El fumador y tomador que ahora corre maratones

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- Autor, Ben Dirs
- Título del autor, BBC
Es posible tener un gran talento y no saberlo. En el fondo de su ser puede haber un pianista, un pintor, un poeta... Es probable incluso que usted sea el mejor titiritero del mundo y nunca lo sepa.
En 2007, Steve Way no se sentía bien: no sólo comía demasiado, sino que también fumaba y bebía alcohol. Perdía el tiempo mientras engordaba silbando en la cama, molestando a su mujer, cansado de la vida.
El mismo Steve Way que, a los 40 años, llegó de décimo lugar en el maratón de los juegos de la Mancomunidad británica en Glasgow. Pasó de tener niveles de grasa preocupantes a correr prodigiosamente rápido. ¿Han oído aquella frase de Muhammed Ali sobre el golf? "Soy el mejor, pero no lo he jugado nunca".
"Nunca me interesé en los deportes mientras estudié en la escuela", contó Way a la BBC, antes de la competencia. "Era muy bueno en matemáticas y física, un poco geek. Pero también me divertí mucho durante mis 20's".
"Las salidas con los chicos en Bournemouth estaban llenas de alcohol, cigarrillos y kebabs a altas horas de la noche. El gran cambio se produjo cuando cumplió 33 años, en septiembre de 2007. Pesaba más de 100 kilogramos y fumaba unos 20 cigarros al día. Pasaba noches sin dormir por causa de la tos. No fue nada agradable".

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"Estaría mintiendo si dijera que tuve una epifanía en ese instante, pero no me gustó la persona que vi en el espejo. Recuerdo haber sentido que era el momento de hacer algunos cambios. Aunque no estaba clínicamente deprimido, no tenía metas en la vida. No había nada capaz de excitarme".
"Necesitaba encontrar algo donde pudiera enfocar toda mi atención, que me pudiera ayudar a bajar de peso y a alejarme de los cigarrillos. Para enterrar los vicios, hay que encontrar una adicción igual y opuesta. Necesitaba encontrar una pasión".
Los cambios
Sería ingenuo pretender que Way no tuvo idea de sus talentos hasta ese día. En 2006, se inscribió en el maratón de Londres, entrenó durante tres semanas y terminó en poco más de tres horas, un tiempo nada despreciable para un corredor decente. Después de lo cual, Way abandonó sus zapatillas de correr y volvió a su rutina durante 18 meses.
Pero luego, cuando finalmente se apasionó y decidió abandonar sus vicios, Way se volvió muy rápido en un espacio de tiempo milagrosamente corto. Siete meses después de salir de su crisálida, consiguió terminar el maratón de Londres en 2:35.26 y terminar en el puesto número 100.
Sus viejos amigos no sabían que pensar, sólo le decían "has cambiado". El cambio puede ser un pecado capital en los grupos de amigos muy unidos. "Les contaba entenderlo, sobre todo porque estaba socializando cada vez menos. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, lo feliz que me hacía correr".
Si pensaba que esta historia ya era lo suficientemente fantástica, oiga esto: Way ha logrado combinar unos 210 kilómetros a la semana, con su trabajo de 9-5 en un banco.
"Correr es una elección, no mi empleo", dice. "Al principio de este viaje tenía una carrera bien remunerada en el área de tecnología de la información, pero las horas no encajaban con mi entrenamiento. Entonces cambié de trabajo, asumí un considerable recorte salarial e hice algunos sacrificios".
"Debo ser un poco egoísta. Entrenar ocupa una gran parte de mi tiempo. Cuando me casé, no era la persona que soy ahora, pero mi esposa Sarah ha sido un gran apoyo. Ella observa cuan feliz me hace correr y la pasión que nos ha traído como pareja".
A Way le preguntan muy a menudo qué hubiese sido de su carrera como corredor si hubiera empezado a entrenar antes. Pero, ¿por qué preocuparse por lo que pudo haber sido el pasado, si el presente es tan satisfactorio?
"Ahora tengo lo mejor de dos mundos. Puedo seguir teniendo una vida social placentera, aunque no incluya los viernes y sábados por la noche, y también conservar la pasión y emoción del correr".
Uno tras otro
Way ahora se ha clasificado para los juegos de la Mancomunidad Británica por estar entre los tres primeros ingleses en culminar el Maratón de Londres de este año. Delante de él, culminó Mo Farrah -tres veces campeón mundial y campeón olímpico en dos ocasiones- y Chris Thompson. Y eso no es lo más sorprendente.
Tampoco lo es el hecho de que Way terminó de número 15 en el maratón con un tiempo de 2:16.27 o el hecho de que pasara la noche anterior de la carrera en una van estacionada en el patio de su primo en Kent. Lo más asombroso es el hecho de que no entrenó para la competencia, pues esperaba "tomársela con calma" en compañía de amigos.
"La posibilidad de representar a mi país en Glasgow no estaba en mi radar", asegura. "Estaba usando al maratón de Londres como un entrenamiento para los 100 km (UK Championships) que se corrían en mayo. Pero semana y media antes, me di cuenta de que estaba en mi mejor forma. No sé cómo lo hice, pero decidí competir".
"Ese día me sentí muy bien, hice una gran carrera. Recuerdo cuando vi la línea final, había mucha gente alrededor y la cámara comenzó a seguirme".

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"En ese momento supe que saldría en la tele y que mi madre estaría mirando. Fue un momento espectacular e hice que todos esos meses de entrenamiento valieran la pena". Dos semanas más tarde, Way ganó la carrera de 100 kilómetros con una ventaja de 46 minutos.
Aunque el ascenso de Way ha sido tan increíble hasta ahora, él ha sido realista sobre sus chances en Glasgow. Cuatro kenianos terminaron mucho antes que él en Londres. El ganador, Wilson Kipsang, lo venció por 12 minutos.
Pero para un hombre que empezó a correr únicamente para perder peso y abandonar el cigarrillo, el sólo hecho de compartir la línea de partida con Kipsang, ya es un sueño.
"Durante unas buenas dos semanas después de que me seleccionaron para Glasgow todo ha sido un poco surrealista", dijo Way antes del inicio de los juegos de la Mancomunidad. "Pasar de un adicto a la televisión a representar a mi país en una competencia era difícil de entender".
Way era muy talentoso y no se había dado cuenta. Al menos lo hizo antes de que fuera demasiado tarde.

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