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"Ellos fueron honestos al pedir perdón y me sacaron un peso de encima": el encuentro entre las víctimas del mayor atentado urbano de las FARC con miembros de la guerrilla
- Autor, Natalio Cosoy (@nataliocosoy)
- Título del autor, BBC Mundo, Bogotá
El 7 de febrero de 2003, un ataque de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el exclusivo club El Nogal de Bogotá con 200 kilos de explosivos dejó 36 muertos y unos 200 heridos, convirtiéndose en el más grande atentado urbano ejecutado por la guerrilla.
Entre las víctimas hubo empleados, socios y clientes. Fue la única acción de esas características que ejecutó esa guerrilla en todas las décadas de guerra en el país.
Este sábado 20 de mayo, cuatro miembros de las FARC -Carlos Antonio Lozada, Marcos Calarcá, Diana Lozada y Sandra Ramírez- se encontraron con unas 20 víctimas de ese atentado -algunos eran sobrevivientes y otras habían perdido a seres queridos-, en un ejercicio de reconciliación al que solo se le permitió el acceso a BBC Mundo.
¿Para qué sirve un encuentro como este? "Sirve para sanar el corazón, a las víctimas les sirve para salir ligeros de equipaje", le dijo a BBC Mundo Bertha Lucía Fries, sobreviviente del atentado que organizó y coordinó el evento (y la única de las víctimas presentes que accedió a que se difundiera su identidad).
Ella sabe de lo que habla, tras muchos años de interacción con victimarios y víctimas. Transitó su propio proceso de sanación y salió fortalecida: "Pasé del infierno, pasé de pensar que ya no servía para nada, y de ver que la única alternativa para mi vida era la muerte, y que pensé muchas veces en quitarme la vida para quitarles un peso de encima a mi familia".
Pero es un ejercicio que no solo, dice, transforma a las víctimas: "También a nivel del victimario, de las FARC, estoy segura, aunque no esté metida dentro del corazón de ellos, algo tiene que suceder en el corazón de ellos cuando cada uno les dice: 'Me fregaste la vida, me dañaste la vida, me cambiaste la vida'".
Es, sobre todo, una instancia de acercamiento.
Si uno no conociera a los miembros de las FARC no podría haber distinguido en ciertos momentos quién era quién. Estaban mezclados unos con otro conversando. El encuentro fue muchas cosas, pero sobretodo un lugar en el que reconocerse los unos a los otros como miembros de una misma sociedad, como gente -en definitiva- no tan distinta.
"A poner la cara y aguantarse"
"Yo realmente venía con mucha ira y me sirvió conocerlos, hubo un ratico ameno", dijo una mujer víctima. Un hombre comentó que le resultó un ejercicio liberador, de sanación.
"Yo también tenía rabia", dijo otro, "pero era a la (guerrilla como) institución". Se sorprendió al poder conversar con tranquilidad con Marcos Calarcá, de las FARC, algo que no esperaba.
"Es una jornada bastante intensa", le dijo Carlos Antonio Lozada a BBC Mundo al final del encuentro.
"Obviamente es una situación sumamente compleja, difícil, dura, pero que de alguna manera nos permite a nosotros motivarnos y llenarnos de esperanza de que esto que estamos iniciando a construir en Colombia realmente nos va a llevar hacia la generación de una nueva Colombia, donde las diferencias, por grandes que sean, las podamos resolver de manera distinta a como ha sido de manera tradicional en nuestro país".
"El encuentro de hoy es muy importante", le dijo a BBC Mundo el padre jesuita Francisco de Roux, quien acompañó la jornada como hombre que se ha dedicado por años a la promoción de la paz en Colombia.
"Contribuye a crear confianza colectiva en el país, activando el diálogo entre las FARC y las víctimas de El Nogal, que es el caso más grave de terrorismo urbano que se produjo en Colombia, de inmenso dolor, y donde aceptar responsabilidades era muy difícil", aseguró De Roux.
Honestidad y verdad
No fue simplemente sentarse y hablar. Hubo una serie de ejercicios, que condujo Bertha Lucía Fries. En uno, se dividieron en cuatro grupos, en cada uno un miembro de las FARC más unas cinco víctimas. Cada persona terminó escribiendo en un papel un valor y un comportamiento que sintieran crucial para el proceso de reconciliación.
Luego todos trabajaron para condensar esos valores y acciones en grandes grupos de valores, que terminaron siendo incluyendo palabras como confianza, honestidad, coherencia, amor y verdad.
Las víctimas sintieron que las FARC llegaron con honestidad a ese proceso, a pedir perdón, a buscar la reconciliación, aunque aún no se conoce toda la verdad sobre el atentado, empezando por quién mandó organizarlo.
"Ellos fueron honestos al pedir perdón y fue un peso que me sacaron encima", dijo un muchacho. "Pero la verdad total todavía no la sabemos".
Sin embargo, el valor del detalle es relativo para algunos.
Un hombre, cuyo padre murió en el atentado, explicó que no necesita saber exactamente quién fue y por qué lo hizo, porque cree que quedaría con más rencor. Y agregó: "La verdad del pasado no es tan importante como lo que estamos planeando a futuro".
Diana Lozada, de las FARC, admitió: "Este espacio sirve para la reconciliación; puede que el perdón no se de aún, pero sienten la necesidad del perdón".
"Me cambió el chip"
Actos como este no implican un cierre definitivo, sino que son parte de un proceso que no es nada fácil.
"Yo era una de las que no quería venir", dijo una mujer, "porque no me gusta hablar y me siento muy afectada psicológicamente". Pero fue, y siente que dio un paso: "Que mi Dios me ayude para yo poderlos perdonar de corazón, para yo poder sentir mejoría".
Un hombre reconoció que el encuentro le resultó transformador: "Me cambió el chip".
Todo esto ocurrió en un salón de un hotel de Bogotá, no tan lejos de donde hoy se levanta el club El Nogal, reconstruido tras el ataque de 2003.
Y se da en un contexto difícil para la implementación del acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC, luego de que la Corte Constitucional del país anunciara una modificación legal que podría, según algunos, dificultar los trámites legislativos necesarios para la puesta en marcha y consolidación de lo pactado.
Sin embargo, los participantes en el encuentro del sábado mostraron que ellos mantienen su compromiso de tender puentes que poco a poco vayan consolidando la paz. Tanto que esperan que el propio Papa, que visitará el país a principios de septiembre, esté presente en un gran acto de reconciliación.
Los abrazos, besos, y apretones de manos de la despedida fueron el testimonio perfecto de lo que se logró en esa jornada de sábado en la capital colombiana.