Mi prima Ana Frank

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- Autor, Mike Lanchin
- Título del autor, BBC
Han pasado 65 años desde la publicación de "El diario de Ana Frank", en el que la niña judía Anneliese Marie Frank relata las vivencias de los dos años que ella y su familia pasaron escondidos durante la ocupación nazi de Ámsterdam, en Holanda.
Ana murió en el campo de concentración de Belsen en 1945, pero su primo Buddy Elias todavía conserva recuerdos de su compañera de juegos de la infancia.
Elias no puede olvidar la primera vez que vio el libro que escribió su prima.
"Otto, el padre de Ana, me lo dio y dijo: 'Mira es el libro de Ana'. Estaba llorando, fue un día para recordar", cuenta este hombre de 87 años. "Vi la foto de Ana en la portada y me sentí tan feliz y orgulloso, aunque también tan triste".
Sentado en su hogar en la ciudad suiza de Basilea, donde su padre trajo a la familia a principios de la década de los '30 tras huir tras la toma de poder del partido nazi en su nativa Alemania, Buddy habló sobre la apariencia ligeramente desgarbada de su famosa prima, con gran emoción y con cierto brillo en sus ojos.
Cuando leyó por primera vez el diario tras su publicación en Holanda el 25 de junio de 1947, dice que luchó por reconocer a su compañera de juegos.
"Era una chica diferente, mayor, más inteligente, escribiendo sobre cosas que un niño no suele escribir".
"No era la Ana vivaz que yo conocía", concluye.
La infancia de Ana

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Ana era cuatro años menor que Buddy, pero siendo una niña en Fráncfort, siempre era la tenía ideas sobre a qué jugar, recuerda.
"Era una pequeña salvaje y yo también. Es por eso que nos llevábamos tan bien. Le encantaba el teatro, las películas y los juegos de disfraces".
En una ocasión, Ana convenció a Buddy para fisgonear en el guardaropa de su abuela y se puso las ropas de la anciana. "Se pueden imaginar cómo me veía. Ana sólo reía y reía", dice.
Cuando Otto Frank abandona Alemania con su familia para vivir en Ámsterdam, una ciudad que conocía y amaba, Buddy vio menos a Ana y a su hermana mayor, Margot. Y cuando los nazis invadieron Holanda y las familias judías como la suya no pudieron ya cruzar libremente las fronteras, las dos familias empezaron a intercambiar correspondencia.
"Ana ya era entonces una escritora, recibíamos una carta a la semana, diciéndonos lo que hacía con sus amigos en la escuela", explica Buddy.
Pero siempre había una cierta inocencia en las cartas, que desmentían los crecientes peligros que acechaban a la familia Frank como judíos viviendo bajo la ocupación nazi.
"Muchos retornos felices y muchos más por venir", decía una Ana de 13 años en una carta enviada a su primo, quien cumplía 17. "¿Cómo va con la chica de la foto que nos enviaste? Escríbeme y cuéntame, estoy muy interesada en cosas como esa", le pedía de forma traviesa. "Mis mejores deseos para todos, escríbeme. Ana".
Buddy nunca tuvo la oportunidad de responder, ya que pocos días después recibieron una breve postal desde Amsterdam, dirigida a la familia Elías.
La última postal

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Ana, su madre y hermana, habían escrito un escueto mensaje en el frente. Por el otro lado, el padre deseaba un feliz cumpleaños a su hermana (con dos meses de antelación) y anunciaba que la correspondencia iba a interrumpirse, señal de que la familia iba a esconderse.
En cuestión de horas, la familia Frank se mudó a un anexo secreto en el lugar de trabajo de Otto. Todos los contactos con Basilea cesaron.
La última postal (cara 2)

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"Fueron tiempos terribles, terribles, estábamos asustados por no saber nada durante dos años", dice Buddy.
"El único testimonio de Ana fue escrito durante esos dos años en los que, sin saberlo la familia de Buddy, los Frank permanecieron en su escondite".
Otto, quien sobrevivió a su reclusión en el campo de la muerte de Auschwitz, volvió a Holanda después de terminada la guerra, y allí una exempleada le entregó el montón de páginas sueltas con la pulcra escritura de Ana que había logrado salvar de las garras de la Gestapo tras el arresto de la familia.
Pero en un principio, explica Buddy, Otto no sabía si imprimir el diario. "Dijo que era un libro íntimo y que por qué alguien estaría interesado en lo que escribió su hija".
No fue hasta que lo consultó con amigos y familiares que se dio cuenta de que tenía en sus manos un "fantástico documento que debía ser impreso". Millones de copias se vendieron desde entonces en todo el mundo y en diversos idiomas.
A pesar de su edad, Buddy todavía invierte gran parte de su tiempo hablando públicamente sobre Ana Frank.
"Recibo cartas y correos electrónicos todo el tiempo de gente contando cómo el diario cambió sus vidas", explica.
Indudablemente, también cambió la suya. En dos ocasiones distintas, Ana se dirigió directamente a él en su diario, mencionando un día en que soñó que estaban comprando juntos en Basilea y en otra en la que explicaba que se había enterado que Buddy terminó sus estudios de teatro.
"Estoy tan triste, pero también orgulloso de que me recordara, me hace feliz", dice en un susurro.









