Los cacerolazos que consiguieron el recuento de votos

protesta en Caracas
Pie de foto, Las cacerolas forman parte de la banda sonora en las calles de Caracas tras la elección del pasado domingo.

La presión popular de un sector de Venezuela para que hubiese recuento de votos parece haber dado resultados. El jueves en la noche el Consejo Nacional Electoral decidió hacer auditoría al 100% del proceso electoral, tal como exigía el candidato opositor Henrique Capriles.

Abraham Zamorano, corresponsal de BBC Mundo en Caracas, visitó una de las zonas donde cada noche se lleva a cabo el ritual de protesta -y contrarespuesta- de los venezolanos.

Es difícil saber si están festejando o protestando en las intrincadas callejuelas del populoso e inseguro barrio de Petare, cuando dan las ocho, la hora del cacerolazo.

En lo que más que una calle parece un pasadizo que a duras penas serpentea entre las casas derramadas de la mayor barriada de Caracas, chavistas y opositores se dan cita para hacerse ruido.

Los unos pegándole a la cacerola, como les ha pedido Henrique Capriles, y los otros con música, vivas a Hugo Chávez y el apoyo de lo que en una película de guerra serían los refuerzos de artillería, los fuegos artificiales de fondo.

Para el cacerolazo, lo de menos es la cacerola, sirve cualquier cosa, la sartén, por supuesto, y una bombona de gas también, aunque, por ruidosa, sin duda, la estrella es la farola.

Valen las rejas de las ventanas, obligatorias por la alta criminalidad, y hasta una lata de atún como la que aporrea Betty.

"Es que yo no puedo andar con esas cacerolas tan grandes que lleva la gente", dice esta líder opositora de la zona, entre risas, mientras muestra como la lata es "pequeñita pero matona".

Betty trabaja para la alcaldía de Sucre, gobernada por el opositor Carlos Ocariz. Para ellos impulsa programas sociales en la zona. "Pero esto es lo que más me gusta, estar peleando en la calle", dice en una zona a la que se refiere diciendo "aquí mando yo".

"Farolazo"

Las banderas amarillas del partido de Capriles, Primero Justicia, y las características gorras tricolor se ven pronto confrontadas por las camisetas rojas de los chavistas al otro lado de la estrecha calle.

El estruendo hace difícil distinguir quienes gritan "fraude" de los que dicen "Chávez". En un momento dado, el oído puede ser traicionero, al final resulta casi ininteligible.

El "va a caer, este gobierno va a caer" es contestado con "no volverán". "Ellos tienen derecho a su cacerolazo y nosotros a expresarnos", comenta Jonathan Barrios ataviado con su camiseta roja.

El ajustado resultado de las elecciones, ganadas por Nicolás Maduro con un 50,8% frente al 48,9% de Henrique Capriles –que no reconoce la derrota– es explicado por Barrios por la "guerra mediática".

"No hicieron propaganda en la campaña, hicieron una guerra mediática y obstinaron a muchos chavistas", asegura con una sonrisa en la cara en medio del cacerolazo y con la voz de Chávez cantando el himno nacional de fondo.

La conversación la interrumpe "Corazón de un pueblo", la pegadiza canción con la que Chávez hizo campaña en octubre. Ahí se recrudece el estruendo, el "farolazo" se empieza a ser un martillazo constante en el oído.

Exchavistas

En elección del domingo pasado, quedó claro que pasarse de chavista a opositor no es tan poco común como se podía haber pensado.

venezolanos en Petare
Pie de foto, Petare es la mayor barriada de Caracas.

De los casi 8,2 millones de votos de Chávez en octubre, Maduro perdió 700.000, cifra casi idéntica al crecimiento del gobernador del Estado Miranda en las urnas.

"Hace 14 años era chavista. Igual hace 20 me casé con mi esposo, pero no por eso voy a seguir aguantándolo toda la vida. Cuando hace falta un cambio se hace. Y con Chávez no me casé", dice Ivone Manjarrés, mientras le pega cada vez más rápido a la cacerola.

Su hermana, Margery, también fue chavista y se considera engañada. "No hacían nada por nosotros, vino Capriles de gobernador y nos ayudaron con materiales a levantar la casa donde vivo dignamente", dice.

"La inseguridad mató a mi hermano", se queja, y segura de que en realidad fue Capriles quien ganó las elecciones, asegura que seguirá sus instrucciones para que se haga la auditoría de los votos que exige el líder opositor.

"Me siento indignada", sentencia.

Esa rabia precisamente ha derivado en algunos focos de disturbios a lo largo de la semana, aunque parecen de momento algo impensable en Petare, donde un grupo de opositores marchaba atravesando el piquete de unos chavistas sin más roce que el esgrimir de pancartas. No en vano, son vecinos de toda la vida.

Es más, en este barrio, zona que se disputa el dudoso honor de la más alta tasa de homicidios de América Latina, se puede decir que, pese a todo, los vecinos son muy venezolanos en un sentido, el humor con que al final se lo toman casi todo.