Así es un día en un avión de búsqueda del vuelo MH370

- Autor, Jonathan Head
- Título del autor, BBC
Las misiones parten de la base aérea de Pearce en el suroeste de Australia.
Con sus grandes hélices de cuatro hojas, el Orion P3 parece un avión del pasado.
La aeronave en la que sobrevolamos el sur del Océano Índico fue comprada por la Fuerza Aérea de Nueva Zelanda en 1966.
Esta máquina impresionante fue fabricada antes de que naciera la mayor parte de sus tripulantes, pero sigue siendo el avión ideal para enfrentar el desafío descomunal de buscar rastros del vuelo MH370, que desapareció con 239 personas a bordo el 8 de marzo.
Los tripulantes forman un equipo disciplinado, habituado a convivir en este espacio limitado durante largos vuelos sobre el Pacífico.
La misión está dirigida por el capitán Brett McKenzie, un piloto con 25 años de experiencia, quien comandó varios Boeing 747 de la aerolínea Air New Zeland antes de su trabajo en el Orion.
Su copiloto es el lugarteniente Eric King, un militar británico de la Royal Air Force, la Real Fuerza Aérea del Reino Unido, con traslado temporal a Nueva Zelanda. El Reino Unido ya no cuenta con ninguna aeronave de búsqueda marítima de amplio espectro desde que se cancelara el proyecto Nirmrod hace cuatro años.

Barriendo el mar
La mayor parte del interior de la aeronave diseñada en la década del 50 está ocupada por una secuencia de enormes pantallas que transmiten sin cesar señales del formidable arsenal de sensores del P3.
El avión tiene radares que permiten barrer la superficie, además de cámaras infrarrojas y de alta definición que giran permanentemente 360 grados y un detector de submarinos.

Fuente de la imagen, AFP GETTTY
Durante gran parte del vuelo de 11 horas, varios tripulantes permanecen sentados frente a las pantallas registrando e identificando cualquier dato de interés.
Un objeto de gran magnitud podría ser localizado fácilmente, pero estos expertos saben que es poco probable detectar restos en el vasto sector de 4.000 km cuadrados que sobrevuelan en esta misión.
Más probable es que hallen algún objeto flotante, como asientos de un avión. Y para identificar un objeto de este tipo ninguna tecnología puede sustituir la capacidad de discernir del ojo humano.
Volamos rumbo a un área 2.500 km al suroeste de Perth, en el sur del Océano Índico.
Nos llevará cuatro horas llegar a ese sector y luego habrá tres horas de búsqueda antes de regresar. No hay sitios cercanos para aterrizar si surge algún problema.
Cuando llegamos al lugar de búsqueda, el capitán McKenzie hace que el P3 descienda rápidamente a través de las nubes hasta una altura cercana a 100 metros sobre la inmensa superficie del mar.
Todos deben llevar salvavidas en esta parte del vuelo y nos han enseñado a utilizar trajes especiales de inmersión en caso de un accidente. Pero el P3 es increíblemente estable durante las horas de vuelo a baja altura.
Concentración intensa
Los tripulantes se trasladan ahora hasta las pequeñas ventanas ovaladas de la aeronave. Llevan cascos con auriculares para comunicar cualquier hallazgo y marcadores para anotar distancias y coordenadas.

Entonces comienzan literalmente a escanear el mar metódicamente con la mirada, moviendo sus ojos en una y otra dirección rítmicamente, buscando cualquier objeto inusual entre el paisaje infinito de olas.
Es un ejercicio que han realizado muchas veces en el pasado, en otras misiones de búsqueda y rescate en el Océano Pacífico.
El P3 vuela siguiendo una línea imaginaria durante 200 km y luego hace un recorrido similar en sentido contrario, en un movimiento similar al de una cortadora de pasto.
En este sector remoto no se ven barcos, aparte de una única nave noruega que participa en la búsqueda.
En determinado momento pasamos por un gran grupo de delfines surcando olas.
La concentración es intensa mientras todos están atentos al posible anuncio de cualquier novedad del MH370. Cada 30 o 45 minutos, los tripulantes sentados junto a las ventanas son reemplazados por compañeros para descansar los ojos.
En cierto momento el avión se desvía para investigar informes de un gran objeto fuera de nuestra área de búsqueda, pero se trata simplemente de una enorme masa de algas marinas.
La última tarea antes de regresar es hacer descender al mar una gran boya con GPS, sistema global de navegación por satélite, que transmitirá información sobre las corrientes.
Cuando dos tripulantes con arneses de seguridad abren la puerta trasera de la aeronave para lanzar las boyas se siente una corriente intensa de aire frío.
Una puesta de sol gloriosa comienza a dibujarse en el horizonte mientras el avión asciende súbitamente para iniciar el regreso a Perth.
Ahora los tripulantes pueden finalmente relajarse y algunos calientan comidas en un microondas antes de encontrar un lugar para sentarse a cenar y leer el diario o un libro mientras el capitán McKenzie los lleva de regreso a casa.
Una vez que aterricen habrá una reunión de evaluación y luego de algunas horas de sueño todo estará listo para una nueva misión de búsqueda.









