MSF: "abandonar Somalia es una derrota enorme"

- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC
Después de brindar ayuda humanitaria a Somalia durante 22 años, la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras (MSF) tomó la decisión de abandonar el país. El fin de las operaciones se debe a los "ataques extremos contra su personal", dice la organización en un comunicado.
Para entender mejor las razones que impulsaron a la organización a retirar a su personal (cerca de 1.500 personas) que en algunas regiones de Somalia, es el único capacitado para brindar asistencia médica, BBC Mundo conversó con José Antonio Bastos, quien trabajó como jefe de la misión de MSF en Somalia en 1994 y quien visitó el país en numerosas ocasiones posteriormente como responsable de operaciones de emergencia.
¿Por qué Médicos sin Fronteras tomó la decisión de abandonar Somalia?

El problema no es nuevo. Desde 1991 hemos sufrido, repetidamente, ataques dirigidos contra nosotros de una brutalidad enormes. En 22 años hemos tenido 15 personas asesinadas, sin contar secuestros, robos y agresiones de otro tipo.
Ha sido una decisión dolorosísima pero la ayuda no la podemos dar en cualquier condición. Cuando la ayuda se manipula o se utiliza militarmente no hay límites éticos. Y, aunque seamos una organización de voluntarios consagrados, dispuestos a mil riesgos, no somos una organización de mártires. No es aceptable que nuestro personal muera en el intento.
Esta decisión va muy en contra de lo que querríamos y fue tomada con muchísimos desacuerdos internos, no fue una decisión unánime ni fácil de tomar, pero hemos llegado al límite y no podemos continuar así.
Pero si el problema no es nuevo, ¿por qué ahora? ¿Cuál fue el detonante?
La decisión está basada en una combinación de factores. En poco tiempo (en diciembre de 2011) asesinaron a dos compañeros en Mogadiscio a sangre fría, de manera completamente premeditada y secuestraron a dos compañeras por 21 meses. Por otra parte, los grupos armados con los que nos habíamos visto obligados a negociar para trabajar en Somalia, no nos han apoyado en nada y nos han demostrado que las garantías que habíamos negociado con ellos no valían para nada.
Podríamos haber tomado la decisión de irnos en diciembre de 2011, pero como teníamos a dos compañeras secuestradas (Montserrat Serra y Blanca Thiebaut), esto podía tener un impacto terrible en ellas y por eso pospusimos la decisión.

Ellas fueron liberadas hace un mes, y por eso, después de unas discusiones internas desgarradoras, tomamos la difícil decisión de abandonar a la población somalí.
El precio es altísimo: el que van a pagar ellos y también Médicos sin Fronteras. Nosotros estamos de alguna manera traicionando nuestra razón de ser. Nosotros existimos para llevar ayuda a poblaciones como la de Somalia. El tener que abandonarlos es una derrota enorme como institución, pero no nos queda más remedio. Sería irresponsable seguir exponiendo a nuestros trabajadores a un riesgo de ataques brutales como los que hemos sufrido y que no podemos controlar.
¿Qué función cumplían ustedes allá?
Mira, solamente en 2012 hicimos cerca de 625.000 consultas de pacientes ambulatorios, unas 42.000 admisiones de pacientes en hospitales, atendimos a 30.000 niños con malnutrición severa, pusimos alrededor 60.000 vacunas e hicimos casi 3.000 operaciones quirúrgicas. Esto lo hacíamos en cinco o seis hospitales distribuidos a lo largo de Somalia, que cuentan con clínicas móviles, unidades de tratamiento de tuberculosis y demás, que ahora se quedan desprotegidos.
¿Cuáles son los problemas de salud más graves que encontraron en Somalia?
Los problemas que tendría cualquier lugar del mundo donde no existe un sistema de salud funcional.
Somalia es un país con una alta prevalencia de tuberculosis, un país, como todos aquellos en conflicto, con una alta prevalencia de mortalidad materna muy superior a lo normal, y cada tres o cuatro años, a raíz de las sequías, hay hambrunas que provocan casos de malnutrición aguda severa.
Además, todos los problemas de salud asociados a vivir en un contexto donde la violencia es rampante, como pueden ser traumas de heridos de bala, o falta de asistencia médica porque han matado al médico o secuestrado al enfermero. Y los problemas de salud mental por vivir en un país en guerra, sin contar los heridos de bala y demás.
La poliomielitis está empezando a ser un problema al igual que en muchas otras zonas donde hay violencia porque no se pueden hacer bien las campañas de vacunación.
También hay malaria en algunas zonas, donde mueren miles de niños cada año.
Si ustedes son una organización humanitaria enfocada en el problema sanitario, ¿por qué creen que son atacados deliberadamente por grupos armados?
En parte porque somos una fuente de recursos visibles. Pero también porque desde el 11 de septiembre de 2001 las estrategias militares de la lucha contra el terror del ejército estadounidense y de la OTAN han utilizado sistemáticamente la ayuda humanitaria como una herramienta para sus estrategias militares y esto ha generado una desconfianza y agresividad creciente contra las organizaciones humanitarias civiles, que no tenemos nada que ver con la guerra contra el terror.
Estamos pagando las consecuencias de esa confusión de imagen y de roles que han creado las instituciones militares y políticas que decidieron en su momento utilizar la ayuda humanitaria como una herramienta en la lucha contra el terrorismo.
¿Qué va a pasar ahora cuando ustedes se vayan? ¿Quién se va a ocupar de la salud de los somalíes?
Nos iremos de la manera más responsable posible. A las instituciones y grupos que funcionan un poco, les intentaremos traspasar nuestro material para que asuman nuestro trabajo, pero en muchos sitios la población se quedará sin asistencia médica.
¿Considerarían regresar?

Sí. Tenemos muy clara la motivación de seguir comprometidos con la intención de ayudar a la población somalí, para lo cual nos hace falta un cierto tiempo de reflexión interna y un tiempo para que las autoridades e individuos en Somalia nos demuestren, en un diálogo con ellos, que podemos volver a trabajar con ciertas garantías dentro del país. Eso va a llevar tiempo.
Personalmente, ¿que siente al dejar Somalia?
Una combinación de tristeza y rabia. Es muy triste, pero a la vez me da mucha rabia por los individuos y las instituciones que pudiendo haber hecho esfuerzos -para ellos pequeños- para protegernos y evitar que nos pase lo que nos ha pasado, no lo han hecho. Ellos son los culpables de que tengamos que dejar Somalia.









