Medio siglo del "oui" y el "ja" que crearon Europa

A pesar de los altos y bajos en las relaciones de ambos países, Francia y Alemania celebran, este martes, 50 años de la firma del Tratado de los Eliseos, que constituyera la antesala de la Unión Europea. ¿Qué significado tiene la reunión entre Francois Hollande y Ángela Merkel en el momento que está pasando Europa?
No cabe duda de que no es el mejor momento para el bloque europeo. El colorido de la fiesta y el sonido de los fuegos artificiales poco pueden hacer por ahogar el ruido que la crisis económica está introduciendo entre los socios de la Unión.
<italic>Gavin Hewitt, editor para Europa de la BBC, desmenuza las claves del momento por el que pasan ambos países. Y, por encima de ellos, Europa. </italic>
El 22 de enero de 1963 el General Charles de Gaulle, de Francia, y el canciller alemán Konrad Adenauer, firmaron en el Palacio del Elíseo, en París, el Tratado Germano-Francés de Amistad. Este martes el histórico momento será celebrada por todo lo alto, en Berlín.
La piedra fundadora del proyecto europeo ha sido la cooperación franco-alemana. Alguna vez el General Gaulle describió a Europa como "un carruaje con caballos, donde Alemania representa a los caballos y Francia al jinete."
A pesar de los altos y bajos en la relación, Alemania y Francia fueron y son los diseñadores de la Unión Europea, la misma que hoy la tiene difícil. La canciller Merkel y el presidente Hollande se reunirán, en estos 50 años de la firma del tratado, para hablar con confianza no sólo respecto a las relaciones franco-alemanas, sino también sobre el futuro de Europa.
En Berlín la bandera de Francia ondea con el viento, al lado de la alemana. Entre los eventos se cuentan una reunión de gabinete en conjunto, una cena y un concierto. Más de 500 miembros del Parlamento francés viajaron hasta Berlín para una reunión en conjunto con el Bundestag (Parlamento Federal alemán). Se trata de un festival de la amistad.

La relación, en muchos niveles, es notablemente profunda. Ha habido ocho millones de intercambios estudiantiles entre ambos países. Más de 2.000 ciudades francesas y alemanas tienen un acuerdo de mutuo apoyo. Las puentes políticos son igualmente sólidos, aunque a veces tempestuosos.
Hubo momentos de esta historia que han sido emocionantes, como en 1984, cuando François Mitterrand y Helmut Kohl visitaron un cementerio de la Primera Guerra Mundial, en Verdún, Francia.
Pero también ha habido momentos complicados, como cuando el presidente Chirac y el canciller Schroeder se detestaron mutuamente antes de aprender a trabajar juntos.
El presidente Sarkozy y la canciller Merkel, a pesar de las discusiones, se volvieron aliados y amigos durante la pelea por salvar el euro.
Diferentes visiones
Las celebraciones de esta semana no pueden camuflar el hecho de que las relaciones no son fáciles. Por el lado del presidente Hollande, aún permanece ese sabor amargo de que Merkel haya apoyado, públicamente, a Sarkozy durante las elecciones en Francia.
Hollande siempre ha pensado que los alemanes están equivocados al dar tanto énfasis a las medidas de austeridad y el recorte de los presupuestos. Ha desafiado al poder alemán, una y otra vez, y ha insistido que "no es el papel de Alemania el decidir por el resto de Europa".
Hollande, en algunas oportunidades, incluso se ha cuadrado con los italianos y los españoles, en contra de Alemania. En más de una ocasión ha sugerido que las acciones de Merkel en Europa están influenciadas por las elecciones que tendrán lugar en Alemania en septiembre.
El fondo del problema es que los dos países ya no son iguales. El éxito económico ha hecho de Alemania el poder indispensable de Europa. Una encuesta reciente sugiere que los alemanes perciben la relación entre ambos países de un modo mucho más igualitario que sus pares franceses, que se ven convertidos hoy en un socio menor de Alemania.
Sarkozy, en su momento, llegó a decirle a los franceses que deberían parecerse más a los alemanes, aunque aquella frase no agradó mucho entre los electores. Un tercio de los franceses, en una encuesta reciente, manifestaron envidia y desconfianza hacia los alemanes.
Los alemanes, abiertamente, se han preocupado por Francia. Un titular reciente de un periódico local rezaba "Francia, ¿la nueva Grecia?" En Berlín se cree que Hollande ha desperdiciado sus primeros meses en el poder. Los alemanes han notado una baja en la competitividad de sus pares franceses. Incluso han recalcado que España, Italia y Grecia están haciendo más por reformar sus economías que la misma Francia.
El expresidente francés, Valery Giscard d'Estaing, dijo en su momento que Europa "no puede seguir avanzando con el motor franco-germano". Ulrike Guerot, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, dijo que "Francia debe reconquistar su estabilidad para ponerse a la par de Alemania, por el bien de Europa".
Por ahora, sin embargo, esa amistad que Alemania y Francia sellaron en un papel hace cincuenta años sigue constituyendo la base del mecanismo de integración multinacional más exitoso que haya conocido la Humanidad. En ese sentido, tienen motivos para celebrar.









