar que la solución al conflicto de Oriente Medio debía basarse en un Estado palestino plenamente soberano que coexistiera con Israel.
Esta afirmación se recogió en una declaración conjunta de los ministros de Asuntos Exteriores de Irlanda y Baréin en 1980.
Este país fue también el último miembro de la UE en expresar su conformidad con la apertura de una embajada israelí en su territorio. Lo hizo en diciembre de 1993 y, en ese mismo momento, invitó a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) -agrupación que reunió originalmente a los principales movimientos independentistas palestinos- a abrir una oficina en Dublín.
Finalmente, la primera embajada israelí en Irlanda se inauguró en enero de 1996, 21 años después de que se establecieran relaciones diplomáticas plenas entre ambos países.
En diciembre de 2024, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar, anunció el cierre de la sede diplomática en Dublín al acusar a Irlanda de "políticas antiisraelíes extremas".
"Las acciones y la retórica antisemita empleadas por Irlanda contra Israel tienen su raíz en la deslegitimación y demonización del Estado judío, junto con una doble moral. Irlanda ha cruzado todas las líneas rojas en sus relaciones con Israel", afirmó Sa'ar, según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores.

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Para Canavan y Kneafsey, son las "narrativas históricas" las que influencian la posición de los irlandeses frente al conflicto en Medio Oriente y su apoyo a los palestinos. Los autores identifican básicamente tres:
- La colonización por parte de Inglaterra durante los siglos XVI y XVII, que dejó una población nativa irlandesa desplazada y despojada de sus tierras, que pasaron a manos de colonos afines a los administradores ingleses.
- Tras la colonización, la emigración masiva de irlandeses por motivos políticos y económicos, como la gran hambruna del siglo XIX, que dejó aproximadamente un millón de muertos y dos millones de exiliados.
- La independencia y partición de Irlanda, entre 1920 y 1922, dando lugar a lo que hoy conocemos como la República de Irlanda e Irlanda del Norte. En este último territorio quedó una población minoritaria de católicos y nacionalistas, y otra población mayoritaria de protestantes y unionistas.
"Existe, para los irlandeses, una narrativa histórica de desposesión, transferencia de tierras, asentamiento y desplazamiento de la población nativa. Obviamente, ese desplazamiento continúa produciéndose en Gaza, debido a los sucesos de los últimos años, además de ser un proceso histórico", explica Kneafsey.
Con respecto a la partición, se produce -según los académicos- una analogía con el proyecto de Naciones Unidas de dividir la antigua provincia otomana de Palestina en dos partes, una para los árabes y otra para los judíos, que no llegó a implementarse tras el rechazo de la población musulmana.
Muchos de los territorios que estaban en la zona destinada por la comunidad internacional a los palestinos, como la Franja de Gaza y partes de Cisjordania, pasaron a manos de Israel tras la Guerra de los Seis Días en 1967.
Otros han sido ocupados por asentamientos de colonos judíos que la comunidad internacional considera ilegales, respaldados actualmente por el gobierno israelí y protegidos por sus fuerzas de seguridad.
"Los irlandeses (pro-palestinos) construyen un paralelismo con la partición y lo que ocurrió luego en Irlanda del Norte: una considerable minoría católica irlandesa bajo el gobierno directo de Gran Bretaña y, en particular, bajo el dominio de los descendientes de una población de colonos, la población unionista", concluye el profesor del Trinity College de Dublín.
El lente de la historia
Ambos académicos especifican que estas no son las únicas analogías a las que podrían recurrir los irlandeses y que el objetivo de su estudio no fue certificar si esta interpretación histórica detrás del apoyo a los palestinos es acertada o no.
"La Historia es una lente que puede aplicarse de diversas maneras. En distintas etapas de la historia de Irlanda, dicha lente se utilizó de formas diferentes. Así, hubo quienes recurrieron a la experiencia revolucionaria irlandesa para comprender y apoyar a las milicias sionistas judías en su lucha por establecer una patria judía y derrocar el dominio colonial británico", explica Kneafsey.
En una columna escrita para el diario "The Jerusalem Post" en febrero de 2022, más de un año antes de los ataques de Hamás contra Israel, el exembajador israelí Mark Regev afirmó que los irlandeses veían el conflicto israelí-palestino a través de lo que él denominó una "lente distorsionada" que presenta a Israel como una potencia colonial.
"Cabría esperar que existiera una amistad natural entre la República de Irlanda y el Estado de Israel, ya que ambas son democracias occidentales que nacieron de luchas por la independencia bastante similares", opinó Regev, en referencia a la lucha de los fundadores del Estado de Israel contra el Mandato Británico de Palestina.
"Hace 130 años existía sin duda una gran sinergia entre ambos movimientos independentistas", recuerda Yanky Fachler y añade:
"En el siglo XIX, cuando Theodor Herzl fundó el movimiento sionista declaró: 'Quiero ser el Parnell de los judíos'. (Charles) Parnell era el líder irlandés que impulsaba la independencia de Irlanda".

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El presidente de la Sociedad Histórica Judía de Irlanda menciona otros tres nombres del siglo XX en los que se cruza la lucha de judíos e irlandeses por liberarse de los británicos:
- "Durante la Guerra Civil Irlandesa, a principios de la década de 1920, hubo un político irlandés judío muy destacado, Robert Briscoe, que formó parte activa del IRA (Ejército Revolucionario Irlandés) original".
- "Yitzhak Herzog, Gran Rabino de Irlanda, se mostraba abiertamente partidario de la independencia frente a los británicos. Cuando fue elegido en 1937 para ocupar el cargo de Gran Rabino del Mandato Británico en Palestina, los británicos se mostraron muy disgustados. Él es el abuelo del actual presidente de Israel, Isaac Herzog".
- "Uno de los primeros ministros de Israel que más tiempo ocupó el cargo, Yitzhak Shamir, eligió como nombre de guerra durante su lucha en la clandestinidad contra los británicos el apodo de 'Michael', explícitamente en honor a Michael Collins, el líder revolucionario irlandés".
Pero en esta danza de nombres, lógicamente, hay aquellos que caen del otro lado de la moneda.
En 1917, el ministro de Exteriores británico, Arthur Balfour, fue el autor de la declaración en la que por primera vez el gobierno británico respaldó el establecimiento de "un hogar nacional para el pueblo judío" en Palestina.
Como indica el académico Miceal Canavan, el autor de este documento clave no había dejado un buen recuerdo en su paso como funcionario británico por Irlanda, donde se opuso a la autonomía legislativa de este territorio.
"Balfour, antes de ser asociado con dicha declaración, estuvo destinado en Irlanda, donde se le conocía como 'Balfour el Sanguinario', tras una masacre de irlandeses en una pequeña localidad del país", señaló el profesor de Política Irlandesa en la Universidad de Queens, en Belfast.
Irlanda del Norte
Aunque su estudio se enfoca en la República de Irlanda, Canavan y Kneafsey señalan que parece existir una gran diferencia entre este país e Irlanda del Norte.
Mientras en el sur se comprueba un apoyo generalizado a la causa palestina, en el norte la opinión está dividida, y esta división responde a las líneas tradicionales del conflicto entre una población católica y nacionalista, y otra protestante y unionista.
"Cada comunidad interpreta el conflicto israelí-palestino a través de su propia historia", dice Liam Kneafsey, y añade:
"Los nacionalistas se ven reflejados en la situación de los palestinos, afectados por la partición, los patrones de asentamiento y la colonización. Por su parte, los unionistas se identifican con el Estado de Israel -asediado u hostigado por sus vecinos- y comparten esa sensación de ser un pueblo asentado que se siente amenazado".
Según los académicos, el conflicto entre estas dos facciones pudo influir, con otros hechos históricos, en el viraje masivo de los irlandeses hacia posiciones pro-palestinas y anti-israelíes.
Según indica Canavan, existen estudios que sugieren que hasta 1967, cuando se produjo la Guerra de los Seis Días en Medio Oriente, persistía un nivel considerable de simpatía hacia Israel entre la población irlandesa en general.
"Parece ser que es a partir de 1967 que la situación empieza a cambiar, al observarse una imposición más marcada del dominio israelí sobre la población palestina", expresa el académico.
Paralelamente, en Irlanda del Norte, en la misma década donde comenzaron los enfrentamientos armados entre facciones, miembros destacados de los grupos nacionalistas trazaron paralelismos entre la lucha del movimiento republicano norirlandés y el movimiento de liberación palestino, y hubo contactos entre el IRA y la OLP.
"Considero que es precisamente en las décadas posteriores a 1967 cuando la opinión pública irlandesa experimenta una transición definitiva: se pasa de una situación de incertidumbre -en la que existía simpatía hacia ambas partes- a una postura claramente propalestina", concluye Canavan.

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"Antisemitismo"
El apoyo público de la población irlandesa a la posición palestina y sus críticas a Israel han generado cuestionamientos por antisemitismo que se basan, también, en viejas disputas históricas.
Muchos apuntan a la neutralidad de la República de Irlanda durante la Segunda Guerra Mundial, o incluso a años previos.
"Antes de la guerra, empieza a manifestarse un antisemitismo más abierto en Irlanda, y una parte del establishment político —y tal vez del país— se posiciona a favor de Alemania; en otras palabras, se niegan a distinguir entre el nazismo y las democracias occidentales", dice Yanky Fachler, el presidente de la Sociedad Histórica Judía de Irlanda.
Otros dos hechos durante ese conflicto son utilizados para apuntar al gobierno irlandés durante aquellos años: una es el rechazo a recibir un número significativo de refugiados judíos y otro es las condolencias presentadas por el presidente Eamon de Valera tras la muerte de Hitler al representante alemán en Dublín.
"No creo que eso estuviera motivado por el antisemitismo. Más bien se trató de la estricta adhesión de De Valera a lo que él consideraba el protocolo diplomático. Y no reflejaba a la población irlandesa en su conjunto, que celebró en las calles la derrota del nazismo", dice Canavan y añade:
"Irlanda debería haber acogido a más refugiados durante el Holocausto. Esa es otra de las manchas en el historial del país, pero la República nunca ha tenido un antisemitismo respaldado por el Estado que expulsara a los judíos como vimos en otras naciones de Europa Occidental".

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En su estudio, los dos académicos realizaron preguntas abiertas y cerradas para detectar posiciones o declaraciones antisemitas en la población.
"De hecho, encontramos más islamofobia que antisemitismo. Hay más personas que se sienten incómodas, por ejemplo, ante la idea de tener un vecino musulmán que ante la de tener un vecino judío; algo que es lo opuesto a lo que predeciría una explicación basada en los prejuicios para justificar las simpatías irlandesas hacia los palestinos", señala Kneafsey.
Según Fachler, al finalizar la Segunda Guerra Mundial había de unos 4.000 a 5.000 judíos en Irlanda, pero hoy él estima que esa cifra gira alrededor de los 2.500.
La comunidad la integran -en sus palabras- grupos tan distintos como los descendientes de los llegados a fines del siglo XIX huyendo de los pogromos en la Rusia zarista como también los israelíes que trabajan para compañías tecnológicas.
"Entre muchos de los miembros de mayor edad de la comunidad judía existe ahora una sensación clara de que la seguridad que habían dado por sentada durante 120 o 130 años se ha esfumado, así que la situación no es cómoda", concluye Yanky Fachler.
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