Esperando el Mundial en una cárcel de Brasil

Penitenciaria Itaí, Sao Paulo
Pie de foto, Definitivamente, la llegada del Mundial 2014 se saborea de un modo peculiar dentro de la "Torre de Babel" de las prisiones brasileñas.
    • Autor, Gerardo Lissardy
    • Título del autor, BBC Mundo, Brasil
  • Tiempo de lectura: 3 min

Murat Kaya es uno de esos fanáticos del fútbol que vibra con la proximidad del Mundial de Brasil. Alentará a Holanda, el país donde creció tras emigrar desde Turquía. Pero aunque está en Brasil no podrá hacerlo en la tribuna: desde hace dos años, está preso en Sao Paulo.

Su lugar de reclusión es Itaí, una cárcel sólo para extranjeros donde hay 1.474 prisioneros de 83 países. La gran mayoría está allí por tráfico de drogas, como Kaya, que cumple una pena de cuatro años y 10 meses tras ser detenido en el aeropuerto internacional de Guarulhos.

Pero, pese a todo, Kaya tiene planes mundialistas.

"Oí del director que van a organizar un campeonato de presos contra guardias", dice. "Si lo hacen, espero poder participar, porque me gustaría jugar con ellos... Y ganarles", agrega. Y sonríe.

Definitivamente, la llegada del Mundial 2014 se saborea de un modo peculiar dentro de la "Torre de Babel" de las prisiones brasileñas.

"Un sueño"

Los campeonatos de fútbol con presos agrupados por países son frecuentes en Itaí, una zona rural unos 300 kilómetros al oeste de Sao Paulo. Por su diversidad, organizar un Mundial paralelo es bien factible en esa cárcel. Y Argentina, Colombia, Chile, Uruguay, España, Italia, Holanda, Portugal, Nigeria o Ghana, países clasificados a Brasil 2014, podrían tener selecciones de presos de 11 jugadores.

En los campeonatos por naciones que se realizan en el patio de la cárcel "se consagran campeones", cuenta el director de la penitenciaría, Fernando Ricardo Renesto, pero en seguida aclara con humor que "eso no define qué país es el mejor, porque aquí no tenemos al fútbol brasileño… Son todos extranjeros".

En cada celda desbordada de Itaí -que tiene un promedio de nueve presos conviviendo, aunque la capacidad máxima es de seis- falta espacio, pero no TV: hay permiso para una pantalla chica por unidad.

"Van a tener acceso normal a todos los partidos transmitidos por televisión", asegura Renesto.

Y agrega que ya hubo gran interés por la Copa de Confederaciones de este año en Brasil, al punto que los reclusos preferían perderse su baño de sol diario para ver los partidos.

En cierto modo, el fútbol les sirve para olvidar. Al menos durante 90 minutos.

Algunos hacen apuestas, otros como Kaya quieren que pierda Brasil ("estamos presos en Brasil, por eso estamos en su contra") y otros, como el japonés Yuzo Yamaguchi, dicen que alentarán por el país anfitrión porque absorbieron su pasión por el fútbol. Pero pocos parecen indiferentes a la gran fiesta del balompié que se aproxima afuera.

"Es un sueño del 85% de los extranjeros que están aquí presos: salir para poder ver la Copa del Mundo", apunta Paulo Francisco Mendes, un angoleño que cumple condena por tráfico de drogas.

"Bomba de relojería"

La relación entre fútbol y cárcel está lejos de ser algo nuevo y a veces ha llegado a reflejarse en el cine.

Ocurrió en Victory ("Fuga a la victoria"), aquella película de John Huston de 1981, con Michael Caine, Sylvester Stallone y grandes del fútbol como Pelé, Osvaldo Ardiles o Bobby Moore, en la que un equipo de presos aliados enfrenta a un cuadro de alemanes en la Segunda Guerra (inspirada a su vez en el "Partido de la Muerte" que enfrentó de verdad a futbolistas ucranianos contra alemanes en Kiev, 1942).

Más recientemente también estuvo Mean Machine ("Jugar Duro"), una película de 2001 donde actúa el exfutbolista profesional inglés Vinnie Jones, como un condenado a la cárcel que entrena a un equipo de prisioneros para enfrentar a los guardias en un partido.

Dionisio Padron, preso español
Pie de foto, Algunos creen que el Mundial también puede dejar huella al interior de los altos muros de Itaí.

También hay numerosos ejemplos sociales.

En Brasil, único pentacampeón del mundo y uno de los cinco países con más cantidad de presos en el planeta, existen varios vínculos entre el Mundial y prisioneros.

Por ejemplo, una veintena de reclusos brasileños trabajó en la remodelación del estadio mundialista Mineirão, en Belo Horizonte, dentro de un proyecto de reinserción social.

Y en la ciudad de Manaos, en el norte del país, la justicia propuso en septiembre que tras los cuatro partidos mundialistas que se jugarán en él, el estadio Arena Amazonia, de US$280 millones, se convierta en una prisión provisoria. La idea busca paliar la superpoblación carcelaria local con ese estadio de dudosa utilidad tras la Copa.

Algunos creen que el Mundial también puede dejar huella al interior de los altos muros de Itaí.

"Es una bomba de relojería un Mundial de fútbol, porque son puertas abiertas para que muchas 'mulas' entren a buscar droga en Brasil", imagina Dionisio Padrón, un preso español detenido en 2008 en el aeropuerto de Sao Paulo con cocaína líquida rumbo a Europa.

"Va a ser una oportunidad para mucha gente", advierte. "Yo calculo que va a aumentar la población aquí".