Ataque en Londres: el evento que se temía

- Autor, Dominic Casciani
- Título del autor, BBC
- Tiempo de lectura: 4 min
El sangriento ataque del miércoles en el distrito londinense de Woolwich sorprendió a Reino Unido, pero fue precisamente el tipo de incidente que las fuerzas de seguridad temían desde hacía tiempo.
Ahora que se confirmó que Lee Rigby, la víctima, era un soldado, las señales de advertencia pueden encontrarse en el corazón de la ideología violenta de al Qaeda y cómo ha sido interpretada por sus seguidores en Reino Unido y otros países occidentales.
El ideario de los yihadistas violentos está influenciado por muchos factores diferentes, pero uno común entre quienes han estado involucrados en actos de violencia motivados políticamente es el principio básico de que se oponen a una presencia occidental en el mundo islámico.
Marco de creencias
Algunas veces, cuando los islamistas puramente políticos se refieren a esta presencia, hablan de contaminación cultural, es decir, la llegada de influencias que ellos no quieren ver de manera particular.
Pero para los yihadistas, realmente se limita a la presencia de soldados. Es un marco de creencias entero que considera a estos soldados, sin importar el rol que se les dé bajo la ley internacional, como enemigos del Islam.
Ese argumento se apoya, con frecuencia, en imágenes en internet sobre el sufrimiento de mujeres y niños comunes y corrientes. Todo está diseñado para generar rabia y una sensación de injusticia, el tipo de injusticia que lleva a las personas a pensar que algo debe hacerse al respecto.
Claro, la mayoría de personas que sienten injusticia obviamente la manifiestan de maneras puramente pacíficas. La clave sobre el terrorismo es que esa sensación de injusticia se convierte en la base de quienes creen que la violencia indiscriminada puede generar justicia.
Bilal Abdulla fue el doctor iraquí que trató de bombardear Londres y el aeropuerto de Glasgow en 2007. En su juicio él habló claramente y de manera coherente sobre cómo se radicalizó porque creía que los británicos y los estadounidenses estaban matando a su gente, en vez de liberar al país de un dictador.
El reto para los servicios de seguridad
Además, Reino Unido ha sido el escenario de una serie de protestas por grupos radicales islámicos que se organizaron para protestar específicamente contra los soldados que han sido desplegados en Afganistán.
Una protesta tristemente célebre fue un incidente muy tenso en 2009 cuando una organización, que ahora está prohibida, interrumpió una procesión de bienvenida de un regimiento en Luton, al norte de Londres.
El reto para los servicios de seguridad es establecer quién está simplemente desahogándose y quién va en camino de convertirse, de manera genuina, en una amenaza a la seguridad pública.
Lo que hace aun más difícil esa labor es que los atacantes están trabajando cada vez más solos, sin indicaciones de lo que queda del liderazgo de al Qaeda. Armados con la ideología, se espera que ellos simplemente lleven a cabo los planes terribles que tengan.
Por eso, mientras cada operación de inteligencia antiterrorista comienza con tratar de meterse en la cabeza de un "individuo de interés", en últimas es sobre si son peligrosos o no.
La justificación
Esta base de rabia por el rol de los militares en el extranjero ha formado parte con frecuencia de importantes juicios antiterroristas, pero también ha formado parte de planes de ataque en ocasiones anteriores.
En 2007, una investigación oficial llevó al arresto de un hombre en la ciudad de Birmingham que quería secuestrar un soldado británico. Parviz Khan quería imitar a los yihadistas en Irak al decapitar a un soldado ante las cámaras antes de circular el video en internet. Ahora cumple cadena perpetua.
El incidente antimilitar comparable más conocido en otros lugares es el tiroteo de Fort Hood, en Estados Unidos, en el que 13 personas murieron a manos de un mayor del ejército que, según se informó, se radicalizó gracias a un clérigo de al Qaeda.
Más recientemente, otros dos grupos en Reino Unido fueron encarcelados tras considerar un ataque contra soldados.
Una de estas células habló de atacar Wooton Bassett, un pueblo en el condado de Wiltshire que se paralizaba cuando eran repatriados los cadáveres de los soldados muertos en Irak y Afganistán.
La justificación frecuente de los extremistas involucrados en estos incidentes es que las fuerzas militares llevaron la guerra a los países musulmanes, así que están trayéndola de regreso.
"Debemos pelear contra ellos así como pelean contra nosotros", dijo este miércoles el hombre que apareció en un video con las manos ensangrentadas.
Es, según diversas fuentes consultadas por la BBC, un joven de 28 años que se convirtió al Islam tras finalizar sus estudios en 2001.
Él continúa: "Ojo por ojo, diente por diente".
"Pido perdón a las mujeres que tuvieron que ver esto hoy, pero en nuestro país nuestras mujeres tienen que ver lo mismo".
El miedo al fracaso
Pero hay otra razón que explica por qué se temía este tipo de ataque: la pregunta de si representa un fracaso.
Hemos descubierto que las autoridades "sabían" de los sospechosos. Eso no explica en este punto qué sabía cada agencia y cuándo lo supo, más allá de que habían aparecido en "varias investigaciones" en años recientes pero no consideraban que estuvieran involucrados en la planeación de ataques.

Hay indicios de que uno de los hombres puede haber sido retenido por una agencia de seguridad mientras viajaba en el extranjero, pero los detalles de este asunto no son claros.
Los servicios de seguridad y la policía tienen recursos finitos, por lo que tratan de enfocarse en las amenazas más peligrosas o inmediatas y, luego, procuran investigar lo que puedan sobre otras personas en la "periferia" de esa investigación.
Hace unos años se conoció que el MI5 -el servicio de inteligencia- y la policía tenían información parcial sobre el cabecilla de las bombas del 7 de julio de 2005.
Ambas agencias insistieron que no tenían información de inteligencia que asegurara que él sería una amenaza a la vida.
Así que estas son las preguntas que los servicios de seguridad tendrán que responder ahora: si sabían muy poco o si sabían suficiente para justificar la entrega de más recursos para investigar a los hombres.
La sombra del 7 de julio se posa sobre la comunidad de inteligencia y seguridad porque no quieren ser acusados de cometer un error que cueste vidas.









