Evacuarse o quedarse: los riesgos a los que se exponen quienes no cumplen con evacuar el sur de Florida ante la llegada del huracán Irma

    • Autor, Patricia Sulbarán Lovera
    • Título del autor, BBC Mundo, Miami

"Mira qué bellas las formas que se hacen en el agua por la fuerza del viento", dice Nicolas Remy, señalando un paisaje que en unas horas podría tornarse catastrófico.

Desde su balcón en un piso 12, el profesor francés contempla un imponente paisaje azul.

Es la bahía de Biscayne, en Miami Beach, una de las ciudades del sur de Florida que las autoridades ordenaron evacuar ante la inminente llegada del huracán Irma.

Pero Remy está bebiendo vino, francés por supuesto, y junto a su amigo, el también francés Nadim Zeghoudi, ha decidido pasar el huracán en un lugar potencialmente peligroso para sus vidas.

"No estoy ansioso para nada, tenemos una gran vista para ver qué pasará", dice.

Zeghoudi le sonríe y se recuesta sobre el sofá, como si fuese cualquier tarde de sábado. Luego cuenta que vive en el vecindario de Coral Gables, que no está rodeado de mar y es considerado como más seguro por las autoridades.

Aún así, decidió acompañar a Remy. "Creo en el destino, así que no estoy preocupado", dice mientras se ajusta una de sus sandalias playeras en el pie.

Ambos se defienden diciendo que las ventanas del departamento y del edificio son de alto impacto y que los medios de comunicación "alarman más de la cuenta".

Lo cierto es que el gobernador de Florida, Rick Scott, insiste con cada hora que pasa en que Irma es más grande que la península entera de Florida y que, aunque haya disminuido a categoría 3, tiene el potencial para devastar varias zonas del estado.

Por ello, ordenó la evacuación de más de seis millones de personas en ambos lados de la península, más del 30% de la población total de Florida.

"A esta hora hay que evacuar", fue el mensaje de Scott, reproducido en decenas de televisoras y radios locales.

Por el perro

Diana Ami no ha seguido tanto las noticias, cuenta mientras saca fotos con su tablet a una calle desierta en el vecindario de South Beach, una postal rara en un barrio tan turístico.

"Lo que he visto es que el huracán se está desviando hacia el oeste. Así que creo que esta vez tuvimos suerte", dice la cuidadora de perros.

Pensaba viajar a la ciudad de Búfalo (Nueva York), donde tiene familia, pero una pareja de vecinos le encargó cuidar a su mascota antes de que Irma se convirtiera en una amenaza.

"No podía dejar al perro solo. Es una responsabilidad grande y tenía que quedarme con él".

Ami, quien es venezolana pero vive desde los 16 años en EE.UU., sabe que el huracán cubrirá todo el estado, pero se refugia en la idea de que no afecte tanto a su vecindario.

"Ya la decisión está tomada. Me quedaré encerrada en mi casa y a ver qué ocurre", dice.

Mientras Ami compartía con calma sus planes, las ciudades de Miami Beach y Miami ordenaron toques de queda a partir de la noche del sábado.

"Casi como un suicidio"

Hay quienes asumieron el riesgo de quedarse en una de las zonas más vulnerables, pese a que les ordenaron evacuar desde hace tres días.

Son los Cayos de Florida, un archipiélago en el punto más al sur del estado y al norte de la isla de Cuba, que ya fue duramente golpeada por Irma.

Un funcionario advirtió que permanecer en los cayos sería "casi como un suicidio".

Pero de los 70.000 pobladores de las paradisíacas islas, que conectan a la península a través de una sola autopista de un carril, algunos no se movieron a ningún lado.

"Nací y crecí aquí. Prefiero quedarme aquí, donde conozco el paisaje y donde se está resguardando la gente", le dijo Liz Pérez al diario The Miami Herald.

Otros argumentaron que no tenían a dónde ir ni dinero suficiente para trasladarse a la zona continental del estado.

Sin embargo, cuando las olas comenzaron a arreciar el sábado, hubo quienes empezaron a cuestionar su decisión.

Como Lena LaTorre, quien se trasladó a un refugio en Cayo Hueso. "No quería asumir el riesgo. Debí irme antes", le dijo al mismo diario.

El condado que rige las islas fue obligado a abrir cuatro centros de acopio improvisados como el último recurso para proteger a los que quedan.

Pero un funcionario de la zona, Roman Gastesi, advirtió que estos no proveerán servicios ni suministros.

"Una vez que empiece la peligrosa tormenta, no llamen al 911 (teléfono de emergencia en EE.UU.) porque nadie les va a contestar", dijo.