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"Para nosotros el fraude y la Constituyente no importan": qué está pasando en Venezuela más allá del conflicto político entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición
- Autor, Daniel Pardo
- Título del autor, BBC Mundo, enviado especial a Caracas
En Puerto Ordaz el precio del kilo de arroz subió 25% en una semana. En Maracaibo el pan se disparó 40% entre viernes y lunes.
Mientras el conflicto político en Venezuela ha tenido desarrollos inéditos en la última semana, para muchos venezolanos la noticia es otra. Y llega por mensajes y cadenas de WhatsApp.
"Para nosotros el fraude y la Constituyente no importan, es noticia vieja", le dice Ester* a BBC Mundo, en referencia a la denuncia de que los resultados de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, el domingo, fueron manipulados.
"Nos llevan trampeando años y ahora, bueno, quedó clarito", explica la caraqueña sobre las denuncias que el gobierno ha rechazado.
"La noticia que a mí sí me pone nerviosa es el dólar", añade, en un barrio de clase media-baja de la capital.
El bolívar se ha depreciado casi 50% en la última semana respecto al dólar libre del mercado negro, cada vez más de referencia en Venezuela, y eso termina generando inflación, que centros de estudio ya estiman en 700% anual.
El conflicto político se ve en la calles cerradas, los carros y las motos que andan por donde pueden y en jóvenes encapuchados custodiando barricadas.
Sin embargo, lo que define el día a día de los venezolanos sigue siendo más el caos en un país que cada vez parece funcionar peor.
Encerrados, inundados, infectados
Andrea*, una habitante de Puerto Ordaz, en el este del país, había sido invitada con su esposo y sus hijos a Chile la semana pasada en busca de "un respirito".
"Vieras como les anunciamos el viaje a los niños. Lo grabamos y todo. Era su primer viaje fuera", le dice a BBC Mundo.
Pero luego, la semana pasada, la aerolínea colombiana Avianca, hasta entonces responsable por la mitad del tráfico aéreo desde y hacia Venezuela, cerró sus operaciones en el país y canceló todos los vuelos.
"El país volvió a envolvernos con todo esto y qué rabia. Frustra demasiado. Los niños lloraron, nosotros también", asegura.
Allí en el estado Bolívar, la mayor preocupación de la gente en la última semana no estaba centrada en la Constituyente del presidente Nicolás Maduro o las sanciones que Estados Unidos le impuso al mandatario.
Las inundaciones de dos importantes y pobres barrios de la ciudad han afectado a miles de personas.
La sequía durante años fue el argumento del gobierno para explicar los cortes de luz no sólo en esta región, donde están las principales hidroeléctricas del país, sino también en el resto del territorio nacional.
Pero ahora que ha llovido y las compuertas de las hidroeléctricas están abiertas, los cortes eléctricos en centros comerciales y algunos barrios continúan.
"Cuando abren las compuertas, como la hidroeléctrica está en plena ciudad, es un espectáculo y la gente se para ahí a tomarse fotos, pero es un espectáculo que esconde las inundaciones y una mala gestión de los embalses", opina Andrea.
La lluvia que tanto se anheló por años llegó. Pero no es del todo una buena noticia, porque además de las inundaciones está generando un rebrote de malaria en una zona que ya estaba particularmente afectada por esta infección y la escasez de medicinas.
Según la Red Defendamos la Epidemiología, en Bolívar se han registrado 66 muertes por esa enfermedad en lo que va del año, un aumento de 30% en relación con 2016.
Una violencia que viene y va
Como en Caracas, en el resto del país la violencia política, que ha ocurrido en el marco de las protestas opositoras con un saldo de 120 muertos en cuatro meses, se reduce a algunas zonas concretas.
Donde no la hay, que es la mayoría del territorio, hay crímenes violentos y largas filas para comprar pan, sacar dinero del cajero automático y pagar la electricidad.
Pero en cada ciudad del país hay al menos un área donde la sociedad civil ha convertido la lucha contra la autoridades en su principal actividad.
En el barrio popular de La Lucha, en el este de Caracas, un grupo de mujeres está organizado para una nueva "arremetida" de la policía, los llamados "colectivos" y la Guardia Nacional.
Las mujeres usan jerga de seguridad, seudónimos entre ellas, tienen puntos de vigilancia y radioteléfonos y cada barricada está a cargo de un grupo de una urbanización que se denomina con el nombre de un animal.
Acá ha habido detenidos, heridos y decenas de enfrentamientos durante los días de protesta.
Pero el miércoles, cuando BBC Mundo las visitó, las barricadas habían sido removidas y las calles abiertas.
"Pero van a volver porque nos han robado hasta el miedo", afirma María Godoy, una corpulenta líder comunitaria de 57 años que es cabeza de un hogar de cuatro personas.
Cuando le pregunto cómo es su vida cuando no hay protestas, me dice que el problema "es que no hay vida".
"¿Qué vida va a haber cuando hay que inventar para poder alimentar a tu gente, cuando tienes que pedir al vecino unas pizca de harina, cuando estás sometido al miedo de no saber si vas a volver cuando sales de tu casa?", se pregunta.
Hace unas semanas, en La Lucha recibieron con un estruendoso cacerolazo -una forma preferida de protestar simbólicamente en Venezuela- a un camión del gobierno que venía a vender alimentos subsidiados.
El camión se fue cargado por donde vino y hubo reportes de que uno de los funcionarios fue agredido y desnudado por la gente.
"Es que hay que tener dignidad", afirma María. "Yo no me voy a arrodillar por una bolsa de comida que trae una porción de pasta", comenta en referencia a las bolsas Clap, un polémico programa del gobierno para vender productos básicos subsidiados.
María me dice que ella no tiene armas, pero que en el barrio y las urbanizaciones aledañas sí hay y se usan para "espantar" a las autoridades cuando es necesario.
"Yo no me voy a arrodillar por un espagueti con sardinas", reitera. "Yo quiero comerme un pasticcio (lasaña) con jamón y carne molida y estoy dispuesta a todo por eso".
*Los nombres con asterisco son ficticios por petición de la fuente.