"La paz la están negociando los que no vivieron la guerra"

Miguel Gómez Martínez, Partido de la U
Pie de foto, El diputado Gómez pertenece al mismo partio del presidente Santos: el Partido de la U.

Según las encuestas, la mayoría de los colombianos apoya el inicio de conversaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

Pero no todos en el país están convencidos de que esa sea una buena idea.

Y entre los críticos de las gestiones adelantadas por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos hay incluso miembros de su propio partido, el oficialista Partido de la U.

Uno de ellos es el Representante a la Cámara por Bogotá Miguel Gómez Martínez.

BBC Mundo conversó con el diputado Gómez para conocer sus objeciones al proceso, que arranca este lunes en La Habana.

<link type="page"> <caption> Vea toda nuestra cobertura del proceso de paz.</caption> <url href="http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/cluster_proceso_paz_colombia_farc.shtml" platform="highweb"/> </link>

<bold>Tanto a nivel internacional como en la misma Colombia -si se le cree a las encuestas- el anuncio de que el gobierno se va a sentar con la guerrilla de las FARC para negociar su posible desmovilización ha sido muy bien recibido. ¿Por qué a usted no le parece tan buena idea?</bold>

No, (en realidad) yo creo que es una magnífica idea y tengo mucha esperanza de que las cosas salgan bien. Pero una negociación es un planteamiento de mediano plazo y tengo la impresión de que el gobierno colombiano no tiene claridad sobre los puntos a los que quiere llegar, ni cuáles son las etapas que quiere cubrir. Y mientras el objetivo y las etapas no estén bien definidas me parece que la negociación es improvisada.

Pero yo, naturalmente, como cualquier colombiano, aspiro a la paz.

<bold>¿Entonces no objeta la decisión de conversar, sino la forma en la que se está conduciendo el proceso?</bold>

Creo que hay un error de fondo y es creer que las FARC quieren la paz. Las FARC lo que quieren es una parte del poder. Y han sido coherentes en los últimos 30, 40 años en buscar quedarse con una parte del poder. Entonces de un lado de la mesa tenemos a los colombianos que quieren la paz y del otro lado tenemos a las FARC, que representan al 0.8% de la población colombiana, pero quieren una parcela del poder.

<bold>Pero el gobierno no les va a poder dar eso en la mesa de negociaciones. Si acaso les ofrecerá garantías para que puedan participar en la vida política, y ya luego serán los colombianos los que decidan que tanto poder quieren darles…</bold>

Eso sería cierto si no hubiera de por medio la relección del presidente Santos. Uno de los problemas que tiene el presidente Santos es que si él no obtiene un acuerdo de paz su relección va a estar comprometida, su imagen política va a estar muy afectada. Entonces estamos sentándonos a negociar en unas condiciones en las cuales los argumentos electorales pesan más que los argumentos nacionales.

Y mi preocupación es que las elecciones vienen primero que la nación. Y veo al gobierno muy empeñado en lograr un acuerdo sin importar cuales sean las consecuencias y los costos de ese acuerdo.

<bold>Condiciones perfectas nunca van a haber. Si no es una reelección, serán otros los riesgos…</bold>

Cierto, pero hay unos elementos que no son negociables. Y hay dos elementos que al gobierno lo ponen muy incómodo. Uno, es el narcotráfico. Las FARC como la mayoría de los movimientos delincuenciales colombianos viven, directa o indirectamente, del narcotráfico. Y entonces la solución a los problemas de Colombia implica encontrar una alternativa a los ingresos derivados del narcotráfico.

El otro tema que incomoda mucho al gobierno son las víctimas. Las FARC han generado a lo largo de 30, 40 años de actividad terrorista un número muy importante de víctimas. Y creo que el gobierno no está suficientemente preparado para enfrentar esos dos capítulos de la negociación.

<bold>¿Le preocupa que se busque la paz a costa de justicia para las víctimas?</bold>

Marcha en Colombia
Pie de foto, Para Gómez, es importante no olvidar a las víctimas del conflicto.

Totalmente. Creo que ese es uno de los dilemas de la negociación. De un lado los colombianos queremos la paz, los otros quieren el poder. De un lado queremos justicia, del otro quieren impunidad. Y creo que esa dicotomía era viable antes de que existieran instrumentos internacionales que protegen a las víctimas.

Pero hoy en día los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario tienen que ser respetados. Y las FARC han violado de manera sistemática y abierta tanto los derechos humanos como el DIH, entonces no podemos olvidar a las víctimas en la paz de Colombia. Si olvidamos a las víctimas no va a haber paz.

<bold>¿Y no se pueden garantizar las dos cosas?</bold>

Claro que sí. La justicia transicional acepta mecanismos alternativos. Y yo no estoy en contra de ellos. Pero parten de la base de que las FARC acepten que han cometido violaciones a los derechos humanos. Y cuándo le preguntaron a las FARC en las primeras reuniones qué pensaban de las víctimas dijeron que las víctimas eran ellos, y no los colombianos que han sufrido en carne propia el secuestro, la extorsión, la desaparición, los hechos relevantes del terrorismo.

Me parece que tenemos primero que aceptar la verdad y luego hablar de paz. Mientras no aceptemos la verdad, la paz va a ser imposible.

<link type="page"> <caption> Lea también: FARC: "Somos víctimas de esta guerra"</caption> <url href="http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/09/120913_farc_entrevista_bbc_rodrigo_granda_colombia_jp.shtml" platform="highweb"/> </link>

Yo estoy además absolutamente convencido de que quienes están negociando la paz nunca vivieron la guerra.La guerra se hace entre combatientes. Y la paz se hace entre quienes estuvieron en el combate. Y hoy por hoy, ni los negociadores de la guerrilla, ni los negociadores del gobierno conocen realmente lo que ha sido esta guerra.

Estamos hablando entre "políticos". Los políticos de las FARC y los políticos del gobierno. Y resulta que la guerra la vivieron los colombianos de a pie, los colombianos que fueron abandonados por el Estado, las familias de los militares. Y la gente que estuvo en el combate no es la que está representada.

Ésta es una paz de la oligarquía, una paz bogotana. Y me parece que la comunidad internacional comete un error muy grande al creer que ésta es una negociación entre Colombia y las FARC. Hoy por hoy, si el gobierno no corrige eso, es una negociación entre un Estado oligárquico y las FARC.

<bold>¿Cuál sería la diferencia entre una paz negociada por estos "políticos" y una paz negociada por las víctimas?</bold>

Sería muy diferente porque quienes han sufrido el dolor, son capaces de perdonar. Quienes no han sufrido el dolor lo único que pueden hacer es concesiones políticas. Yo creo que las víctimas de la guerra son aquellos que pueden perdonar. Los que han vivido la guerra como un escenario distante tiene frente a la paz y ante la guerra una visión puramente teórica.

<bold>Otra lectura es que la propuesta de paz de la élite bogotana, modernizante, choca con los intereses de la burguesía rural, de los grandes latifundistas…</bold>

Esa es una nueva lectura de la realidad colombiana, la idea de que hay unos burgueses modernizantes y unos campesinos anacrónicos…

<bold>Más que campesinos, terratenientes.</bold>

Sí, en el fondo gente de origen campesino, que trabaja el campo, que trabaja la ganadería, que es una gente…

<bold>Disculpe, pero no es lo mismo ser campesino que terrateniente.</bold>

Marcha de campesinos colombianos
Pie de foto, Los habitantes de las zonas rurales han sido los más afectados por el conflicto.

No, pero es un poco la idea de que son unas personas de un nivel analítico poco sofisticado frente a unas élites sofisticadas. Y el problema de fondo de esa dicotomía, de esa idea de una sociedad a dos velocidades, es que la paz es para los colombianos. No para los colombianos urbanos que nunca vivieron la guerra, sino sobre todo para los colombianos rurales que fueron quienes padecieron la guerra durante 40 años.

Entonces si se trata de hacer la paz uno no puede decir: 'No, los colombianos rurales que son primarios, que no entienden la dinámica global, geopolítica, que no entienden que despareció la Unión Soviética, que no entienden el 11 de septiembre, que no entienden que el terrorismo es una forma impropia de acción política; esos colombianos, que son los que han sufrido la guerra, no van a estar en la mesa. En cambio vamos a negociar los grandes plutócratas, los grandes representantes de las empresas, vamos a negociar los periodistas, los jefes de los partidos; esa Colombia burguesa y urbana que en el fondo es la que no ha sufrido las consecuencias de la guerra'.

Yo lo que digo es: la guerra la han hecho los pobres y la gente del campo y por lo tanto en la mesa no los podemos excluir.

<bold>Pero el punto es también reconocer que hay intereses, sectores que pueden estar en contra del proceso de negociación porque lleva implícita, por ejemplo, la promesa de una revisión de la forma de tenencia de la tierra, de una reforma agraria, etc. No estamos hablando de campesinos sino, de terratenientes que son los que en su momento financiaron a los grupos paramilitares, que también contribuyeron a la violencia en esas regiones…</bold>

Cierto. Usted tiene razón. Las élites agrarias de nuestro país, desprotegidas por el Estado, cayeron en el paramilitarismo, que es un fenómeno absolutamente lamentable y triste de nuestra historia. Pero lo que hace falta para conseguir la paz no es tanto un acuerdo con la guerrilla sino un Estado fuerte. Un Estado que sea capaz de garantizar el imperio de la ley en los 1.100 municipios de Colombia.

Y resulta que en un número muy importante de municipio de nuestro país, me atrevería a decir que en el 40%, incluso el 50%, el Estado es puramente simbólico. Entonces qué pasa, que el Estado es remplazado por fenómenos de poder violento, como el paramilitarismo, como la guerrilla, el narcotráfico.

Entonces creemos que porque vamos a filmar un papel en Oslo o en La Habana… Mientras el Estado colombiano no sea suficientemente fuerte cualquier proceso de paz es un hecho simbólico. Entonces lo que yo digo es: 'A ver, primero un Estado fuerte, un Estado capaz de representar la ley, el orden y naturalmente la justicia social'.

<bold>Y para tener un Estado fuerte, ¿cuánto tiempo más se necesita? ¿Estamos hablando de posponer las negociaciones de paz por 50 años más?</bold>

Es que ninguna democracia se ha improvisado. Todas las democracias pasan por unas etapas en los cuales los procesos maduran, evolucionan y se fortalecen.

En Colombia, por muchas razones históricas, nuestra democracia es débil, simbólica. Y hoy en día queremos jugar el juego como que esta fuera una democracia plena. Y no lo es. Es una democracia que a nivel local, en muchos municipios de nuestro país es dominada o por la guerrilla, o por el narcotráfico, o por los paramilitares. Entonces decir, "es que la democracia colombiana…". ¿Cuál democracia colombiana?

<bold>Para hacer a esa democracia realidad uno de los pasos sería, precisamente, permitir la participación de esos grupos que hace 50 años estaban prácticamente excluidos del concierto político…</bold>

Yo no tengo absolutamente ningún problema en que miembros de la guerrilla, ojalá que no hayan cometido crímenes de lesa humanidad, formen parte del Congreso. No tengo ningún problema en compartir el Congreso con personas así… No tengo ningún problema, me parece que ese es el problema menos importante… Para eso son las instituciones, para adecuarse a la realidad.

Pero en el terreno, para remplazar a la guerrilla, el paramilitarismo y el narcotráfico hace falta un Estado fuerte y legítimo y eso Colombia no lo tiene hoy, diga lo que diga Juan Manuel Santos.

<bold>¿Y no cree que para ese proceso de construcción de una democracia fuerte y estable, quitarle las armas a los grupos que hace 48 años concluyeron que sólo podían hacer avanzar su agenda política por la vía armada sería un primer paso?</bold>

Me encanta que usted mencione el tema de quitarle las armas. Es que ellos no están hablando de quitarle las armas, están hablando de dejación de las armas. Dejación de las armas hubo en Irlanda: armas cortas, era un terrorismo urbano, el IRA (Ejército Republicano irlandés) aceptó la dejación de las armas.

Qué quiere decir eso: que guardaron las armas, que no las utilizan, pero no las entregaron. La democracia colombiana tiene que exigir la entrega de las armas, para que las armas que queden por fuera de esa entrega sean ilegales. La guerrilla nunca ha hablado de entrega de las armas, ha hablado de dejación de las armas. O sea que mantendríamos en receso un ejército de 10.000 personas que tienen armas; armas largas, armas de combate. Y por lo tanto me parece a mí que esa no es una condición que va a favorecer la paz en Colombia.

<bold>¿No se puede esperar que en el proceso, pues es un proceso, algunas cosas puedan corregirse?</bold>

Ojalá. Ojalá el gobierno no se equivoque en ese punto.