La "peligrosa" iniciativa de Blatter de reformar la FIFA

Lista de directivos de la FIFA solicitados por Interpol

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Pie de foto, Mientras se busca a algunos de los acusados en el escándalo de corrupción de la FIFA, el organismo debe prepararse para su futuro.
    • Autor, Raúl Fain Binda
    • Título del autor, BBC Mundo, @BlogDeLalo

En los últimos días se ha extendido la convicción de que la FIFA, Federación Internacional del Fútbol Asociado, debe ser reformada para garantizar la limpieza y honorabilidad del deporte más universal, a cuyo alrededor giran cuantiosos intereses tanto deportivos como económicos y políticos.

Los alcances de esta reestructuración pueden ser tan vastos, y los obstáculos tan empinados, que sería imprudente descartar un proceso de debilitamiento y hasta desintegración de la organización.

En una entidad gigantesca, sobre la que llueven las acusaciones de irregularidades, la tarea de terminar con la corrupción se ha convertido en el equivalente periodístico moderno de limpiar los establos del rey Augías, que, ya se sabe, estaban tan sucios que debieron llamar a Hércules.

La serie de episodios que precipitó la decisión del presidente Sepp Blatter de anunciar su renuncia, que se hará efectiva ante un Congreso extraordinario a realizarse en fecha por decidir, no ofrece un panorama completo de las dificultades que deberán resolver los encargados de la reforma.

Los puntos de Blatter

En su conferencia de prensa del martes, Blatter mencionó varios puntos:

silla de Blatter

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Pie de foto, Blatter se va, pero antes quiere poner en marcha una reforma de la FIFA.

"El tamaño del Comité Ejecutivo debe reducirse" dijo, "y sus miembros deben ser elegidos a través del Congreso de la FIFA. Las comprobaciones de integridad para todos los miembros del Comité Ejecutivo deben ser organizadas centralmente a través de la FIFA y no a través de las confederaciones. Necesitamos limitar los mandatos, no sólo del presidente, sino de todos los miembros del Comité Ejecutivo."

Esto es insuficiente y no aborda el problema capital: el poder político centralizado, basado en prebendas, de una autoridad que absorbe la riqueza (básicamente del Gran Negocio, el Mundial) y la redistribuye hacia la periferia a cambio de apoyo, como los reyes medievales a sus barones.

"Necesitamos limitar los mandatos", dice ahora el presidente que hace unos días fue reelegido por quinta vez, resistiendo las numerosas presiones para que se retirase, como había prometido a uno de sus posibles herederos, el presidente de la UEFA (la federación europea), Michel Platini.

Es muy posible que Platini vuelva a presentar ahora su candidatura; si no obtiene suficientes votos, le queda una salida que puede aumentar su considerable poder actual: enrocarse en la UEFA e impulsar la posibilidad de un mundial alternativo, más barato para organizar y casi tan redituable como el otro, al que acudirían varios países europeos y sudamericanos, así como México, Estados Unidos, Japón y algún otro país poderoso (aunque no necesariamente fuerte en fútbol).

Los intereses que impulsan este proyecto no pregonan todavía sus intenciones, pero la idea atrae porque un mundial así aseguraría el apoyo publicitario de todas las grandes empresas anunciantes y emisoras… salvo las que prefieran mantener una hipotética exclusividad con el Mundial de la FIFA.

El Mundial alternativo

Esto del mundial alternativo puede ser una simple quimera, pero el hecho de que corra la versión resalta una de las grandes inquietudes de los dirigentes en Zúrich: la estabilidad y futuro de la FIFA pasa por la credibilidad de un torneo que se jugará en Moscú y Qatar en momentos inoportunos.

Blatter y Platini

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Pie de foto, El francés Michell Platiní (sentado, derecha) podría aspirar a sustituir a Blatter.

Pero la FIFA ya no puede darse el lujo de la inmovilidad. Esto es lo que ha reconocido Blatter.

"Necesitamos un profundo cambio estructural", opina. ¿Por qué no lo hizo él? ¿Para qué esperar a que lo haga su sucesor, ya sea Platini, el príncipe jordano Alí, Luis Figo o Perico de los Palotes?

Pues porque los intereses creados se lo impidieron: "He luchado por estos cambios antes y, como todos saben, mis esfuerzos han sido bloqueados", arguyó. Bloqueados, habrá que aclarar, en la estructura que Blatter desarrolló a partir del modelo heredado del brasileño Joao Havelange, el presidente anterior, llevando a la organización a este punto de ruptura que le ha costado la carrera.

Como buen abogado y sobreviviente de mil batallas entre dirigentes, Blatter quiere proteger su legado ofreciendo una guía técnica de cómo debe hacerse la autopsia de su presidencia difunta.

Los logros del renunciante

En realidad, los logros de Blatter han sido considerables: el poderío de la FIFA, la difusión universal del fútbol, su poder económico y político, germinaron durante su presidencia. Esto es incontestable, así como el hecho de que todavía nadie haya ofrecido pruebas concretas de su complicidad en maniobras deshonestas: no existe por ahora "la pistola humeante" ("the smoking gun" de la que solía hablar el expresidente Ronald Reagan) que lo incrimine.

Sepp Blatter, presidente de la FIFA

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Pie de foto, Blatter no figura oficialmente entre los señalados por la justicia estadounidense.

La falta de pruebas no disminuye su responsabilidad, sin embargo. En esta crisis de credibilidad de la organización no gubernamental más grande del mundo lo más importante no es la corrupción individual, sino la institucional, que tiene llamativos puntos de contacto con la corrupción política.

Ningún país está libre de esto. Hasta en Estados Unidos, que gallarda y convenientemente ha reunido pruebas de la culpabilidad de personajes extranjeros en un deporte que todavía es percibido como extraño a la índole nacional, se conoce muy bien lo que allí llaman "pork barrel", la asignación de fondos oficiales para proyectos que benefician políticamente a las autoridades que aprueban el presupuesto.

El "pork barrel" de la FIFA es cuantioso y seguirá siéndolo, ya que un elevado número de asociaciones de países con pocos recursos (y en esto "poco" es algo relativo) cuenta con los fondos distribuidos por la FIFA para sostener la estructura nacional y, especialmente, los trabajos y las prebendas de los dirigentes que, de otra forma, no podrían vivir con el decoro al que aspiran.

El político, periodista y ahora Lord, Daniel Finkelstein, escribió en el Times de Londres este miércoles que "para [muchas de] esas asociaciones, la limpieza de la FIFA no es una promesa sino una amenaza".

Mal inevitable

En un ámbito que recompensa económicamente a las asociaciones (y a través de ellas a los dirigentes que las controlan) a cambio de su apoyo político, la corrupción es inevitable.

Y no sólo en los países que todos suelen señalar, sino también en naciones de abolengo ilustre en cuestiones de transparencia.

Brasileós miran periódicos en Rio de Janeiro

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Pie de foto, Blatter dijo al renunciar que le preocupaba el impacto del escándalo entre los fanáticos del fútbol.

Suiza, sin ir más lejos, sede de la famosa ISL (International Sport and Leisure), la empresa de comercialización de derechos sobre eventos deportivos, dirigida en momentos cruciales por un ex directivo de Adidas, Horst Dassler, muy amigo de Havelange.

Según documentos judiciales suizos, dados a conocer en 2011, Havelange y su yerno Ricardo Teixeira (ex presidente de la asociación brasileña, lo que confirma que el nepotismo también es uno de los defectos del fútbol organizado) habrían recibido US$42 millones entre 1992 y 2000.

La empresa, ya desaparecida, habría pagado hasta US$200 millones en sobornos a otros dirigentes, no necesariamente de la FIFA, sino también del Comité Olímpico Internacional (en el que figuraba Havelange) y otros organismos de diversos deportes.

Los casos de Havelange y Teixeira no llegaron a juicio, sin embargo: pagaron, respectivamente, US$525.000 y US$2,6 millones a los liquidadores de ISL, aprovechando que los delitos habían prescripto según las normas suizas y también, en el caso de Havelange, que era muy anciano.

Estos antecedentes sugieren que nada se soluciona con el paso al costado de Blatter, del mismo modo que nada se arregló cuando Havelange dejó la presidencia en manos de su secretario general.

Ahora Blatter se lamenta porque "el Comité Ejecutivo está integrado por representantes de las confederaciones sobre las que no tenemos control, pero por cuyas acciones la FIFA se hace responsable."

Esta frase, sumada a la citada antes sobre el control central de la integridad de los miembros del Comité Ejecutivo, sugiere un acotamiento de la representatividad democrática, con la excusa de una mayor transparencia.

Blatter, que seguramente concentrará su atención en estos puntos durante los meses venideros, para dejar "un paquete" de propuestas de su gusto al Congreso que elegirá al sucesor y también considerará las modificaciones estructurales, nos dirá que no se trata de limitar la representatividad sino de afinar las responsabilidades éticas de los miembros del Comité Ejecutivo, que a su vez representan (y muchas veces controlan con puño de hierro) a sus asociaciones nacionales.

Sinceramiento

Este proceso de "sinceramiento" de responsabilidades éticas, de suyo necesario (será el caballito de batalla de todos los candidatos a la presidencia), será muy difícil de llevar a la práctica, por razones obvias y también porque hará falta encarar la otra cara de la corrupción.

Es sabido que en la corrupción no hay un solo culpable: aparte del que recibe o pide el soborno, está el que lo ofrece o lo paga.

Blatter, presidente de la FIFA juega con niños

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Pie de foto, El manejo de la pelota se le complicó a Blatter.

Y en esto habrá que golpear a las puertas de muchas empresas, promotores oficiales, anunciantes, emisoras de TV, gestorías, etc. La necesidad de idear un mecanismo para este tipo de control seguramente desvelará a quienes boceten las propuestas de los candidatos a la presidencia.

Hay que recordar que las propuestas originales del príncipe Ali, Platini y Figo (antes del retiro de los dos últimos) coincidían en un marcado aumento del número de participantes en los mundiales, es decir una extensión del "pork barrel" a nuevos clientes políticos.

Es posible que esta propuesta, concebida para restar votantes al popularísimo Sepp Blatter (que ya había untado figurativamente las manos de casi todos los representantes africanos y asiáticos), sea retirada del tapete ahora que el presidente dice que no se presentará en el próximo congreso.

Mayor esfuerzo se destinará a los malabarismos políticos para resolver dos de los casos más graves de presunta corrupción: los mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022.

Todos conocen el poder de Rusia y la capacidad de agitación de su presidente, Vladimir Putin, pero también conviene tener en cuenta la influencia creciente de Qatar, que además de su poder financiero y de influencia en varias capitales del mundo, tiene sus dedos en varias de las tortas más sabrosas del panorama deportivo, entre ellas clubes y medios de comunicación.

¿Quién cargará con el costo económico y político de cancelar los mundiales en esos países para realizarlos en otros? Esto suena fácil en un editorial periodístico pero en la práctica no lo es.

El hecho de que Rusia acuse a Estados Unidos de embarrar la pista para quedarse con el Mundial 2018, y que Qatar haga lo mismo con Inglaterra, con el argumento de que Londres quiere ahora organizar el de 2022 (aunque originalmente postuló al de 2018), agrega complejidad a la situación.

A estos problemas, virtualmente insolubles sin víctimas políticas, debe agregarse la tarea de limpieza para prevenir y castigar maniobras fraudulentas, sobornos y venta de votos o derechos de TV.

El público, millones de personas que aman el fútbol y otros millones que lo detestan, sospechaba de la corrupción en el deporte, pero no tenía una idea clara de cómo operaba: ¿la persona corrupta pide dinero en forma indirecta, utilizando códigos, o es más directa, como un policía de tránsito que exige una mordida al automovilista que se saltó una luz roja?

"Incentivos indecorosos"

En los últimos días el público ha seguido un curso acelerado en los medios de difusión y sabe que la técnica es una mezcla de ambos procedimientos, como ya lo había adelantado en 2011 el ex presidente de la Asociación Inglesa de Fútbol, David Triesman, declarando ante una comisión del parlamento británico tras el fracaso de la candidatura de Inglaterra al mundial de 2018.

Triesman acusó en esa oportunidad a cuatro miembros del comité ejecutivo de la FIFA de solicitar "incentivos indecorosos" (¡ah, esos eufemismos!) a cambio de apoyar la candidatura inglesa: Jack Warner (Trinidad), Worawi Makudi (Tailandia), Nicolás Leoz (Paraguay) y Ricardo Teixeira (Brasil).

La acusación más detallada se centró en Warner, quien en una reunión realizada en Londres en 2009 habría pedido fondos para construir en Trinidad un moderno centro de desarrollo de fútbol.

Prensa a las afueras de la sede de FIFA en Zúrich

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Pie de foto, Frente a la sede de la FIFA en Zúrich la prensa espera ávida nuevos datos sobre el escándalo.

Según el testimonio de Triesman, el presidente de la Premier League, Sir Dave Richards, presente en la reunión, replicó: "Jack, debes estar bromeando, eso debe costar por lo menos dos millones y medio (de libras esterlinas, US$3,8 millones actuales)."

A esto, Warner habría asentido y, tras un prolongado silencio, dejó en claro que los fondos debían ser canalizados a través de él personalmente: "yo me encargaré de que sean bien empleados", dijo.

Este modus operandi coincide con el presunto soborno (según la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos) de US$10 millones pagados por la FIFA a una cuenta bancaria controlada por Warner, a pedido de la Federación Sudafricana, supuestamente en retribución por su apoyo a Sudáfrica 2010.

Este tipo de pedido, de varios miembros del Comité Ejecutivo, que tanto escandalizó a los negociadores ingleses (de quienes es lógico suponer, ya que estaban negociando, que también habrían ofrecido "incentivos", evidentemente más modestos…), les había parecido legítimo a los sudafricanos y también, presuntamente, a los rusos y qataríes.

Estamos ante un caso de alcances tan vastos, por las dimensiones de la institución y el número de federaciones, empresas, asociaciones e individuos que dan vueltas en este carrusel, que no cabe esperar una solución rápida y satisfactoria: ya todos sabemos que será ardua y posiblemente no pueda resolver la crisis de credibilidad del fútbol organizado.

Pero la presa se ha desbordado y a todos arrastra la correntada.